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martes, 14 de octubre de 2014

D. Manuel II, el último rey de Portugal (y III)




Los reyes Manuel II de Portugal y Alfonso XIII de España, acompañados
por el infante D. Fernando de Baviera al salir de la Estación del Norte. 

Las dramáticas noticias que llegaban del incendio del Teatro de la Zarzuela hacían cundir el nerviosismo entre las autoridades que esperaban la llegada del monarca luso, hasta que a las once de la mañana del lunes 8 de noviembre de 1909 el tren hizo su entrada en la Estación del Norte, procedente la Estación de Delicias. 

Al recibimiento tuvieron acceso el personal de la Legación y Consulado de Portugal, subsecretario de Estado, primer introductor de embajadores, ministros de la Corona, presidentes y secretarios de los Cuerpos Colegisladores, caballeros del Toisón de Oro, capitanes generales, ex presidentes del Consejo de Estado, del Supremo de Guerra y Marina, Tribunal de Cuentas, obispo de Madrid-Alcalá, alcalde, gobernador civil, presidente de la diputación provincial y el jefe superior de Policía, que esperaron desde un cuarto de hora antes en el andén.

En la prensa de la época se podía leer: 
Llegó a Madrid el rey Don Manuel II de Portugal, joven y simpático soberano, que da una prueba de sus sentimientos hacia España y una bella muestra de confraternidad ibérica al principiar por nuestro país sus visitas a las potencias extranjeras, correspondiendo a análogos sentimientos de Don Alfonso XIII.
Pero el programa de los actos previstos para los cinco días de visita oficial estuvo precedido por una copiosa correspondencia epistolar, no sólo entre ambos monarcas sino también entre la reina madre de Portugal, Dª Amelia de Orleans y Alfonso XIII.  



Desde el mes de julio a noviembre de 1909 la reina madre envió por valija diplomática una decena de cartas escritas en francés al monarca español donde reflejaba el ambiente pre-revolucionario que se vivía en Lisboa. Eran cartas personales que expresaban su inquietud política y el desvelo por los primeros pasos oficiales que daba su joven hijo.

Simultáneamente se intercambiaban correspondencia ambos monarcas, formándose un dialogo a tres voces, donde la reina constituía el contrapunto de la experiencia y la sensatez, una especie de voz en off más humana y palpitante que traslucía verdadera confianza en el rey español y la necesidad de su apoyo para consolidar la precaria situación de la corona lusa.

Si hasta la visita a Vila Viçosa la correspondencia entre ambos monarcas se había desarrollado en sus respectivos idiomas, repentinamente cambió al francés, sugiriendo José Manuel Allendesalazar que Alfonso XIII se estaba dirigiendo mentalmente al hijo y a la madre al utilizar de manera aparentemente inconsciente el idioma de la reina.


En sus cartas, la reina hace referencia constantemente, sin entrar en detalles, a las conversaciones mantenidas en Vila Viçosa y, ya en las últimas cartas, sugiere el programa de actividades para la visita de su hijo a Madrid, llegando a ser una verdadera obsesión para ella.
Los dos monarcas en Madrid.
Foto: Ilustração Portuguesa.
Fundação Mário Soares

El carácter algo sedentario y retraído del joven monarca luso, y su mayor inclinación a la actividad intelectual sobre la física hace que la reina pida a Alfonso XIII que muestre, con la autoridad de su ejemplo, que la actividad física y el vigor de la juventud no son de ninguna manera incompatibles con los deberes y los trabajos intelectuales de un soberano:
Te ruego que le lleves a alguna cosa militar, muéstrale cómo tu te ocupas constantemente del Ejército, hasta que punto estás personalmente dedicado a él. Hazle ver...el Museo, la Armería, El Escorial y, si es posible, aunque noviembre es mala época, una corrida. 
Finalmente, su visita y el programa de actos se desarrollaron de la siguiente manera:




-  Lunes 8. Once de la mañana, Recepción oficial en la estación (de gala). Tarde, visitas (de levita los paisanos; portugueses, de militar y españoles, en traje de presentaciones). A las siete, recepción diplomática en la sala de Gasparini. A las ocho y media, comida de gala y concierto (gran gala, señoras con banda).

- Martes 9. Mañana, Revista en el campamento de Carabanchel (traje de campaña). Almuerzo en la Legación de Portugal de la calle de Hortaleza (militares españoles de media gala, sin banda). Tarde, visita al Museo de Pinturas y al Museo de Arte Moderno del paseo de Recoletos (traje como el día anterior). Noche, comida en casa de la infanta Isabel (de diario).


Durante las maniobras militares
 en 
el campamento de Carabanchel.
Foto: ABC

- Miercoles 10. Mañana, Cacería en la Casa de Campo. Noche, té en casa de la excelentísima señora duquesa viuda de Bailén.


Durante la cacería en la Casa de Campo. Foto: ABC

- Jueves 11. Excursión a Toledo (militares, de diario y paisanos, de americana y sombrero hongo).


Los monarcas en Toledo. Foto: ABC

- Viernes 12. Mañana, visita a El Pardo (traje de americana). Almuerzo a la Comisión de la Oficialidad  del Regimiento de Castilla (traje de presentaciones a personas Reales). Tarde, visita al Escorial y despedida (de paisano).

El viaje real continuaría, después de España, a Inglaterra y Francia. Apenas un año después, en octubre de 1910, los cañones de un buque de la Marina portuguesa comenzaron a disparar contra el Palacio Real, con el rey dentro. A las pocas horas la familia real embarcaba para iniciar un viaje, con escala en Gibraltar, rumbo al exilio británico.





ARTÍCULOS RELACIONADOS:
D. Manuel II, el último rey de Portugal (I)
D. Manuel II, el último rey de Portugal (II)


Bibliografía:

Los primeros pasos de un reinado imprevisto. José Manuel Allendesalazar. Boletín de la Real Academia de la Historia. TOMO CXCVIII. NUMERO III. AÑO 2001.

Hemeroteca ABC.

martes, 23 de septiembre de 2014

D. Manuel II, el último rey de Portugal (II)


Alfonso XIII y Manuel II en Vila Viçosa, Portugal.

Cuenta Carlos Seco Serrano que entre los reyes Alfonso XIII y Manuel II se estableció una relación de "solidaridad monárquica". No hay que olvidar la amistad que unía al monarca español con el hermano mayor de D. Manuel y príncipe heredero de Portugal, Luis Filipe, casi de su misma edad. 

Luis Filipe había asistido, en representación de su padre el rey D. Carlos I, el 31 de mayo de 1906, casi dos años antes del regicidio, a la boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battemberg siendo testigo del posterior atentado que sufrieron los monarcas recién desposados a su paso por la madrileña calle Mayor.



Así, tres meses después del regicidio, el 14 de mayo de 1908, D. Manuel II era condecorado con la Insigne Orden del Toisón de Oro por el rey Alfonso XIII . Las cartas de ánimo, apoyo y afecto del monarca español al joven monarca luso se sucedieron y en febrero de 1909, un año después de regicidio, Manuel II tuvo un encuentro con Alfonso XIII en Vila Viçosa, lo que desencadenó las protestas del cada vez más amplio sector republicano. 


Alfonso XIII y Manuel II en Vila Viçosa, Portugal.

No se conoce el contenido del encuentro de Vila Viçosa, ni los historiadores se ponen de acuerdo sobre si allí se fraguó o no un compromiso o pacto de mutua ayuda contra las embestidas revolucionarias. No obstante, el encuentro bien pudo ser la materialización a la oferta de "cooperación material, si fuera preciso, que pueda yo prestarte" que había formulado antes el monarca español en sus cartas.




Nueve meses después, el lunes 8 de noviembre de 1909, el fuego destruía por completo uno de los teatros más importantes y emblemáticos de Madrid, el Teatro de la Zarzuela. 
El incendio que devoró el famoso teatro tuvo lugar a las siete de la mañana, lo que evitó una verdadera tragedia humana. Cuatro horas después del incendio llegaba a Madrid el Rey de Portugal D. Manuel II... 










ARTÍCULOS RELACIONADOS:
D. Manuel II, el último rey de Portugal (y III)


Bibliografía.

Alfonso XIII. El rey polémico. Javier Tusell, Genoveva G. Queipo de Llano. Ed. Taurus.
Alfonso XIII y la Revolución Portuguesa. Carlos Seco Serrano

martes, 16 de septiembre de 2014

D. Manuel II, el último rey de Portugal (I)

D. Manuel II de Portugal

El 1 de Febrero de 1908, al regreso de una estancia en el Palacio real de Vila Viçosa, el rey D. Carlos y el príncipe heredero D. Luis Filipe, son asesinados en plena Plaza del Comercio. De una tacada, Costa y Buiça, decapitaban la monarquía portuguesa, dejando el trono en manos de un poco preparado D. Manuel sin capacidad ni margen de maniobra para gestionar una situación política explosiva que llevaría a la caída de la monarquía y a la implantación de la República el 5 de octubre de 1910.


El regicidio se puede ver en esta dramatización cuyos hechos se desarrollaron así:

En la popular Plaza del Comercio de Lisboa, junto al imponente río Tajo, una multitud se agolpa para saludar al paso del carruaje real. Va descubierto y sin demasiada escolta para aparentar normalidad. De pronto, empiezan los tiros. El rey D. Carlos I recibe un impacto en el cuello y fallece en el acto. Su primogénito y heredero al trono, D. Luis Felipe, es mortalmente herido. La reina Dª Amelia, de pie en el carruaje, trata de defenderse golpeando con un ramo que ha recibido momentos antes. Dos de los atacantes, republicanos radicales miembros de la sociedad secreta Carbonaria, también fallecen en el intercambio de disparos. El segundo en la línea sucesoria, D. Manuel, es herido en un brazo. La muerte de su padre y hermano le convierten en rey. El último de Portugal.

El 21 de mayo de 1908, casi cuatro meses después del regicidio, el entonces rey D. Manuel II describió la forma como vivió este trágico acontecimiento, con el título de Notas absolutamente íntimas, cuyas últimas líneas dicen:

(...) Salimos de la estación bastante despacio. Mi madre iba hablándome cuando se escuchó el primer disparo en el Terreiro do Paço que yo no oí: era sin duda la señal, la señal para comenzar aquella monstruosidad infame, porque se puede decir y digo que fue la señal para empezar la cacería. Fue lo mismo que se hace en una cacería de fieras: se sabe seguro que tienen que pasar por un camino y cuando entran en ese camino se da la señal y comienza el fuego. ¡Infames! Yo estaba mirando hacia el lado de la estatua de D. José y vi un hombre de barba negra con un gran gabán. Vi a ese hombre abrir la capa y sacar una carabina. Estaba tan lejos de pensar en un horror de estos que me dije para mi mismo, sabiendo el estado de agitación en estaba todo, "qué broma más pesada". El hombre salió de la acera y vino por detrás del coche y comenzó a disparar. Cuando vi al tal hombre de barba negra, cuya cara daba miedo, apuntar sobre el carruaje me di cuenta, infelizmente, de lo que pasaba. ¡Dios mío qué horror!. Lo que entonces pasó sólo Dios, mi madre y yo sabemos. (...) 

Sin demasiado tiempo para asimilar la tragedia y con tan solo 18 años D. Manuel II asumió la Corona lusa. El joven monarca debía afrontar la profunda crisis social que asolaba al país, el descrédito de la clase política, tradicional sostén de la monarquía, las constantes amenazas de golpes de Estado y los problemas derivados de las colonias africanas.



En los dos años de su reinado, D. Manuel II demostró que carecía del carácter enérgico y la diplomacia de su padre, lo que agravó la inestabilidad. En tan corto espacio de tiempo se formaron siete gobiernos. Estos vaivenes y cuitas internas de los partidos monárquicos contrastaban con la organización y determinación de los republicanos. El descontento en la calle se acrecentó y preparó el camino para una revolución de la que se van a cumplir 104 años.

En noviembre de 1909 D. Manuel II visitó Madrid, figurando entre sus acompañantes  Joaquín de Arteaga y Echagüe, marqués de Santillana. Los revolucionarios interpretaron el motivo del viaje como una búsqueda de apoyo armado con el fin de sostener la vacilante monarquía... 



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Fuentes:

História Aberta.
Recuerdos portugueses en Madrid. José María Sanz García. Instituto de Estudios Madrileños. 1992.