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lunes, 4 de abril de 2016

Carambola luso-cervantina

Supuesto retrato de Cervantes atribuido a Juan de Jáuregui


Con motivo del cuatrocientos aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes  (Alcalá de Henares, 29 de septiembre de 1547 – Madrid, 22 de abril de 1616) nos acercamos a la gran exposición conmemorativa dedicada al autor de El Quijote titulada "Miguel de Cervantes: de la vida al mito (1616-2016)".

Entre los muchos documentos esclarecedores que se exponen para conocer mejor su vida encontramos un elogio de la ciudad de Lisboa, incluido en su obra póstuma del Persiles. El contexto del relato hay que situarlo cuando Cervantes sigue los pasos de Felipe II hacia Lisboa, desde la primavera de 1581 a la de 1583, donde el rey habría de ceñirse la corona lusa. Allí encaminará sus pasos, sus ilusiones y pretensiones de una merced.

Dice así el certero elogio:
-Agora sabrás, bárbara mía, del modo que has de servir a Dios, con otra relación más copiosa, aunque no diferente, de la que yo te he hecho; agora verás los ricos templos en que es adorado; verás juntamente las católicas ceremonias con que se sirve, y notarás cómo la caridad cristiana está en su punto. Aquí, en esta ciudad, verás cómo son verdugos de la enfermedad muchos hospitales que la destruyen, y el que en ellos pierde la vida, envuelto en la eficacia de infinitas indulgencias, gana la del cielo. Aquí el amor y la honestidad se dan las manos, y se pasean juntos, la cortesía no deja que se le llegue la arrogancia, y la braveza no consiente que se le acerque la cobardía. Todos sus moradores son agradables, son corteses, son liberales y son enamorados, porque son discretos. La ciudad es la mayor de Europa y la de mayores tratos; en ella se descargan las riquezas del Oriente, y desde ella se reparten por el universo; su puerto es capaz, no solo de naves que se puedan reducir a número, sino de selvas movibles de árboles que los de las naves forman; la hermosura de las mujeres admira y enamora; la bizarría de los hombres pasma, como ellos dicen; finalmente, esta es la tierra que da al cielo santo y copiosísimo tributo. (Capítulo I, del libro III)

En estos días también se habla mucho de la madrileña Plaza de España, de su futura remodelación y el incierto destino del monumento a Cervantes si es, finalmente, confiado al juicio de una participación ciudadana mal concebida.



El monumento de la plaza de España a Miguel de Cervantes tiene su frente oeste o principal orientado hacia la Cuesta de San Vicente y forma un conjunto con la fuente mural adosada a la cara oriental del grupo escultórico, Fue fruto de un concurso que ganaron los arquitectos Rafael Martínez Zapatero y Pedro Muguruza Otaño y el escultor Lorenzo Coullaut Valera, iniciándose las obras en 1925 y concluyéndose provisionalmente en 1930 (con exclusión de algunos elementos y la posterior adición de otros en las décadas de los cincuenta y sesenta).

Complementa el conjunto una fuente monumental adosada a su frente posterior y oriental, de carácter mural, frente al Edificio España. Es reconocida como Fuente del Idioma Castellano por las simbólicas y directas alusiones a la Literatura y al Lenguaje, lo que refuerza la relación con el monumento al escritor, cuyas obras fueron las principales divulgadoras del idioma castellano y, por extensión, del español. 



La fuente está ornamentada con diversos motivos arquitectónicos y escultóricos, una figura femenina en la cúspide y dos alegorías masculinas en las orejas del hastial.

La figura femenina es la alegoría sedente de la Literatura, que preside todo el conjunto de la fuente desde su coronación en el eje de la misma. Peinada, vestida y adornada según los usos de la época como una mujer de la aristocracia o la realeza, se sienta en una suerte de trono de líneas geométricas neorrenacentistas y apoya sus pies en un cojín con borlas sobre un basamento curvo. Mientras la mano derecha apoya en su regazo, la izquierda sostiene un libro abierto.

Las figuras laterales representan las alegorías masculinas de los dos rasgos más característicos de lo español en tiempos cervantinos: el Misticismo a la izquierda y el Valor Militar a la derecha. Ambas figuras están desnudas, aunque la militar lleva, cual representación de Marte, un casco y un escudo, y a los pies, figuraciones frutales.

Pero la carambola luso-cervantina se produce en esta figura femenina alegórica de la Literatura.

Si Miguel de Cervantes quedó fascinado con la ciudad de Lisboa y sus damas, llegando a decir "Para galas Milán, para amores Lusitania", resulta tremendamente curiosa la elección, en época contemporánea, de una dama portuguesa para representar la alegoría de la Literatura, empleando como modelo iconográfico el de la emperatriz Isabel de Portugal y su imagen más fiel, creada al alimón entre el emperador Carlos y Tiziano.





No hemos encontrado más documentación sobre la elección de la emperatriz Isabel de Portugal como modelo de esta alegoría que pueda arrojar algo de luz sobre el asunto. Nos quedamos con el modelo de virtudes que representa esta dama y con la historia de amor real protagonizada por la pareja imperial como posible fuente de inspiración literaria en época cervantina.



Fuentes:

monumentamadrid

Museo del Prado

martes, 5 de enero de 2016

Domingos Carvalho

Catalina de Austria, reina de Portugal, como Santa Catalina.
Domingos Carvalho. Fuente: Museo del Prado.


La enciclopedia online del Museo Nacional del Prado dice de él:

Carvalho, Domingos (siglo XVI). Pintor portugués. No se tienen noticias ni de su biografía ni de su trayectoria artística. Su nombre es conocido por la firma que aparece en la obra de su mano que se conserva en el Museo del Prado.




La obra representa a Catalina de Austria, reina de Portugal, como Santa Catalina. 

Se trata de un óleo sobre tabla de 78 x 60 cm de dimensión, con número de catálogo P01320. No está expuesto y su procedencia es: Convento Real de Santa María de los Ángeles, de franciscanas clarisas de Madrid y el Museo de la Trinidad.

Pero los datos de catalogación de esta obra que hoy podemos ver en la enciclopedia online del Museo Nacional del Prado hace dos años tenían un error de tres siglos que convertían al pintor renacentista portugués en un pintor historicista del siglo XIX.

La oportuna propuesta de revisión y posterior modificación del error se lo debemos a Concha (autora del magnífico blog Cuaderno de Sofonisba, amiga y lectora nuestra) y accidentalmente a nosotros mismos ya que a partir de una imagen y un título que la enviamos como aportación a su artículo Catalina de Austria, reina de Portugal, hizo que el innato buen hacer investigador de Concha detectase rápidamente el fallo de catalogación.


En uno de sus últimos artículos titulado Catalina de Austria, reina de Portugal - 2 retratos, que no podéis dejar de leer, explica de manera fehaciente toda su línea de investigación.

Por otro lado, nos complace enormemente descubrir, como demuestra Concha, que aquel retrato de la reina Catarina de Austria hiciese parte del inventario del Convento Real de Santa María de los Ángeles pues hace algo más de tres años nos ocupamos en estas páginas de la fundadora de este y algunos conventos más, Leonor de Mascarenhas, con el subtítulo de Aya de Felipe II y promotora conventual.


Retrato de Dª Leonor de Mascarenhas.
Foto: Cuaderno de Sofonisba.



De esta manera, Catalina reina de Portugal, su sobrino Felipe II y el aya de este quedan unidos por uno de aquellos retratos familiares que, como las fotografías de ahora, fue enviado probablemente desde Lisboa a Madrid para engalanar los muros de uno de los conventos madrileños de patronato real fundado en 1564 por Leonor de Mascarenhas.




FUENTES:

MUSEO DEL PRADO
Cuaderno de Sofonisba

martes, 5 de mayo de 2015

Francisco de Melo de Braganza y Castro

Francisco de Melo de Braganza y Castro

Francisco de Melo de Braganza y Castro, I conde de Assumar (Estremoz, 1597 - Madrid, 1651) fue un diplomático y militar portugués al servicio del rey Felipe IV. Tras iniciar muy joven su carrera en la corte española, fue aumentando poco a poco su influencia hasta que, ganada la confianza del Conde-Duque de Olivares, fue destinado a responsabilidades diplomáticas de gran peso.

A pesar de tener una capacidad militar muy limitada -ya que sus únicos éxitos sólo llegaron de la mano de Jean de Beck- sirvió como Capitán general de los tercios españoles de Flandes. También fue gentilhombre de cámara de Felipe IV. 

Desempeñó misiones diplomáticas en Italia y Alemania, participó en la Guerra de los Treinta Años, fue virrey de Sicilia entre 1639 y 1641 y gobernador de los Países Bajos y Milán entre 1641 y 1644.

Su participación en la batalla de Rocroi en 1643 marcó el punto final de la hegemonía militar del Imperio Español y el ocaso de su columna vertebral: los soldados veteranos de los Tercios de Flandes. Esta vez Jean de Beck llegó tarde a dicha batalla y las carencias de Francisco de Melo se hicieron evidentes sufriendo la derrota en las Árdenas, siendo el primer gran fracaso de los tercios españoles ante el príncipe de Condé.


Jean de Beck
Francisco de Melo de Braganza perdió también Thionville en 1644 a manos de los franceses, por lo que tuvo que dimitir de su cargo y ser sustituido por Manuel de Moura y Corte Real, hijo de Cristovão de Moura e Távora, I marqués de Castel-Rodrigo, incorporándose al Consejo de Estado en Madrid.

Pasó a ser Virrey de Cataluña y Aragón en 1645 pero su desastrosa actuación ante los franceses y los catalanes perdiendo Tortosa aconsejó su sustitución por el conde de Lemos, en lo que pudo influir la caída de su protector el Conde duque de Olivares en 1643, quien murió dos años después.


Aun así, con todos estos antecedentes, el 7 de septiembre de 1646, Felipe IV le concedió el marquesado de Vellisca y de Tordelaguna, título nobiliario creado para él por el monarca, que hace referencia a la localidad de Vellisca (Cuenca). Posteriormente, al título le sería concedida la Grandeza de España por Carlos III el 15 de diciembre de 1771.

¿Cómo se pueden explicar estos hechos, la concesión de reconocimientos tras una larga concatenación de fracasos? Sólo como agradecimiento a lealtades. 

No podemos olvidar la situación que se produjo tras la rebelión de Portugal de 1640 y la sublevación de los Braganza, al tener que intervenir Francisco de Melo en la prisión del Infante don Duarte, hermano del duque de Braganza coronado como D. João IV. 

Todo ello desató una campaña de propaganda de los portugueses, ayudados por los demás enemigos de España, considerando a Francisco de Melo traidor por haber olvidado su parentesco con la casa de Braganza y permanecer fiel a la causa del Rey de España.

Su palacio de C/ Relatores esquina C/ Atocha

En Madrid se dedicó a ampliar su casa-palacio con torre esquinada en la calle Relatores, con vuelta a la de Atocha, frente al impresionante y desaparecido convento de la Trinidad (primera sede de la pinacoteca y biblioteca nacionales).

No llegó a disfrutar mucho tiempo de su casa pues murió en 1651 sin haber llegado a cobrar nada de las mercedes que Felipe IV le concediera en Flandes, aunque su cicatera administración en Aragón le permitió rehacer su fortuna, tras solo un año de virrenato.

Se casó con Antonia de Vilhena Sousa (Oporto 1601 - Madrid 1625), hija de Henrique 
de Sousa, conde de Miranda, y de Mencía Vilhena da Silva.

Francisco de Melo de Braganza aparece en la novela de Arturo Pérez Reverte El capitán Alatriste y en la película homónima el personaje es interpretado por el actor andaluz Paco Tous.

"Rocroi, el último Tercio” por Ferrer Dalmau.

martes, 17 de marzo de 2015

Isabel Freire


Hoy cerramos la serie dedicada a Damas de compañía de infantas de Portugal, reinas de Castilla o de España con un personaje muy enraizado en la lírica española, musa y amor platónico del poeta Garcilaso de la Vega: Isabel Freire.


Fragmento de retrato 
idealizado de Isabel Freire 
por C. F. Cowper. 1905.
Isabel Freire (Beja, Portugal c. 1507 - Toro c. 1536), inspiró los personajes de las pastoras Galatea y Elisa de la Égloga I de Garcilaso de la Vega, fue musa de casi toda su obra y amor platónico. Considerada por toda una tradición crítica y en palabras de Antonio Prieto como el gran latido de la poesía garcilasiana.

Hija de Bernardim de Almeida y de Guiomar Freire de Andrade pertenecía, por parte paterna, a la casa de los condes de Abrantes, descendientes de la Casa Real portuguesa. Otro autor recoge un antiguo testimonio que la emparenta con los duques de Braganza.


Isabel Freire era una de las jóvenes damas que acompañaba a la infanta Isabel de Avis y Trastámara en la corte portuguesa de Évora. Debía de ser una joven bellísima, pues también inspiró al poeta portugués Francisco Sá de Miranda y una de las damas más queridas por la infanta, quien afirmó que sólo vendría a España a casarse si podía traer con ella a Isabel Freire.


Garcilaso de la Vega, por su parte, era de familia noble toledana, había tenido una esmerada educación en la corte y era miembro de la guardia real del emperador cuando conoció a la joven dama portuguesa. Hacía sólo un año que se había casado con Elena de Zúñiga...


Supuesto retrato de Garcilaso de la 
Vega. Museo de Kassel (Alemania). 
Era el prototipo de cortesano renacentista: culto, elegante, apuesto y conquistador. En Toledo se había enamorado siendo muy joven de Guiomar Carrillo de Toledo y fruto de esta relación nacería un niño. En 1520 entró a formar parte de la guardia real del emperador Carlos V y en 1525 se casó con Elena de Zúñiga, dama de doña Leonor de Austria con quien tendría varios hijos y a quien nunca amó.

Un año antes, tras disolverse el ejército español al terminar el asedio de Fuenterrabia, viajó a Portugal a visitar a su hermano mayor, Pedro Laso, desterrado por el emperador a la corte de D. João III de Portugal por su intervención en la revuelta comunera (1520-1522). Pedro se había casado con la también dama de la infanta Isabel, Beatriz de Sá y, cómo no, también se tiene noticia del amor platónico del poeta por su cuñada Beatriz. 

Sería en la corte de Évora, al visitar Garcilaso a su hermano en 1524, donde el poeta y su musa Isabel se pudieron conocer.

En 1526, Isabel Freire acompañó a la infanta de Portugal hasta Castilla para las bodas reales con el emperador en Sevilla. Durante la posterior luna de miel granadina, de seis meses de duración, se formó una brillante corte renacentista, con el músico Antonio de Cabezón y el poeta Garcilaso de la Vega entre otros artistas. Fue entonces cuando el poeta tuvo oportunidad de tratar más a Isabel y de enamorarse de ella sin remedio. 

La relación amorosa entre ambos está envuelta en el misterio y ha sido puesta en tela de juicio muchas veces. Indudablemente hubo algún tipo de relación, ya que coincidieron en la corte de Carlos V e Isabel de Portugal en varias ocasiones. Sin duda, ella fue la musa inspiradora de sus poemas, como cuando la describe: (...) su modo de andar alegre, su meneo, su contoneo; venía a ser anuncio de otras delicias de la carne.


Retrato del emperador Carlos V e Isabel de Portugal.
 Copia que Rubens realizó en 1628 del original de
Tiziano desaparecido
en el incendio del Alcázar en
 1734. Colección Casa de Alba.
Después de Granada, la corte itinerante pasa por Valladolid, Palencia y Burgos hasta que, en febrero de 1528, se traslada a Madrid convocados por las Cortes generales. Entre octubre de 1528 y marzo de 1529 un nuevo traslado les lleva a Toledo donde Isabel Freire contrae matrimonio finalmente con D. Antonio de Fonseca (acaso (...) ese que de mí s’está reyendo, Égloga I, v. 180), regidor de Toledo (como el propio Garcilaso) y Toro, futuro señor de Villanueva de Cañedo y heredero del mayorazgo fundado por su abuelo Alonso de Fonseca, obispo de Ávila, Cuenca y Osma.

El despecho que Garcilaso siente por la boda de su amada se puede comprobar en su primera etapa de poesía castellana de cancionero, como en la Copla II del manuscrito 17.969 de la Biblioteca Nacional de Madrid, titulada Canción, habiéndose casado su dama, cuyo epígrafe dice: A doña Isabel Freire, porque casó con un hombre fuera de su condición.

El matrimonio Fonseca-Freire se establece en Toro, ciudad donde Antonio de Fonseca, conocido como el Gordo, ("
un hombre gordo y romo en amores y ambiciones") formaba parte de las elites del poder local. Isabel Freire dio a luz, al menos, a tres hijos: Alonso de Fonseca, que casará con Juana Enríquez, de quienes descienden los titulares del condado de Villanueva de Cañedo; Catalina de Fonseca, que casó con Pedro Enríquez; y Guiomar de Fonseca, monja en el monasterio de Sancti Spiritus, de Toro.

Desde Menéndez Pelayo, la relación entre  Garcilaso  e Isabel Freire ha sido defendida con unanimidad desde conocidas interpretaciones biográficas de la obra el poeta, como las de Rafael Lapesa y Ángel Valbuena Prat. Antonio Prieto llega a reordenar su obra  defendiendo la tesis de que buena parte de esos poemas forman un Canzionere al estilo de Petrarca, a través del cual Garcilaso quiere elaborar una imago vitae de su amada Isabel Freire.


El Soneto V, uno de los más bellos de su segunda etapa petrarquista dedicados a su dama portuguesa, dice así: 


Escrito'stá en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribistes; yo lo leo
tan solo que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero;

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.


Es probable que Isabel Freire muriera prematuramente tras el tercer o cuarto parto
 (¡Oh tela delicada, / antes de tiempo dada / a los agudos filos de la muerte!, Égloga I, vv. 260-262). Fue enterrada en la capilla familiar de los Fonseca en el toresano monasterio de San Ildefonso, entre 1534 y 1537.


Al tener noticia de la muerte de Isabel, Garcilaso regresa a Nápoles en mayo de 1534 y comienza a escribir la famosa Égloga I, narración lírica de su fallida historia de amor.



Con sus tres Églogas se inicia la tercera etapa clasicista o napolitana de la obra de Garcilaso, reconocible por la mayor influencia de Virgilio y de los poetas italianos del Renacimiento. 

La Égloga I es una versión poética de su historia amorosa con Isabel Freire. Dos pastores, Salicio y Nemoroso, cantan sus penas de amor en un paisaje bucólico conmovidos por su tristeza. Salicio lamenta los desdenes de Galatea y Nemoroso llora la muerte de su amada Elisa. Garcilaso expresó a través de estos dos pastores dos momentos distintos de su relación imposible con Isabe
l.

Además de poeta, Garcilaso era soldado del emperador y por eso murió como tal, al ser herido durante la retirada del cerco de Marsella en Le Muy (Provenza), muriendo finalmente en Niza (Saboya) en 1536. Se dice que por fin había olvidado a Isabel y había vuelto a encontrar el amor en una dama napolitana...


Efigie sepulcral de Garcilaso en la iglesia de San Pedro Mártir (Toledo).
La más verídica representación de cuantas existen del poeta.



FUENTES:
Centro virtual Cervantes. 500 años de Garcilaso.
Los jardines de Babel.
La web de Garcilaso




P.D. 
La serie Damas de compañía de infantas de Portugal, reinas de Castilla o de España nos ha dado a conocer personajes femeninos de todo tipo: unas ejemplares como santa Beatriz da Silva y otras menos santas como Guiomar de Castro, pasando por Leonor de Mascarenhas, Leonor de Castro, Ángela de Acevedo, meninas con ascendencia portuguesa como María Agustina Sarmiento de Sotomayor y Alencastre y también varones como el menino de Felipe II Ruy Gomes da Silva, príncipe de Éboli.
No están todas las que fueron, porque es fácil imaginar a Bárbara de Braganza, en su ilustrada corte, rodeada de cultas damas de compañía lusas con quien compartir idioma e inquietudes artísticas e intelectuales. 
No ocurriría así en la austera época de posguerra que le tocó vivir a María Isabel de Braganza, quien sólo pudo estar acompañada  por su hermana pequeña y buena consejera María Francisca.

martes, 3 de marzo de 2015

Leonor de Castro

Otra dama Castro, muy distinta a la anterior, llegó desde Portugal a la corte imperial acompañando a su señora. Y, cómo no, también pasó por Madrid y su real Alcázar. 


Leonor de Castro Mello y Meneses (Portugal, 1512 - Gandía, 1546), IV Duquesa de Gandía, perteneció al cortejo de la emperatriz Isabel de Portugal como camarera mayor e íntima amiga suya. Integrante de la alta nobleza portuguesa, era hija de Álvaro de Castro "el Viejo", Capitán-General de África del rey Manuel I de Portugal y de Isabel de Mello Barreto y Meneses. Su hermano, Rodrigo de Castro, fue gobernador portugués de la plaza fuerte de Safí (Marruecos).

Durante 1529 tuvieron lugar las negociaciones para acordar su boda con Francisco de Borja -quien un año antes había entrado al servicio del emperador Carlos I de España como caballerizo mayor de Isabel de Portugal- a pesar de los planes iniciales que tenían sus padres, los duques de Gandía, de desposarlo con doña Aldonza de Cardona. 


El emperador, representado por su mayordomo Pedro González de Mendoza, negoció en nombre de doña Leonor, instando al duque de Gandía a que aceptase sus condiciones. Tras pactar todos los detalles, los esposos se pudieron reunir en Toledo en agosto de 1529. Pocos días después, Isabel de Portugal escribió al Duque de Gandía que se alegraba enormemente por el casamiento de su hijo con su dama, y le ofrecía concederle las mercedes que pudiese.

El alcázar de Madrid. Dibujo de A. V. Wingaerde /J. Hoefnagel. 1549
El matrimonio finalmente se celebró en 1529, en el real Alcázar de Madrid, como muestra del gran aprecio de los monarcas por la feliz pareja. Francisco y Leonor no tardaron en tener una amplia familia, cinco varones y tres mujeres: Carlos en 1530, Isabel en 1532, Juan en 1533, Álvaro y Juana Francisca en 1535, Fernando en 1537, Dorotea en 1538 y Alonso en 1539.

En 1539, doña Leonor acompañó a su esposo en el entierro de la emperatriz, fallecida estando embarazada de su sexto hijo en el palacio toledano de los condes de Fuensalida, ya que era su camarera mayor. El emperador, desgarrado por el dolor de la pérdida, se retiró por un tiempo al monasterio de Santa María de la Sisla. Su hijo, el príncipe Felipe, futuro Felipe II, fue el encargado de presidir el cortejo fúnebre hasta la Capilla Real de Granada, donde sería enterrada la soberana. Francisco de Borja dirigió la comitiva como caballerizo mayor de la difunta.

Cuando llegaron a la Capilla, hubo de dar fe a los monjes de que el cadáver que entregaba para enterrar era el de la emperatriz, por lo que se abrió el ataúd. Ante la visión del cuerpo de Isabel, en avanzado estado de descomposición, Francisco sentenció: 
No puedo jurar que esta sea la emperatriz, pero si juro que fue su cadáver el que aquí se puso. Nunca más serviré a Señor que se me pueda morir.
Según se dice, este fue el suceso de conversión que le inclinó a la vida religiosa, de la que mostraría gran capacidad como maestro espiritual de las mujeres de la familia real de los Habsburgo españoles, como ocurrió con doña Catarina de Austria, reina de Portugal y su nuera y sobrina Juana de Austria.

Palacio Ducal de Gandía, casa
natal de Francisco de Borja.
Leonor pasó sus últimos días en el monasterio de San Jerónimo de Cotalba, muy cerca de Gandía. En ese lugar falleció el 27 de marzo de 1546. Su esposo, sumamente entristecido, renunció a sus bienes y posesiones en favor de sus hijos, cediendo los títulos nobiliarios, y marchó a Roma en junio de ese mismo año. 

Decidió ingresar en la recientemente fundada Compañía de Jesús. Por su linaje y posición en la corte, inmediatamente se le ofreció el título de cardenal. Francisco no quiso aceptarlo, pues prefería vivir el resto de su vida como humilde predicador itinerante.


En 1554 llegó a ser comisario general de los jesuitas en España, y en 1565, a la muerte del P. Laínez, General de la Orden, hasta su fallecimiento el 1 de octubre de 1572, a los 62 años de edad, en Roma. El Papa Clemente X le canonizó en 1671, tardíamente en comparación con San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier (1622). Hoy en día es santo patrono en España de la nobleza y la cetrería y de las ciudades de Gandía, Valencia y Bonares.

El linaje de los Borja (Borgia, en Italia) ha dado al mundo santos como Francisco, papas como Calixto III y Alejandro VI, malvados y personajes de leyenda como César y Lucrecia Borgia.

San Francisco de Borja, por Alonso Cano.
Museo de Bellas Artes de Sevilla.

martes, 24 de febrero de 2015

Guiomar de Castro



Recién llegada a la Corte tras su obligado matrimonio con Enrique IV de Castilla el 21 de mayo de 1455, Doña Juana de Avis sufre el agravio de que su marido, indiferente a su afamada belleza, pone los ojos en una de sus damas, la también portuguesa Guiomar de Castro.




Este rechazo bien pudiera ser la causa de que su hija, la princesa Juana, nacida en Madrid en 1462, tuviera por padre a Beltrán de la Cueva o al menos así lo ha decidido la historia.

La belleza de Doña Guiomar fue alabada por el propio Jorge Manrique y la Crónica anónima de Enrique IV de Castilla 1454-1474 (Crónica castellana) habla, en su Capítulo XLII, De lo que en la villa de Madrid acaesçio a doña Guiomar de Castro, fija de don Pedro de Castro, que despues fue conde de Monssanto. La crónica, que no tiene desperdicio, dice así:

Esta doña Guiomar fue una de las mas prinçipales donzellas que la reyna Juana traxo de Portogal, a la qual el rey mostrava tan grande amor que ya paresçia tener en poco a la reyna. E tan grande era la privança que con el rey tenia, que qualquiera merçed que alguno queria aver del rey no lo procurava salvo por la mano de doña Guiomar; la qual ya tenia tan grant parte en el que ninguna cossa le denegava de cuanto por ella le era demandado, a cabsa de lo qual era tan servida e tan acatada e tan grandes pressentes le fazian de oro e de piedras e perlas e sedas, que prestamente fue rica e tan enjoyada que era una cossa maravillossa, de que la reyna avia tan grande enojo e tenia tan gran çelo quanto de razon tener devia, segund el poco amor que ya el rey le mostrava, y la sobrada voluntad que en todo pareçie tener a doña Guiomar.




Y estando el rey en Madrid acaesçio que un dia corrieron toros e la reyna, por algund enojo que tenia, no quisso salir a los mirar, e mando a todas sus donzellas que ninguna los mirase, e como doña Guiomar ya toviesse en poco a la reyna, no curo de obedecer su mandado e subiosse en una torre, donde el rey e todos los de su corte la podien ver bien, e desde ally miro los toros. E como la reina esto supiese ovo dello muy grande enojo e pusose en la meytad del escalera, por donde doña Guiomar avie de deçender, e viendola le fixo muy feas palabras, e tomandola por los cabellos le dio muchos golpes con un chapin, en la cabeça y en las espaldas; e doña Guiomar dio grades gritos quel rey los oyo en su camara, donde ya era venido, e vino a muy grand priesa, e llego a la reyna, e travole por el braço, e con grande enojo le dixo: reyna ¿bien os a paresçido esto? De lo qual la reyna fue tan turbada que cayo en tierra, y estovo mas de un ora amorteçida, que no la podian tornar con ninguna cossa de quantas en ella se esperimentaron, tanto que pensaron ser passada desta vida, de lo qual el rey mostro gran sentimiento.


E a la fin como la reyna resçibiesse continuos enojos de la forma quel rey con doña Guiomar tenia, acordo el rey de la mandar aposentar fuera del palacio, e de la poner casa e aparato e dueñas e donzellas y escuderos que la syrviessen; e dende en adelante donde quiera quel rey estava, sienpre se aposentava a dos o tres leguas dende, e muchas vezes el rey dexava a la reyna e yva a estar con ella, e aver sus gasajados, dexando a la reyna por dos o tres dias, lo qual a ella era muy grave de comportar. Y esto duro fasta que la reyna pario, y el rey fingio a cabsa del parto mostrarle grande amor, quiriendo a todos fazer entender ser suya la fija naçida, seyendo a todos notoria su ynpotençia, porque no solamente esta se conosio en su verdadera muger Blanca de Navarra, e despues con esta mas con otras muchas que tomo assy corrutas como virgines, a ninguna de las quales pudo jamas aver ayuntamiento, lo qual por su lengua muchas vezes confesso doña Beatriz de Vergara, la qual el tomo seyendo cassada con un cavallero de Segovia, llamado Luys de la Trinidad (...)




...Y que cada uno saque ahora sus propias conclusiones.


Enrique IV de Castilla (miniatura de un manuscrito
del viajero alemán Jörg von Ehingen, circa 1455)




BIBLIOGRAFÍA.

Mujeres peninsulares entre Portugal y España. María Isabel Barbeito Carneiro. Península. Revista de Estudios Ibéricos. nº 0. 2003.

Crónica anónima de Enrique IV de Castilla 1454-1474 (Crónica castellana). Edición crítica y comentada de María Pilar Sánchez-Parra. Ed de la Torre. Madrid 1991.

Cualquier tiempo pasado: vida y melancolía de Jorge Manrique. Cruz Martínez Esteruelas. Ed. Rialp. Madrid. 1991.

lunes, 12 de enero de 2015

Las pinturas de Mombello, en Madrid


Otra de las espléndidas exposiciones que hemos podido ver entre Madrid y Lisboa durante los pasados días de descanso navideños ha sido la de la Colección Abelló, que se celebra en las salas de CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía (vulgo, palacio de Cibeles) hasta el 1 de marzo.

Confesamos que nuestra primera intención era la de encontrarnos también cara a cara con las, antes denominadas, pinturas de Mombello, de las que tanto indagamos el año pasado. Pero hay que decir que como el conjunto de la colección es excepcional, tanto en calidad como en amplitud estilística, esta primera intención fue diluyéndose según íbamos avanzando de sala en sala, dando paso a una admiración global por la colección.


Acceso a la primera sala de la exposición. A la izquierda,
una de las pinturas buscadas. Foto: ABC.
Vamos a referirnos sólo a la primera sala, denominada Madrid, Villa y Corte, donde se encuentran las citadas pinturas y sólo a ellas en particular, debido a su ya conocida vinculación con la Casa marquesal de Castel Rodrigo.

La primera impresión al situarte frente a ellas es impactante por su fuerte cromatismo y por el tamaño de dos de los cuadros, Sitio de La Florida y Palacio del Buen Retiro, ambos con 235x290 cm de dimensión, 


Sitio de la Florida, ca. 1670.
Inscripción: "SITIO DLA FLORIDA" (en la filacteria).
 Palacio del Buen Retiro, ca. 1670. Inscripción:
 "PRADO DE S. GEROº Y PASEO D CARLOS II REI DE SPA..."
(en la filacteria).
mientras que Vista de la Torre de la Parada, mide 140x203 cm, todas ellas pertenecientes a la Escuela madrileña. Pero sobre todo impacta por verlas finalmente "al natural" conociendo los avatares y el periplo recorrido por ellas y sus propietarios durante mas de tres siglos. 


Vista de la Torre de la Parada, ca. 1670.
Inscripción: "LA TORRE DE LA PARADA" (en la filacteria).
En seguida nos damos cuenta de que estamos ante tres pinturas, no ante el grupo de cinco que conocíamos en su anterior localización por la imagen de la escalera del palacio de Mombello (Imbersago, Italia). Echamos de menos A Quinta de Equiluz (La Quinta de Queluz) y São Bento dos Negros (sección longitudinal de la iglesia con su cripta y panteón familiar), dos de las posesiones lisboetas de la familia Moura.
Las pinturas de la escalera principal del palacio de Mombello.
Fuente: Mª Teresa Fdez. Talaya
Tras visitar toda la exposición y quedar rendidos a la colección, a la salida decidimos adquirir el catálogo (magnífico ejemplar, editado a la altura de la colección) con la esperanza de que nos ayudase a disipar las incógnitas inherentes a esta serie de pinturas.

No sólo comprobamos que se mantienen los enigmas ya conocidos, sino que Almudena Ros de Barbero, comisaria adjunta de la exposición, plantea nuevos interrogantes en el capítulo de Catalogación de obras:

- La serie completa no estaba formada por cinco, sino por siete lienzos, citados en 1726 (excepto el de São Bento dos Negros) en el inventario de Gisberto Pío de Saboya y Spínola, VII marqués de Castel Rodrigo: Los cinco conocidos más otros dos que representaban El Palacio del Pardo y El Palacio de Valsaín (aquí, dos nuevos enigmas en paradero desconocido).

- Para el que quiera seguir la pista a los cuadros La Quinta de Queluz y São Bento dos Negros, se indica que fueron subastados, igual que el resto de la serie conocida, en Imbersago (Lecco), Semenzato Casa d'Aste, el 20 de mayo de 2001, con los números de lote 1525 y 1526. Entendemos que por no ser de temática madrileña no fueron adquiridos para la presente colección. ¿Habrá pujado por ellos el Estado o alguna institución portuguesa? Mucho lo dudamos, dada la estigmatización que la historiografía contemporánea lusa hizo con todo lo referente a los Castel Rodrigo. 

- La Torre de la Parada, pabellón de caza desde época de Felipe II, construida entre 1547 y 1566, fue ampliada y reformada en 1635 por Juan Gómez de Mora (1586-1648) y Giovanni Battista Crescenzi (1577-1635), cuya imagen corresponde a la conocida representación de Félix Castello, hacia 1640. Como ya apuntábamos en el anterior estudio de estas pinturas, La vista de la Torre de la Parada, ca. 1670, presenta una serie de modificaciones estructurales y de revestimiento exterior que suavizaron y modernizaron mucho su aspecto, en comparación con la anterior imagen, y que tuvieron que ser ejecutadas entre 1640 y 1670. Tanto Pedro Pablo Rubens (1577-1635) como Diego Velázquez (1599-1660) trabajaron en su decoración interior.

- Se confirma que la curiosa iconografía de la serie completa, que aunaba dos residencias privadas de los Castel Rodrigo en España y Portugal, una iglesia y convento lisboeta, junto a cuatro edificios de los Reales Sitios del Pardo (Palacio y Torre de la Parada), Valsaín y Buen Retiro, encuentra su explicación en la historia de dicha familia y sus estrechas vinculaciones con la Monarquía Hispánica y el trono de Portugal.


Nos queda, al final, un doble y contradictorio sentimiento, por un lado, la satisfacción de haber podido contemplar en Madrid parte de esta serie de pinturas que ofrecen tanta información sobre la historia peninsular y por otro, la tristeza de verificar su definitiva dispersión y consiguiente pérdida del sentido unitario que tenía el singular conjunto pictórico.





Palacio Real de El Pardo, ca. 1630. Atribuido a Félix Castello.
Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Vista del Palacio de Valsaín, ca. 1633. Atribuido a Félix Castello.
Patrimonio Nacional.





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BIBLIOGRAFÍA

Catálogo de la Colección Abelló. Ed. CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía. Madrid. 2014.