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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Santa Engracia

  

En tiempos del emperador romano Diocleciano (285-305) se produjo una de las más crueles y violentas persecuciones a los cristianos. El Emperador envió como prefecto  de Hispania y gobernador de Caesaraugusta (actual Zaragoza) al cruel Daciano, quien hizo mártires a muchos cristianos que no renegaron de su fe.

Uno de estos mártires fue Santa Engracia, joven noble cristiana, nacida en Brácara Augusta (actual Braga, Portugal), provincia de Gallaecia, el año 285. Santa Engracia había aceptado desposarse con un jefe militar romano que vivía en el Rosellón de la Galia al que sus padres habían elegido, según la costumbre de entonces.


Con ese fin emprendió un largo viaje desde el actual Portugal acompañada de un numeroso cortejo de dieciocho caballeros, parientes y familiares suyos, cuyos nombres eran Lupercio (su tío), Optato, Suceso (su criada), Marcial, Urbano, Julio, Quintiliano, Publio, Frónton, Félix, Ceciliano, Evencitcio, Primitivo, Apodemio, Maturio, Casiano, Fausto y Jenaro (estos cuatro últimos tenían por sobrenombre Saturninos) para encontrarse con su prometido y contraer matrimonio cristiano con él.
 
Santa Engracia iba feliz porque tenía la certeza de que se cumpliría una revelación que había tenido, según la cual en ese viaje sufriría el martirio en defensa de su fe cristiana.

Al llegar a Caesaraugusta supo que, por orden del gobernador Daciano, cientos de cristianos eran sacrificados en la plaza pública. Santa Engracia se presentó, guiada sin duda alguna por el Espíritu Santo, junto a su séquito ante el gobernador y le reprochó con valentía su cruel e inhumana conducta.

El gobernador, desoyendo los reproches de la dama, intentó, con halagos y promesas, que renegase de su fe, recibiendo de ella la más firme negativa, pues Santa Engracia permaneció firme en su amor a Jesús.

Daciano se sorprendió ante la actitud enérgica de aquella bella dama de dieciocho años y ordenó furioso que la torturasen, junto a su valiente séquito, con una saña y crueldad inaudita al ver que su fe se mantenía firme.

La arrastraron por los cabellos tirada por un caballo, luego la azotaron en una columna que se conserva en la cripta de Santa Engracia en Zaragoza, con garfios le destrozaron todas sus carnes y, finalmente, viendo que aún conservaba su vida alabando y cantando al Señor, el tirano ordenó que le clavaran en la frente un clavo al rojo vivo para rematarla el 16 de abril del 303.

Con su heroico ejemplo, sus dieciocho acompañantes mostraron una actitud similar ante el tirano y este, airado, ordenó también que fueran degollados.

Los restos de Santa Engracia y sus dieciocho compañeros mártires reposan en la Cripta de la Parroquia de Santa Engracia de Zaragoza.


EN LISBOA Y EN MADRID

Las dos ciudades comparten el topónimo de Santa Engracia con unos orígenes urbanísticos muy similares.

La parroquia de Santa Engrácia de Lisboa fue creada en 1569 tras su separación de la de Santo Estêvão de Alfama. Sus terrenos se extendían por una zona rural de los arrabales (entre los barrios de Olivais y Santo Estêvão), extramuros de la muralla fernandina (1375) y junto a una de sus principales entradas, la Puerta de Santa Cruz.

Con este motivo, la infanta Dª María (1521-1577), hija de D. Manuel I, mandó construir en 1569 una iglesia en el lugar donde más tarde se levantaría la iglesia barroca de Santa Engrácia, actual Panteón Nacional desde 1916.

Panteón Nacional de Santa Engrácia.
Lisboa. Foto: Pessoas en Madrid


Por su parte, el madrileño barrio de Chamberí dedica a Santa Engracia una de sus principales calles. El barrio se sitúa sobre las tierras que durante la edad media pertenecieron a la Orden del Temple hasta su disolución a principios del siglo XIV.

Posteriormente pasarían a formar parte del Consejo de Fuencarral. Por esa época, estos terrenos estaban cubiertos de bosques y eran utilizados por miembros de la Corte para realizar cacerías.

Esa situación perduró hasta el reinado de Carlos I, momento en el que se empezaron a talar los bosques convirtiéndolos en dehesas y posteriormente en tierras de secano y eriales, a excepción de algunas huertas cercanas a arroyos, como los de San Bernardino, la Castellana, Cantarranas y Maudes.

Las huertas de Santa Engracia, Eloina y la huerta de España se explotarán hasta principios del siglo XX, manteniéndose la toponimia de estos lugares para dar nombre a alguna de las nuevas calles proyectadas para el ensanche de Madrid de 1857.
 

Inicio de la calle Santa Engracia (hacia el N-O) desde la plaza de
Alonso Martínez. Anteproyecto de Ensanche de Madrid. Plan Castro


La actual calle de Santa Engracia coincide con el histórico camino de Hortaleza, prolongación de la calle homónima que, al atravesar la cerca de Felipe IV por la Puerta de Santa Bárbara, pasaría junto a las huertas de Santa Engracia.

Puerta de Sta. Bárbara y camino de Hortaleza. Plano de Teixeira.

El 28 de marzo de 1939, tras la Guerra civil, el Ayuntamiento de Madrid cambió el nombre de ciento veinticinco calles y, pese a ser una santa cristiana y el nuevo régimen  autoproclamarse católico, la calle de Santa Engracia pasó a ser de Joaquín García Morato, as de la aviación nacional. En 1981, el Ayuntamiento de Madrid devolvió el nombre antiguo a veintisiete de estas calles, entre ellas a Santa Engracia.


AGRADECIMIENTO
A Antonio R. Rubio Plo, autor del magnífico blog Mundos de Cultura y Fe, por obsequiarnos con este ejemplar personaje.

martes, 10 de septiembre de 2013

Santa Beatriz da Silva





El pasado día 17 de agosto se celebró en Portugal la festividad de Santa Beatriz da Silva (Campo Maior, 1424 - Toledo, 1492). Fue beatificada por Pío XI el 28 de julio de 1926 y canonizada solemnemente el 3 de octubre de 1976 por Pablo VI.

Hija del alcalde de Campo Maior Ruy Gómes da Silva (no confundir con el homónimo príncipe de Éboli) e Isabel de Meneses, condesa de Portalegre y emparentada con la realeza, es un ejemplo más de familia itinerante entre España y Portugal.

Doña Beatriz fue seleccionada en Portugal por la futura reina de Castilla Doña Isabel de Portugal para formar parte de su séquito en calidad de dama, llegando a Castilla en 1447 donde se celebró el matrimonio real con Juan II de Trastámara.

Su historia en Castilla tuvo luces y sombras. Estuvo marcada por el azar de despertar la ira, la exacerbada celotipia de la reina y el atroz tormento al que la sometió, como también ocurriría después con el favorito Álvaro de Luna y su más conocido desenlace.

Según contó la propia reina mucho tiempo después a su hija Isabel la católica, los hechos ocurrieron de esta manera:

Estando la reina junto al rey en Tordesillas en los primeros meses del embarazo de su segundo hijo Alfonso, un cortesano hizo un desafortunado comentario acerca de la supuesta amante del rey que desagradó a la reina.
Se trataba de Beatriz da Silva, joven de gran belleza, profunda religiosidad,  y de la que la mayoría de los caballeros de la corte decían estar enamorados.
Para colmo de males, unos días antes de oír dicho comentario, el rey había alabado en público la belleza de Beatriz.
Presa de una ira incontrolable, en cuanto la reina se quedó a solas con su dama le ordenó que la siguiera hasta el sótano del palacio y allí la encerró bajo llave dentro de un arcón.
Pasados tres días sin espacio, luz, agua ni comida, una aparición de la Virgen le reveló que no desesperara porque finalmente sería liberada.
El conde de Cifuentes, tío de Beatriz, preguntó a la reina acerca de su sobrina, a lo que ella respondió simplemente que le acompañase al sótano y allí le contó lo sucedido. Cuando el conde abrió el arcón encontró a su sobrina sana, salva y dicen que hasta más hermosa que antes.
En ese momento Isabel se dio cuenta de su mal proceder y pidió perdón a Beatriz, quien atribuyó su salvación a un milagro de la Virgen.


Retrato de Santa Beatriz y arcón donde fue encerrada por la Reina en Tordesillas.
Actualmente, en el claustro superior del Convento de Toledo.


Pocos días después Beatriz abandonó el palacio de Tordesillas y se dirigió a Toledo donde ingresó en el Monasterio de las Dueñas de Santo Domingo el Real llegando a ser la fundadora de la Orden de las Concepcionistas en honor a la Inmaculada que, según ella, la salvó en aquella ocasión.

Años después de su huida a Toledo tuvo el inestimable apoyo de su pariente lejana Isabel la Católica en la fundación de la Orden cuya aprobación por parte de la Santa Sede fue concedida en 1498. La actitud de la nueva reina hacia Beatriz corrobora la veracidad de lo esencial de este relato. 

Retrato de Isabel la Católica.


Otro relato extraído de las Crónicas de Fray Marcos de Lisboa cuenta lo que le ocurrió en su huida de la Corte hacia Toledo:

En este camino fue confortada por el Señor con otro aparescimiento, y oyó que la llamaban en lenguaje portugués, y volviéndose  a ver quién la llamaba, vio venir dos frailes franciscanos, Francisco de Asís y Antonio de Lisboa. Saludáronla con palabras de mucha consolación, y no solo le quitaron todo el temor, y angustia de su alma, mas entre otras muchas palabras le dijeron que fuese muy segura y cierta, que con el favor de la madre de Dios sería ella madre de muchas hijas, muy benditas y nombradas, y estimadas en el mundo.

San Francisco de Asís y San Antonio de Lisboa


¿Estaría Madrid en ese camino que tomó Beatriz para ir desde Tordesillas a Toledo? Entra en lo verosímil. Así mismo pudo acompañar a su celosa Señora en alguna de las estancias que Juan II hacía en Madrid cuando eran convocadas allí las Cortes, como lo atestigua la placa del lugar donde estuvieron las casas del Contador Alonso Álvarez de Toledo en la Calle de Santa Clara nº 2.

Más cierto es que Tirso de Molina se inspiró en la santa al escribir la comedia palaciega Doña Beatriz de Silva y que Madrid recuerda a Santa Beatriz de Silva con el colegio concertado de ese nombre en la calle de Alfonso Martínez Conde 4, en el barrio de Carabanchel.






BIBLIOGRAFÍA

Infantas de Portugal, rainhas em Espanha. Marsilio Cassotti. A esfera dos livros. 2012.

Recuerdos portugueses en Madrid. José María Sanz García. Instituto de Estudios Madrileños. 1992.

Mujeres peninsulares entre Portugal y España. María Isabel Barbeito Carneiro. Península. Revista de Estudos Ibéricos. nº 0. 2003.

lunes, 25 de marzo de 2013

San Juan de Dios

 


El pasado sábado, 16 de Marzo, el diario ABC publicaba un interesante artículo dedicado a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, con fuerte implantación y labor social y asistencial entre nosotros.

La llegada de los Hermanos de San Juan de Dios a Madrid se debe al Hermano Antón Martín, primer discípulo del Santo Fundador San Juan de Dios allá por el año 1552.

El artículo describe a continuación los cuatro importantes centros regidos por los Hermanos con que cuenta la Comunidad de Madrid: 
Los dedicados a psiquiatría (Centro de San Juan de Dios, en Cienpozuelos y La Clínica de Nuestra Señora de la Paz, cerca de Arturo Soria), a neurología (Fundación Instituto San José, en Carabanchel) y a pediatría (Hospital San Rafael, en la Calle Serrano)... Pero no dice nada acerca del fundador de la Orden que, además de santo, era portugués.

En este tema de santos portugueses no es la primera omisión que observamos en relación con su origen. Al caso ya conocido de Fernando Bulhões/San Antonio de Padua, habría que añadir el de San Dámaso I, 37º papa de Roma, nacido en el 305 en Egitania (Idanha-a Velha), Gallaecia (actual Portugal) y muerto el 11 de dicienbre de 388 en Roma. Según nos cuenta José María Sanz García, el arzobispado de Madrid-Alcalá le considera hijo suyo y le dedica una Academia diocesana de Arte e Historia, contrariando las crónicas del humanista Gaspar Barreiros de 1546 que lo consideraba natural de Guimarães.

Pero, discusiones aparte, volvamos a Portugal para saber algo más de João Cidade/San Juan de Dios.

VIDA Y OBRA

Juan Ciudad nació en 1495, en un pequeño pueblo portugués, Montemor-o-Novo, Alentejo. Era hijo de André Cidade y de Teresa Duarte. Hasta los cuarenta años vivió diversas aventuras y trabajó en diversos oficios como pastor en Oropesa (Toledo), soldado en Fuenterrabía y Viena, albañil en Ceuta y librero en Gibraltar y Granada.

En 1539, mientras escuchaba un sermón predicado por San Juan de Ávila en Granada, llegó el momento de su conversión religiosa y tras una reflexión profunda decidió entregarse a los pobres, enfermos contagiosos y los más desvalidos del mundo.

Su conversión y la enfervorizada opción por los más pobres le llevó a ser considerado como un loco, por lo que fue trasladado al Hospital Real de Granada, en el que Juan Ciudad experimentó en su propia carne el cruel trato que recibían los enfermos.

Es en este momento cuando nació la vocación de Juan Ciudad de servir a los pobres: cuando se encuentran en condiciones de máxima marginación, carentes incluso de salud física y mental.


San Juan de Dios por Bartolomé
Esteban Murillo.

Entre 1538-1539, con los pocos medios a su alcance, Juan Ciudad fundó en Granada su primer hospital, un hospital revolucionario para la época, no sólo por el trato y calor humano que los enfermos recibían de Juan y sus compañeros, sino también por la idea de disponer a los pacientes separados en atención al tipo de enfermedad que sufrían y por destinar una cama para cada enfermo, algo innovador por aquel entonces.

Su fama no paraba de crecer. El obispo le cambió su nombre de familia por el de Juan de Dios y en los siguientes diez años ya disponía de otro hospital.

Sus obras y discípulos aumentaban, entre los cuales destaca Antón Martín, un aventurero con planes de venganza que una noche invernal de 1546 se cruzó por las calles de Granada con Juan de Dios, quien le convenció para que desistiera de sus planes y le siguiera.

Antón Martín de Dios

Juan de Dios murió el 8 de marzo de 1550 víctima de una pulmonía a consecuencia de haberse tirado al río Genil para salvar a un joven en trance de morir ahogado.

Su entierro constituyó una extraordinaria manifestación de duelo y fervor hacia su persona y su obra por parte del pueblo, la nobleza y las autoridades de aquella época.

Dos años después, Antón Martín se trasladó a la corte donde fundó el Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, germen de los cuatro importantes centros hospitalarios antes citados de Madrid.

San Juan de Dios fue canonizado por Alejandro VIII en 1690. A su muerte su obra se extendió por toda España, Portugal, Italia y Francia. Hoy está presente en los cinco continentes.

En 1886 fue proclamado Patrono de los Hospitales y de los Enfermos y en 1930, Patrón de los Enfermeros y de sus Asociaciones. También Patrono del Cuerpo de Bomberos por su actuación durante la extinción de un incendio declarado en el Hospital Real de Granada, del que consiguió sacar ilesos a cuantos enfermos se encontraban en su interior.





San Juan de Dios salvando a los enfermos
del incendio del Hospital Real de Granada.
Manuel Gómez-Moreno González. 1880.
Museo de Bellas Artes de Granada.

ICONOGRAFÍA DE SAN JUAN DE DIOS EN MADRID

Al cumplirse el centenario del Hospital de San Rafael en 1992 se encargó a Santiago de Santiago un grupo escultórico dedicado al Fundador, de bronce y piedra, situado en el jardín de acceso. El grupo muestra al arcángel que dio la vista a Tobías, dando ánimos, con una palmada en el hombro, a quien ya no tiene más fuerzas, para que prosiga con su divina labor.

Foto: Filipa Iraizoz

En los jardines del Hospital Gregorio Marañón se encuentra otra bellísima escultura, copia de la que le hizo Jacinto Higueras en 1877, arrodillado, en actitud estática y contemplativa, durante las seis horas que dicen que estuvo orando hasta que le llegó la muerte. El original tallado en madera, obtuvo la Primera Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1920 y se exhibe en el MNCARS.


Foto: Museo Jacinto Higueras.
 

La tercera y última efigie dedicada a San Juan de Dios en Madrid se trata de una réplica en mármol blanco de un boceto en yeso del malagueño Elías Martín Riesco, discípulo de Piquer. Se titula San Juan de Dios conduciendo enfermos al hospital y obtuvo la Medalla de segunda clase en la Exposición Nacional de 1864. Fue adquirida por la reina Isabel II el 30 de junio de 1865 y posteriormente donada al Museo del Prado, de ahí pasó al Museo de Arte Moderno. La crítica contemporánea apreció mucho la obra y ese prestigio se conservó durante bastante tiempo. El fornido fundador, sostiene sobre sus brazos a un joven enfermo semidesnudo. No está expuesta.


Fuentes:

ABC
Recuerdos portugueses en Madrid. José María Sanz García. Instituto de Estudios Madrileños. 1992.
Hospital San Rafael

miércoles, 25 de julio de 2012

San Antonio de Lisboa y Padua (y III)


Ermita de San Antonio de los Portugueses. J. Muperton.


Terminamos el recorrido por los edificios religiosos dedicados a San Antonio de Lisboa y Padua en Madrid con uno ya desaparecido y escenario de numerosos avatares, la Ermita de San Antonio de los Portugueses en el Parque del Retiro.

EL RETIRO

El jardín que embellecía el Palacio Real y Sitio del Buen Retiro fue promovido por el conde-duque de Olivares a partir de 1632. El embrión de este vergel fue un jardín geométrico y un estanque alrededor de la Casa de S.M. en San Jerónimo, al que se le irían adicionando otros a medida que se adquirían las fincas colindantes, por lo que el resultado, como ocurriría con el paralelo conjunto palaciego, sería fruto de la improvisación y la rapidez, sin planificación, caracterizándose por su falta de orden y unidad. No había ejes principales, sino recorridos laberínticos que enlazaban las partes, por lo que éstas se entendían autónomamente, sin referencias a la globalidad.




La principal intervención en los jardines se produjo a partir de 1634 y hasta 1640, dando lugar a jardines más formales, próximos al palacio y rodeados por un gran bosque. Hay en ellos influencia centro-italiana, pero se desconoce su autor. Se considera la supervisión de Crescenzi en el proyecto global y la participación de ingenieros, como el toscano Cosme Lotti, que había trabajado en los jardines del palacio mediceo de Bóboli en Florencia.




Su interior y sus caminos quedaron jalonados por hitos arquitectónicos, lagos, canales, estanques, fuentes, arboledas, jardines y huertas, paseos cubiertos y largas avenidas umbrías, juego de pelota, picadero, casa de fieras, pajarera, embarcaderos e incluso seis ermitas, sus construcciones más características y de origen hispánico, ya desaparecidas, que seguían el modelo del Monasterio de Montserrat.

LAS ERMITAS

Las ermitas estaban dispersas por todo el recinto, diseñadas con planta centralizada y coronadas con un chapitel estilo austria. Estas ermitas cumplían tanto una función religiosa como de escenografía o cierre de perspectiva de los jardines. En el plano de Teixeira se localizan perfectamente las seis ermitas dedicadas a San Isidro, San Pablo, San Juan, San Bruno, "la Madalena" y "los portugueses", señalizadas en el plano con los números 77, 82, 83, 84, 89 y 99, respectivamente.

Una de las más importantes era la de San Juan, ubicada donde hoy se halla la sede del Ayuntamiento. Contaba con un jardín secreto, a la manera de las villas italianas, y tenía adosada la residencia oficial del alcaide, precisamente el conde-duque de Olivares.


Ermita de San Juan en el plano de Teixeira

Entre todas ellas destacaba la ermita de San Pablo, inspirada en el Casino de Pío IV en el Vaticano, era obra de Juan Bautista Crescenzi y la única en un estilo diferente, el manierista italiano.


Ermita de San Pablo en el Retiro. Louis M. Meiner.

Para el interior de esta ermita se encargó al pintor Velázquez el lienzo Encuentro de San Antonio Abad con San Pablo, primer ermitaño. 




El Estanque Grande de 1634 es, junto al Estanque de las Campanillas, prácticamente el único elemento  que hoy sobrevive del jardín del siglo XVII. Su función era servir como depósito de agua para el riego y ser utilizado en espectáculos teatrales y naumaquias. De él partían dos canales navegables, siendo el principal el del Mallo, que concluía en otro estanque polilobulado, en cuyo centro y en una isla se situaba la ermita de San Antonio de los Portugueses, la última en construir y mayor de todas ellas.

LA ERMITA DE SAN ANTONIO DE LOS PORTUGUESES


Fue construida por Alonso de Carbonell entre 1635 y 1637. Aunque la advocación de la ermita fue la de San Antonio de Padua, vulgarmente se la conoció como San Antonio de los portugueses, ya que su construcción fue financiada por la comunidad portuguesa residente en Madrid, encabezada por el poderoso financiero Manuel Cortizos de Villasante, a instancias del Consejo de Portugal.


Vista del Palacio del Buen Retiro atribuida a Jusepe
 Leonardo con la Ermita de San Antonio de los
 portugueses al fondo, sobre el horizonte.


En cuanto al edificio, San Antonio fue la ermita más grande situada en el Retiro. Construida en ladrillo rojo, destacaba sobre todo su suntuosa portada, compuesta por cuatro columnas de mármol blanco con basas y capiteles de mármol negro, y coronada por una estatua del santo titular. Pero sin ninguna duda, el elemento más peculiar de la ermita era el estanque de perfil polilobular que la rodeaba, el cual, estaba conectado mediante una red de canales con el estanque grande.

Hay que señalar que al estar conectada por un canal asi como poseer estancias de recreo en su parte posterior, como se aprecia con claridad en el plano de Teixeira, servía como escenario de una sofisticada combinación de sacro y profano durante las festividades del santo.







Su estilo se encuadra dentro de la primera corriente del barroco español caracterizada por la austeridad geométrica y espacial derivada del herrerianismo. Los motivos ornamentales eran escasos salvo en los interiores, que eran profusamente decorados. Su torre cuadrangular, rematada con chapitel herreriano, su suntuosa portada y el canal polilobulado que la rodeaba eran sus elementos más notables. Desconocemos los datos sobre su interior aunque es de presumir su planta centralizada y son conocidas las pinturas murales al fresco que Luca Giordano realizó allí en 1699.

Reconstruida por orden de Felipe V tras un incendio sufrido en 1734, fue demolida en 1761 para construir en su lugar, bajo el reinado de Carlos III, la Real Fábrica de Porcelana de la China. Destruida la fábrica durante la guerra de la independencia, Fernando VII acondicionó el lugar instalando una fuente denominada de la China, en recuerdo a la Real Fábrica. Actualmente su lugar lo ocupa la glorieta y estatua del Ángel Caído, obra de Ricardo Bellver.

Plano de las fortificaciones realizadas en la zona durante
 la guerra de la Independencia. 1808-1812.

El concepto de espacio centralizado, el chapitel ochavado y los materiales de la ermita de San Antonio de los Portugueses sirvieron de modelo a Pedro de Ribera para proyectar en 1718 la Ermita de la Virgen del Puerto.




No podemos concluir este recorrido, sin abandonar la Comunidad de Madrid, mencionando  la importante actuación urbanística compuesta por plaza con galería porticada e iglesia dedicada a San Antonio en Aranjuez.

Artículos relacionados:
San Antonio de Lisboa y Padua II
San Antonio de Lisboa y Padua I


FUENTES:
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
Urbanity
Memoria de Madrid

BIBLIOGRAFIA:
Velázquez y las ermitas del Buen Retiro. Alfonso Rodríguez. G. de Ceballos.

miércoles, 11 de julio de 2012

San Antonio de Lisboa y Padua (II)



Continuamos el recorrido por los escenarios mas significativos que Madrid dedica al santo lisboeta y nos encontramos con la Iglesia de San Antonio de los portugueses, posteriormente de los alemanes y denominación actual. Está en el barrio de Malasaña, en la Calle de la Puebla nº 20 esquina con la Corredera Baja de San Pablo.

EXTERIOR

Estamos ante una iglesia de planta ochavada al exterior, con tambor cubierto por un gran chapitel octogonal e irregular como puede apreciarse con extraordinario detalle en el imprescindible plano, más bien perspectiva, del portugués Teixeira.


San Antonio de los portugueses en el plano de Teixeira

La manera en que está cubierto el templo es una de sus curiosidades  y técnica habitual en las iglesias barrocas madrileñas. Se trata en realidad de bóvedas encamonadas, elaboradas con materiales ligeros y baratos como la madera, la pizarra y el yeso. La técnica es la opuesta a la masiva o pétrea empleada en épocas anteriores con mayores recursos económicos como ocurrió en la Basílica del Escorial. Sin embargo, la fórmula no renunciaba a la vistosidad puesto que el interior podía ir decorado, a veces de modo fastuoso como veremos que sucede en este templo.


Esquema en sección de una bóveda encamonada


La Iglesia hace parte de un conjunto que ocupa la manzana completa fundado como Hospital de los portugueses, institución creada en 1606 por Felipe III.

San Antonio de los portugueses se comenzó a construir en 1624 y se concluyó en 1633. La autoría de los planos es del jesuita Pedro Sánchez con la colaboración de Juan Gómez de Mora, bajo la dirección del Maestro de obras Francisco Seseña.

Mariana de Austria, segunda mujer de Felipe IV, lo cedió en 1668, tras la separación del reino portugués, a la comunidad de católicos alemanes muy numerosa entonces. Fue en ese momento cuando se cambió la denominación de la iglesia y hospital, manteniéndose la advocación de San Antonio.



La fachada de ladrillo visto, es obra de Juan Gómez de Mora. Fue restaurada en 1886 por Antonio Ruiz de Salces, dándole un aire neogótico en los recercados de los huecos. Nos recibe una espléndida escultura en piedra de San Antonio, obra del también portugués Manuel Pereira (al que dedicaremos más adelante un artículo) dentro de una hornacina, que remata la portada de lineas sencillas de granito. Nos gusta mucho la expresión de su rostro, con una mezcla de ternura y simpatía ante la contemplación del niño Dios.



Pero la verdadera sorpresa se encuentra al traspasar ese umbral. Nos encontraremos ante un espacio interior que emociona, un gran trampantojo teatral, pensado para el disfrute de los sentidos. Es rotundo, unitario y al mismo tiempo dinámico, características barrocas que parecen corresponderse también con el titular del templo, San Antonio.

INTERIOR

El exterior ochavado no permite adivinar un interior de planta elíptica y abovedada. Sólo hay un precedente en España en la Iglesia del Convento de las Bernardas de Alcalá de Henares que también trazó Juan Gómez de Mora en 1619. Su diseño se basó en la romana Santa Anna dei Palafrenieri que Vignola ideó en 1565.


Iglesia del Convento de las Bernardas. Alcalá de Henares


Santa Anna dei Palafrenieri. Ciudad del Vaticano. Roma

La más conocida de Sant´Andrea al Quirinale de Bernini es de 1658 y por tanto posterior a la madrileña. En este caso, Bernini da una vuelta de tuerca más al dinamismo barroco y presenta el eje menor de la planta elíptica como el eje principal, forzando aún más el juego de perspectiva. A su vez, este templo se inspira en el semiesférico Panteón de Agripa romano, con sus capillas entre contrafuertes.


Sant´Andrea al Quirinale. Roma.


Pero volvamos a Madrid. La exuberancia y calidad decorativa que tiene esta iglesia, la hacen única en el barroco madrileño. Prácticamente desde el suelo, se desarrolla un ciclo pictórico pintado al fresco, dedicado en su mayor parte a San Antonio, que se extiende hasta llegar a la apoteosis de la bóveda con lunetos.




Hacia 1660 Francisco Ricci y Juan Carreño de Miranda pintan la cúpula. El primero con arquitecturas fingidas, técnica introducida aquí por los italianos traídos por Velázquez, Mitelli y Colonna. Entre las columnas salomónicas y los lunetos están representados ocho santos portugueses y escenas de sus vidas. 



Juan Carreño de Miranda realiza en la parte central La Apoteosis Celestial de San Antonio, separada de la escena anterior por un gran entablamento fingido.



A finales del siglo XVII Luca Giordano, el pintor más solicitado en la Europa del momento, restaura las pinturas de la bóveda e introduce elementos barrocos como los fustes salomónicos, antes lisos. Decora los muros curvos con escenas de los populares milagros de San Antonio, simulando grandes tapices sujetos por ángeles y puttis. En la parte inferior se representan reyes europeos del medievo.






El retablo mayor es de mediados del XVIII del arquitecto Miguel Fernández y el escultor Francisco Gutiérrez. La escultura central de San Antonio en madera policromada es obra también de Manuel Pereira.




El espacio interior se completa con seis altares barrocos laterales en hornacinas retranqueadas con pequeños retratos ovales de los Austrias menores y las reinas consortes sobre la clave de las hornacinas.

No existen elementos arquitectónicos o estructuras auxiliares en el espacio interior que modulen el espacio. Esa misión está reservada exclusivamente a la pintura mural que todo lo envuelve. Los altares laterales, los huecos y lunetos sobre ellos están integrados en el conjunto pictórico respetando de esa manera la tensión y el protagonismo del muro curvo continuo y la bóveda dedicadas al santo lisboeta.



LA HERMANDAD

La iglesia pertenece desde el 1700 a la Hermandad del Refugio. Esta institución tenía el compromiso de prestar ayuda a los necesitados de Madrid. Un sacerdote y dos seglares de la hermandad, salían a las calles para buscar mendigos a los que ofrecer agua, pan blanco y un huevo duro. Se conserva todavía la plantilla de madera cuyo agujero servía para desestimar el huevo si por allí entraba, pronunciando la famosa frase: Si pasa, no pasa. Si no pasa, pasa. Lo que indicaba que el huevo era demasiado pequeño para el prestigio de la Hermandad a la que han pertenecido los reyes de España desde siempre, incluidos los actuales.

Artículos relacionados:
San Antonio de Lisboa y Padua (I)
San Antonio de Lisboa y Padua (III)

Fotos:
Filipa Iraizoz Valido-Viegas

Agradecimiento:
A Carlos Osorio, por la magnífica visita guiada que nos ofreció. 

miércoles, 13 de junio de 2012

San Antonio de Lisboa y Padua (I)

San Antonio por José de Ribera. Museo de la Real
Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid


A mi abuelo Antonio García Herranz
Hoy, 13 de junio, celebramos el día de San Antonio de Lisboa y Padua. No es que queramos cambiar de advocación al santo, sino que en justicia, se le debería llamar así. En realidad se llamaba Fernando Martim de Bulhões e Taveira Azevedo. Adoptó el nombre de Antonio -que según la tradición greco-latina significa el inestimable, el que no tiene precio- al dejar la orden de los Agustinos y unirse a la de los Franciscanos.

Nació en Lisboa en el seno de una familia rica en 1190 y murió cerca de Padua en 1231. Lo que ocurrió durante ese intervalo de 41 años lo cuentan mucho mejor que nosotros las hagiografías existentes sobre este seguidor de Francisco de Asís, doctor de la Iglesia y santo.

SAN ANTONIO Y MADRID

Los lectores -si es que aún queda alguno- se estarán preguntando a estas alturas qué relación directa tuvo este personaje con Madrid. En principio poco o nada ya que sus viajes desde Portugal los realizó siempre por mar y por lo tanto, nunca cruzó la península Ibérica. Sólo nos quedaría la opción, mas bien la ilusión, de que pasó por Madrid vía aérea.

No, no estoy loco. Entre los conocidos milagros de San Antonio destaca el de la bilocación que le situó el mismo día en Padua y en Lisboa para salvar a su padre de una sentencia injusta. Si trazamos sobre un mapa una línea recta entre Padua y Lisboa -trayecto más corto entre ambas ciudades que no sabemos como recorrería el santo- veremos que Madrid queda alineado en ese trayecto y exactamente a 3/4 de la distancia.


Pero sin tener que rizar el rizo tanto, Madrid profesa una gran devoción por el santo y atesora recuerdos antonianos más tangibles que el puramente especulativo antes descrito. En Madrid podemos encontrar un magnífico retrato de José de Ribera como el que encabeza el artículo (pésimamente iluminado, por cierto) en el Museo de Bellas Artes de San Fernando, escultura y arquitectura de primer orden que iremos viendo en varios capítulos y hasta una verbena popular dedicada a este Santo.

ERMITA DE SAN ANTONIO DE LA FLORIDA


 San Antonio de la Florida en 1890.

En otros tiempos la orilla izquierda del río Manzanares, a las afueras de la Puerta de San Vicente, era una agradable campiña muy concurrida por los madrileños los días de fiesta. Aquí erigió Churriguera en 1732 una ermita con una imagen de San Antonio de Lisboa y Padua, que pronto alcanzó gran devoción popular. Al igual que ocurre en Lisboa, su célebre romería del 13 de junio, donde acudían y aún acuden las jóvenes casaderas a pedirle un buen novio al santo, es una de las tradiciones más arraigadas y populares de Madrid.

El baile de San Antonio de la Florida.
Francisco de Goya. Museo del Prado.
A lo largo del siglo XVIII, las reformas urbanas de la zona obligaron a derribar la ermita de San Antonio en dos ocasiones. Así, la iglesia primitiva de Churriguera, fue sustituida por otra de Sabatini y ésta, a su vez, por una tercera que ya sería la definitiva.

Mandada construir por Carlos IV y diseñada por el arquitecto italiano Felipe Fontana entre 1792 y 1798 es una construcción neoclásica de gran sencillez, formada por una planta de cruz griega con un altar al fondo y dos estancias laterales adosadas que servían de portería y sacristía. La iglesia está construida en granito y ladrillo, eliminando elementos decorativos superfluos, coronada con una cúpula sobre pechinas con linterna. En 1798 Jovellanos eligió a su amigo Goya para que realizase la decoración del interior.


Frescos de Goya en el interior de la ermita.

La ermita se dedicó al culto hasta el siglo XX, momento en el que se decidió construir una réplica para evitar la desaparición definitiva de los frescos debido al humo de las velas y la humedad del entorno, cercano al río Manzanares. Juan Moya fue el arquitecto que realizó el nuevo edificio dedicado al culto en 1928, siendo la iglesia original destinada a museo y panteón de Goya ya que el pintor está enterrado allí desde 1920.


La ermita sería consagrada a San Antonio de Lisboa y Padua, pasando a denominarse San Antonio de la Florida, considerándose uno de los lugares de romería más importantes desde el siglo XIX, especialmente por parte de las modistillas. Entre agosto y diciembre de 1798, Goya acudiría a diario para trabajar en las pinturas al fresco de la cúpula, el altar, la zona superior de los muros laterales y las pechinas. Recibió la colaboración de su ayudante Asensio Juliá. El 20 de diciembre concluyó los trabajos, inaugurándose la capilla palatina el 12 de julio de 1799.



El tema elegido para la cúpula central que preside el templo es el milagro de la bilocación de San Antonio, al que antes aludíamos y que ha dado tanto juego:

Estando el santo en Padua, recibió la noticia de que su padre había sido acusado de asesinato en Lisboa. Convencido de su inocencia, pidió permiso para ayudar a su padre y un ángel le trasladó milagrosamente a la capital portuguesa en el mismo día. Intentó inútilmente convencer a los jueces de su error, por lo que solicitó al gobernador que el fallecido fuese desenterrado para ser interrogado. La noticia corrió como la pólvora por la ciudad, concentrándose en el cementerio un buen número de paisanos para contemplar el evento. San Antonio, en nombre de Jesucristo, pidió al asesinado que declarase en voz alta y clara si su padre había participado en su muerte, incorporándose el cadáver y proclamando la inocencia del acusado...





Este es el momento que Goya ha elegido, situando el milagro en Madrid, al que asisten majas, chisperos, embozados y chulapas. San Antonio es la figura vestida con el hábito franciscano situado sobre una roca y el resucitado aparece siendo sujetado por uno de los enterradores. Tras él se contempla a un hombre y a una mujer que se interpretan como los padres lisboetas del santo. El final del relato de este milagro dice:

...La novedad del milagro y la solemne declaración de semejante testimonio fueron suficientes para libertar al padre del santo. Pasó aquel día con su familia, se despidió de ellos al caer la noche y al día siguiente se encontraba nuevamente en su convento de Padua.
Para componer al fresco esta cúpula, Goya sería sin duda conocedor de los magníficos frescos pintados en 1660 por Carreño de Miranda y Francisco Ricci dedicados también al santo sobre la impresionante cúpula barroca de la Iglesia de San Antonio de los portugueses -después de los alemanes- que veremos en el próximo capítulo.


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San Antonio de Lisboa y Padua III



FUENTES:
Urbanity.es
Madrid.es
Museo del Prado
Conturmadrid
Fundación COAM

BIBLIOGRAFÍA:
Santo António. O homem por trás da lenda. António Eça de Queiroz. Guerra e Paz, Ed. Lisboa. 2010.