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sábado, 28 de enero de 2012

Abada (y II)


 
Calle de la Abada esquina Plaza del Carmen


Leyendas y misterios de Madrid de José María de Mena nos da la pista sobre la llegada del segundo ejemplar de rinoceronte vivo a Europa, esta vez a la corte de Felipe II, en el Madrid de 1581.


Nos cuenta cómo el más curioso de los papeles que llegaron a la mesa de Felipe II aquel día de mayo del año 1581 era un mensaje del presidente de la Casa de la Contratación de Sevilla, en que comunicaba al rey haber llegado en un barco procedente de la lejana isla de Java un regalo de su gobernador, don Alonso de Gaitán, en nombre del reyezuelo indígena Musuturé Fusuma. El tal Musuturé se habia enterado de que ya no era vasallo de Portugal sino del rey de las Españas, y le enviaba como presente un animal típico de aquella lejana colonia.
- El animal, señor, es tres veces como un gran buey, se alimenta de yerbas y grano, y tiene la piel gruesa y fuerte como una coraza. Es feroz y tiene un cuerno solo, y como no puede dejársele solo por el gran peligro que ello entraña, viene metido en una recia jaula de hierro.
Felipe II que deseaba siempre tener oportunidad de manifestar a su Corte y a su pueblo el poderío de su realeza, determinó de seguido hacer traer el extraño y monstruoso animal a Madrid para que, viéndolo todos, se hicieran idea de su soberana autoridad sobre paises lejanos que tan extraños animales producían.


Como el reyezuelo de Java no sabía la lengua española, el mensaje en que ofrecía el regalo venía escrito en lengua portuguesa, y como en portugués el nombre de rinocronte hembra es Abada así nos llegó el vocablo, junto con la extraña criatura.

Solo nos resta saber de qué manera se instaló en el callejero de Madrid el nombre de Abada, desde la Plaza del Carmen hasta desembocar en plena Gran Via, entre el antiguo cine Avenida y el Palacio de la Música. Si bien ya tenemos al animal exibiéndose en algún rincón de la ciudad, es necesario acudir a las leyendas madrileñas para averiguarlo.

Parece ser que la abada en cuestión se exibía en las eras del monasterio de San Martín, por donde ahora se sitúa la calle y a partir de ahí, hay varias versiones bien distintas.

Una que habla de los amores prohibidos entre un alguacil de la villa y la abadesa del monasterio, otra que habla del gran provecho que le sacaron unos espabilaos al cuerno del rinoceronte, molido en polvo, y sus supuestos efectos afrodisíacos.

Y parece que la más extendida es la que cuenta como  un joven que regentaba un horno cercano iba todas las mañanas a darle a la hembra de rinoceronte un pedazo de pan. Poco a poco se fue ganando la confianza del animal hasta que llegó el día en el que pasó dentro de la jaula a darla de comer. Tuvo la feliz idea de darle un bollo recién salido del horno, por lo que cuando la abada se lo comió, quemándose el estómago, lo pagó con el joven panadero, que murió atacado por la furia del animal.

En memoria del animal y del suceso la zona de las eras de San Martín se quedó con el nombre de calle de la Abada.



Calle de la Abada esquina Gran Vía


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jueves, 26 de enero de 2012

Abada (I)

Nos encontramos ante otro lusismo que significa rinoceronte hembra y que forma parte del callejero madrileño. Pero antes de que esta palabra entrara en nuestro idioma y se quedara entre nuestras calles, junto a la Gran Vía, hay una historia en dos capítulos bastante curiosa alrededor del paquidermo así llamado y su llegada a Europa.



 
El rinoceronte. Alberto Durero, 1515. Grabado. Museo Británico.

El primer ejemplar de rinoceronte indio visto en Europa desde los tiempos del Imperio romano fue el que llegó a la corte del rey Manuel I, el venturoso, un 20 de mayo de 1515 en Lisboa. Fue un intercambio de regalos diplomáticos entre el sultán Muzafar II y Alfonso de Alburquerque, gobernador de la india portuguesa quien decidió embarcarlo a Lisboa. Tras un viaje de ciento veinte días, el animal y su cuidador desembarcaron junto a la torre de Belém causando el lógico asombro al ser considerado hasta entonces una criatura legendaria que aparecía en los bestiarios junto al unicornio.

Continuando la tradición del rey Manuel I de hacer regalos exóticos al Papa León X a cambio de privilegios (actuación normal en la época y que hoy llamaríamos "tráfico de influencias") el rinoceronte fue nuevamente embarcado en diciembre de 1515 junto a una comitiva deslumbrante similar a la famosa del año anterior con la variante de elefante blanco indio. Esta historia es muy parecida a la narrada en la novela de José Saramago El viaje del elefante, acaecida durante el reinado de Juan III, hijo de Manuel I, con viaje por tierra y mar y con Viena por destino final. 

A su paso por Marsella, la curiosidad el rey Francisco I de Francia hizo que la comitiva tuviera que desembarcar en una isla cercana el 24 de enero de 1516 para ser admirada por el rey. Finalmente el barco naufragó durante una tormenta frente a la costa de Liguria donde el rinoceronte no pudo ser rescatado y murió ahogado. Aún así, su piel fue disecada y, rellena de paja, llegó por fin a Roma.



Gárgola-ménsula con rinoceronte en la Torre de Belém.

Estos hechos son recordados en una de las gárgolas o ménsula de la Torre de Belém, inspiraron la novela El rinoceronte del Papa de Lawrence Norfolk (de la que Saramago sería conocedor), las surrealistas escenas del rinoceronte en E la nave va de Federico Fellini, el famoso grabado de Alberto Durero, ...



Fotogramas de E la nave va. Federico Fellini. 1983
Fuente: maquinariadelanube.

La imagen de Durero de 1515 se basa en una descripción escrita junto a un boceto realizados por un artista portugués desconocido cuando nuestro protagonista llegó a Lisboa. Nunca vio Durero al rinoceronte real y a pesar de las imprecisiones anatómicas se dice que probablemente ninguna otra representación de un animal ha ejercido una influencia tan grande en las artes.


Sucesivos grabados del rinoceronte de Alberto Durero.

El segundo ejemplar de rinoceronte vivo en Europa no se volvió a ver hasta la llegada de nuestro siguiente protagonista a la corte de Felipe II en 1581 dejándonos el nombre de Abada y su calle en Madrid. Historia igualmente curiosa que veremos en la próxima entrada.

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