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martes, 28 de julio de 2015

Paulo Portas


Durante el pasado mes de Junio el viceprimer ministro de Portugal, Paulo Portas (Lisboa, 1962), hizo una visita a Madrid para reunirse con su homóloga española Soraya Sáenz de Santamaría. 

Paulo Portas, quien es hijo del arquitecto Nuno Portas y hermano de Miguel Portas (dirigente del Bloco de Esquerda), es líder de la coalición democristiana CDS-PP (Centro Democrático Social-Partido Popular) y fue entrevistado por Javier Tahiri, del diario ABC.

Como periodista de formación, confesó ser lector del diario ABC desde hace 30 años y demostró ser un gran conocedor de la actualidad nacional española. De su conversación extraemos algunas reflexiones políticas sobre este y el otro lado de la frontera que son de gran interés, ante las próximas elecciones legislativas de octubre en Portugal.

En relación a la transición española, Paulo Portas admira cómo políticos que no tenían nada en común  como Suarez, González, Fraga y Carrillo llegaran a grandes acuerdos. Prefiere las reformas a las revoluciones ya que sólo se hacen revoluciones donde no hay reformas.

Sobre las próximas elecciones legislativas y el posible surgimiento de partidos emergentes como en España, afirma que en Portugal no hay secesionismos, ni han surgido partidos como Syriza o Podemos porque el extremismo nunca ha triunfado en Portugal (el 80% de los votantes son de centro).

Dice que el riesgo que se corre es que la inversión huye de los países extremos y se dirige a los gobernados de forma razonable, que el espacio democrático natural convierte dificultades en oportunidades.

Recuerda que fueron la democracia cristiana y la socialdemocracia quienes trajeron la prosperidad a Europa tras la II Guerra Mundial, no los radicales, sino los moderados.

Quizá los discursos moderados sean menos estimulantes, pero, asegura, dan lugar a sociedades más prósperas.


Foto: Ignacio Gil. ABC

martes, 10 de marzo de 2015

Santa Teresa de Jesús y Portugal

Santa Teresa de Jesús. Talla de Gregorio Fernández.
Museo Nacional de Escultura. Valladolid.

El 28 de marzo se celebra el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Por este motivo queremos dedicar, desde estas páginas, un pequeño homenaje a tan singular y gran mujer desde una de sus facetas menos conocidas de ella: la política.
Para ello no vamos a profundizar en su obra espiritual -ojalá estuviéramos a la altura para poder hacerlo y, además, doctores (como ella) tiene la Iglesia- ni en la literaria, cuya lectura tanto gozo nos provoca, pero sí que vamos a fijarnos en parte de su epistolario. 




Con dos de sus cartas podemos intuir cómo Santa Teresa de Jesús no sólo era una mujer de su época, informada de los acontecimientos políticos, sociales y religiosos de su tiempo, sino que, además, era un personaje con gran influencia y liderazgo en lo que hoy llamaríamos la cúpula del poder y cuya opinión era solicitada y respetada.

No ajena a la actualidad, la situación del reino de Portugal -tras la muerte del rey D. Sebastião en batalla- le preocupa mucho, como trasciende de su epistolario. A través de él, podemos ver cómo intenta controlar la difícil situación... y puede que lo consiguiera.

Así como hay cartas dirigidas Al prudentísimo señor, el rey Felipe II, quejándose de las injustas persecuciones contra sus religiosas de Sevilla y contra el venerable padre fray Jerónimo Gracián -su superior y confesor- hay otras dirigidas a este último, como la que le escribe el 19 de agosto de 1578 sólo quince días después de la catástrofe de Alcácer-Quibir, donde murió el rey D. Sebastião, diciéndole estas palabras tan certeras sobre las relaciones internacionales:
(...) Mucho me ha lastimado la muerte de tan católico Rey, como era el de Portugal, y enojado de los que le dejaron ir á meter en tan gran peligro. Por todas partes nos da á entender el mundo la poca seguridad que hemos de tener, de ningun contento, si no le buscamos el padecer (...) 
Un año después del desastre, la candidatura presentada por Felipe II para ceñir la corona de Portugal origina el debate político y social del momento en la península. 

En este contexto y treinta días después de que el rey-cardenal Henrique I comunicara al embajador Cristovão de Moura que aceptaba la candidatura de Felipe II, Santa Teresa de Jesús escribe a su amigo D. Teotónio de Bragança, arzobispo de Évora, el 22 de julio de 1579, unos interesantes comentarios sobre la situación.

Hay que recordar que D. Teotónio era tío de D. João de Bragança, otro de los entonces pretendientes a la corona de Portugal, cuyo nieto sería D. João IV, tras la sublevación de 1640. D. Teotónio fue nombrado arzobispo de Évora por el propio cardenal D. Enrique, sustituyéndole, cuando este último tuvo que acceder al trono tras la muerte del rey D. Sebastião.

En su carta, Santa Teresa le insta con estas palabras:
(...) Vuestra Señoría me mande hacer saber, si hay alla alguna nueva de paz, que me tiene harto afligida lo que por acá oigo, como á V.S. escribo: porque si, por mis pecados, este negocio se lleva por guerra, temo grandísimo mal en ese reino, y aún á ese no puede dejar de venir gran daño.
Dícenme es el duque de Braganza el que la sustenta, y en ser cosa de V.S. me duele en el alma, dejadas las muchas causas que hay sin esta. Por amor de nuestro Señor, pues de razon V.S. será de mucha parte para esto con su señoría, procure concierto (pues según me dicen hace nuestro rey todo lo que puede, y esto justifica mucho su causa) y se tenga delante los grandes daños que pueden venir, como he dicho: y mire V.S. por la honra de Dios, como creo lo hará, sin tener respeto á otra cosa.
Plega á Su Majestad ponga en ello sus manos, como todas se lo suplicamos; que yo digo á V.S. que lo siento tan tiernamente, que deseo la muerte, si ha de permitir Dios que venga a tanto mal, por no lo ver. El guarde á V.S. con la santidad que yo le suplico muchos años para bien de su Iglesia, y tanta gracia que pueda allanar negocio tan en su servicio. Por acá dicen todos que nuestro rey es el que tiene la justicia, y que ha hecho todas las diligencias que ha podido, para averiguarlo. El Señor dé luz para que se entienda la verdad, sin tantas muertes como ha de haber si se pone á riesgo; y en tiempo que hay tan pocos cristianos, que se acaben unos á otros es gran desventura (...) 
Consideramos estar ante una carta de alto interés político y retórico. El modus operandi de la remitente y la influencia de su destinatario pudieron ser decisivos para la historia peninsular. 

En lo señalado con negrita observamos cómo Santa Teresa de Jesús toma partido por su rey y cómo pide frontalmente a D. Teotónio que neutralice las aspiraciones de su sobrino empleando, de manera admirable, la retórica para suavizar sus palabras con otros argumentos de índole espiritual y en pro de la paz.




En este humilde homenaje hemos dejado deliberadamente al margen la conexión espiritual de la santa andariega con Portugal, tras la primera fundación hecha en 1585 por la hermana María de San José de Salazar del monasterio de San Alberto en Lisboa.

Agradecemos, finalmente, a Santa Teresa de Jesús la oportunidad que nos ha brindado de traerla a nuestras páginas debido a la conexión política, pequeña pero trascendental, que también tuvo con la historia de Portugal.
Santa Teresa de Jesús. José de Ribera.
Museo Bellas Artes de Valencia
.

BIBLIOGRAFÍA.

Obras de Santa Teresa de Jesús, novísima edición, corregida y aumentada. Conforme a los originales y a las últimas revisiones, y con notas aclaratorias. VICENTE DE LA FUENTE. Tomo V. comprende la segunda parte del Epistolario de la Santa. Con licencia de la Autoridad eclesiástica. Madrid, 1881.


D. SEBASTIÃO, Rei de Portugal. ANTONIO VILLACORTA BAÑOS GARCÍA. A Esfera dos Livros. Lisboa, 2006.  

martes, 1 de abril de 2014

Antonio Ferro


Antonio Ferro (1895-1957) fue periodista, escritor, cronista y político de fuerte personalidad y trayectoria intelectual muy singular. Con sólo veinte años fue el editor de la revista Orpheu, fundada por Fernando Pessoa y Almada Negreiros entre otros, siendo uno de los más elocuentes portavoces de los movimientos de vanguardia al tiempo que defensor del nacionalismo y de la intervención del Estado en la cultura. Abandonó el derecho por el periodismo colaborando desde 1919 en O Jornal, O Século, Diário de Lisboa y Diário de Notícias y dirigiendo en 1921 la revista Ilustração Portuguesa, donde queda patente su carácter nacionalista. 

En 1924 pasa al ámbito internacional al hacer sonadas entrevistas a dictadores, militares e intelectuales nacionalistas europeos para O Século y el Diário de Notícias, entre ellos a Mussolinni, Clémenceau, Maurras, Alfonso XIII, Miguel Primo de Rivera, Poincaré, el general Pétain, Gabriel d’Annuncio o Pío XI, que fueron recogidas en su libro Viagem à volta das Ditaduras.




Su obra política se vería ampliada con Prefácio à República Espanhola (1933), en la que pretende hacer una radiografía de la vida pública española mediante la descripción de algunos de sus ilustres personajes, como Marcelino Domingo, José Ortega y Gasset, Indalecio Prieto o Miguel de Unamuno. Entonces Ferro ya se sentía identificado con el proyecto salazarista y publica las célebres cinco entrevistas a Salazar en el Diário de Notícias recogidas en Oliveira Salazar. O Homem e a sua obra (1933).



Salazar quedó rendido a su talento y le encargó al año siguiente la creación del Secretariado de Propaganda Nacional. Desde ese cargo intentó crear una política de espíritu que buscaba, por un lado, recuperar las raíces del folclore portugués y, por otro, hacer de algún modo pedagogía del arte moderno, poniendo en práctica su proyecto intervencionista en el arte y la cultura portuguesas. En 1935 crea el Cinema Popular Ambulante y, poco después, el Teatro do Povo.
Su labor fue vista como sospechosa por los intelectuales portugueses de la oposición y con desconfianza por una derecha que temía su osadía. A partir de 1945 su departamento pasó a denominarse Secretariado Nacional de Información y en 1950 abandonó su cargo por el de ministro plenipotenciario en Berna y el de embajador en el Quirinal en 1955. Estuvo casado con la poetisa Fernanda de Castro y fue el padre del escritor Antonio Quadros (al que debemos grandes momentos de lectura sobre la historia de Portugal con su iniciático Portugal: Razón y misterio).




Su relación con la capital de España fue intensa, como hemos visto, pero queremos destacar dos episodios de Antonio Ferro ocurridos entre nosotros relacionados con dos grandes intelectuales y conocedores de la cultura portuguesa: Unamuno y Ramón Gómez de la Serna.

-   En 1930 Unamuno concede en Salamanca una entrevista a Antonio Ferro que es publicada en el Diário de Notícias. Unamuno se muestra en ella contrario a la fragmentación de la península ibérica y propone a los escritores gallegos, catalanes y vascos que escriban en castellano, para poder llegar a un público más amplio. Esta opinión provocó la reacción de Pessoa ampliando el foco de atención no sólo a la realidad ibérica, sino al contexto internacional, respondiendo a Unamuno con estas duras palabras:


El problema de la lengua no importa, porque si a un catalán le gusta escribir en castellano lo hará entonces como lo hace ahora, del mismo modo que un catalán puede escribir en francés y tener un público más amplio. Unamuno ha propuesto: ¿por qué no escribir en castellano? Si se trata de eso, prefiero escribir en inglés, que me proporcionará un público más amplio que el castellano (...) El argumento de Unamuno es, en realidad para escribir en inglés, ya que esa es la lengua más difundida en el mundo. Si me abstuviese de escribir en portugués porque mi público es, en consecuencia, limitado, también puedo escribir en la lengua más difundida de todas. ¿Por qué habría de escribir en castellano? ¿Para que pueda entenderme Unamuno? Es pedir demasiado por tan poco.


Unamuno, el general Sanjurjo, su esposa y Fernández Flores en Estoril.
Foto: ABC  
Hay que apuntar que este desencuentro estuvo precedido por un primer incidente entre ellos cuando, en 1915, Pessoa envió a Unamuno una carta acompañando el envío de la recién salida revista Orpheu en la que afirmaba:


(...) estamos seguros de que en ella (la revista) tendrá la sorpresa de encontrar algo con lo que no se habrá topado en su recorrido a través de las literaturas conocidas. Como somos absolutamente conscientes de nuestra originalidad y de nuestra elevación, no tenemos ningún escrúpulo en decirlo.


Y que obtuvo de Unamuno un simple y cortés agradecimiento por escrito, como era su costumbre en aquellos envíos que no despertaban especialmente su interés.

-   Si hubo un autor portugués entre los amigos de Ramón Gómez de la Serna que merece una atención especial por la intensidad de su relación fue, sin duda, António Ferro. Él es el más citado en los textos de Ramón sobre Portugal y con el que abordó un mayor número de proyectos en común, además de ser, en palabras de José Osório de Oliveira, tal vez el único que sufrió la influencia de la prosa y del espíritu de Ramón. Ferro, aparece en Pombo calificado como gran poeta y en La sagrada cripta de Pombo, donde se reproduce una fotografía suya tomada en el café Martinho, también aparece una referencia al gran António Ferro, lo cual parece subrayar la importancia de la amistad y la admiración demostrada por Ramón hacia el escritor portugués.

Pero la admiración fue mutua como parecen demostrar las ocasiones en que ambos colaboraron en proyectos comunes y la más que posible presencia de la greguería ramoniana en el universo de lecturas del António Ferro autor de libros como Leviana o Teoria da indiferença, donde aparecen colecciones de aforismos que se sitúan muy cerca del espíritu de la greguería. 


En 1924, Ferro afirma en una entrevista a Ramón que cuando en España todavía no sabían bien su nombre [hace referencia a 1915], nosotros ya lo escribíamos correctamente, con todas las letras. La admiración mutua queda bien de manifiesto en las colaboraciones ofrecidas por los dos autores. Así, Gómez de la Serna prefacia la edición definitiva de la novela en fragmentos Leviana (1929), mientras que Ferro escribe unas esclarecedoras páginas que anteceden a la traducción de la novela breve de Ramón La roja (A Ruiva), que ve la luz en Portugal en 1923, donde afirma lo siguiente:

Ramón Gómez de la Serna, acróbata de frases y de ideias, es el gran escritor de la España moderna. Su obra es fuerte, su obra que es un circo de payasos y de juglares, es el triunfo ruidoso y definitivo de la nueva literatura española.
Ramón, artista niño, que todavía no se cansó de poner juguetes en el árbol de navidad de su Arte es uno de los escritores más originales del momento, de los más imprevistos y de los más raros. (…) Ramón Gómez de la Serna que nunca fue un discípulo es hoy un maestro. España, que llevó mucho tiempo en tomarlo en serio, tiene hoy por él el respeto y la ternura que todos los innovadores deben merecer. Es necesario que Portugal también le conozca.





Ramón Gómez de la Serna en "El Ventanal", su estudio de Estoril.


Exterior del estudio de Ramón en Estoril.



AGRADECIMIENTO:
A Hipólito de la Torre, catedrático de Historia Contemporánea y buen amigo, quien nos proporcionó este complejo y olvidado personaje.

BIBLIOGRAFÍA:
- Iberia. Introducción a un imperialismo futuro. Fernando Pessoa. Pre-textos. Colección Textos y Pretextos. Valencia, 2013.
- Ramón Gómez De La Serna, António Ferro y la greguería. Antonio Sáez Delgado. Universidade de Évora.
- Tudo pela Nação, nada contra a Nação. Salazar, la creación del secretariado de Propaganda Nacional y la censura. Alberto Pena Rodriguez. Universidad de Vigo.
- Inconformista.info

martes, 25 de marzo de 2014

Joaquim Novais Teixeira


Joaquim Novais Teixeira.
Foto: Manuel Merdes


Nació en Guimarães (Portugal) el 21 de abril de 1899 y fue hombre de siete oficios: escritor, periodista, activista político, crítico literario y de cine, programador cultural, comentador de política internacional y administrador. De gran formación literaria y poética, su espíritu creativo y una intensa voluntad de intervención cívica marcarían su futuro personal y profesional.

En 1919, con veinte años, emigró a Madrid donde trabajó en banca, colaboró en diarios madrileños y desempeñó corresponsalías de diarios y revistas portuguesas. Conoció los mejores círculos intelectuales y artísticos madrileños conviviendo con figuras como Unamuno, García Lorca, Pío Baroja, Díez Canedo, Manuel Azaña, Valle-Inclán, Luis Buñuel (con quien tuvo una relación privilegiada) y su compatriota José Almada Negreiros, quien le retrató junto a su familia, que creó en Madrid.

Claro-oscuro. Retrato de Joaquim Novais
 Teixeira 
y su familia. Almada Negreiros.

Durante su estancia en España y en particular desde la llegada de la dictadura militar de 1926 en Portugal, el periodista intentó ayudar y apoyar a los refugiados opositores al gobierno portugués. La proximidad a los círculos republicanos y progresistas permitió su promoción con la implantación de la República española al ser nombrado Director del Servicio de Prensa extranjera y más tarde Jefe del Servicio de Prensa española, por su amigo el presidente Manuel Azaña. 

Como Consejero de Largo Caballero, vivió muy intensamente la Guerra Civil española y los textos que entonces publicó constituyen uno de las más notables contribuciones para el conocimiento de aquel periodo intenso y turbulento de la Historia de España. Después de la Guerra se refugió en Francia sin poder regresar a Portugal debido al régimen salazarista.

La invasión de Francia por las tropas alemanas, acabó por llevarle al exilio en Brasil, donde colaboró y dirigió publicaciones de apoyo a los aliados, la Gran Enciclopedia Portuguesa y Brasileña y tradujo las cartas del Padre António Vieira en 1948.
Considerado uno de los mayores especialistas mundiales sobre política internacional de su tiempo, volvió a Francia en abril de 1948, estableciéndose en París y colaborando activamente y representando diarios brasileños. Fueron famosos sus reportajes en Italia, Suiza y sus trabajos sobre la cuestión franco-árabe realizados en Túnez, Argelia y Marruecos. 

En el taller de Helena Vieira da Silva, Arpad Szenes, Fernanda França,
José Augusto-França, Novais Teixeira, António Dacosta.
Foto: 
Fernando Lemos, 1949.

En París se relaciona nuevamente con los círculos culturales y artísticos y con varias figuras de las artes y las letras portuguesas radicadas e Francia como la pareja formada por María Helena Vieira da Silva y Arpad Szenes, José Augusto y Fernanda França y António Dacosta, su íntimo amigo.

Estuvo muy relacionado con el cine, siendo uno de los más respetados críticos de su tiempo. Hizo parte de los jurados del Festival de Cannes, Venecia, Berlín, Locarno, São Paulo y Niza (donde se estableció anualmente el Premio Novais Teixeira al mejor cortometraje) y ayudó a divulgar algunas tendencias renovadoras del cine portugués como ocurrió con el estreno en el Festival de Venecia de la película El pintor y la ciudad, de Manoel de Oliveira.

En 1958 tuvo la posibilidad regresar a Portugal desde que saliera cuarenta años antes. Volvía como un prestigioso periodista y promotor de la cultura portuguesa fuera de sus fronteras. Joaquim Novais Teixeira murió en París en diciembre de 1972.


Joaquim Novais Teixeira. Fuente: Tempo Contado


Fuentes del texto: 
António Amaro das Neves
Fernão Rinada

martes, 18 de febrero de 2014

Cristovão de Moura (y III)



En la entrada anterior vimos cómo por varios motivos todo recuerdo de los Castel Rodrigo llegó a desaparecer de la memoria histórica portuguesa. En Madrid, su patrimonio no corrió la misma suerte que en Portugal pero no dejó de estar rodeado de azar y de algunas incertidumbres...

'Vista de Madrid', de Antón van der Wyngaerde (1561).
Biblioteca Nacional de Viena.


Parece haber desaparecido también de la memoria madrileña la primera casa que los Castel Rodrigo tuvieron en Madrid y que tal vez fuera construida por Cristovão de Moura. En la descripción de la boda de su hija en 1598 con el duque de Alcalá en Madrid se relata que estando el palacio de Moura muy cerca del Alcázar el cortejo entró por la puerta de Segovia, junto al río Manzanares. De la casa se dice que tenía por lo menos dos pisos, accediéndose al noble por una escalera monumental que daba a una gran sala con oratorio anexo y una galería adornada con buenas pinturas donde se realizó el banquete. Estaba en una calle intransitable que las autoridades arreglaron con gran gasto al hacer en su inicio un pozo de recogida de aguas.

Por otro lado, Moura informó poco antes de morir, en carta a D. Pedro de Castilho de 26 de noviembre de 1613, que el rey le obligó a vender su casa madrileña al nuevo valido y sustituto de Lerma, el duque de Uceda, teniendo que alquilar otra. Según Cabrera de Córdoba, paradójicamente, Moura ya no tenía casa propia en esa época, estando alojado desde febrero de 1610 en las casas de D. Pedro de Porras frente a Santa María, casas que también compró Uceda en 1613.



Tal vez fue en esas casas donde Moura vivió los últimos tres años de su vida donde después el duque de Uceda construyó su conocido palacio a partir de 1613. Hay otra carta de D. Alonso de Velasco, embajador en Londres recién llegado a Madrid, a D. Diego Sarmiento de Acuña de fecha 1 de enero de 1614 que corrobora la sorprendente situación de Cristovão de Moura cuando, al acudir a su entierro el 27 de diciembre de 1613 en Madrid, se dirigió a Juan de Idiaquez, amigo del fallecido durante más de cincuenta años, para lamentar que sólo le habría faltado morir en su casa para terminar feliz su carrera.

 D. Manuel de Moura, por Diego de Velázquez. 
Madrid. Col. particular. Foto: Paulo Varela Gomes.

Manuel de Moura y Corte Real (1590-1651), II marqués de Castel Rodrigo y I conde de Lumiares, siguió los pasos de su padre en el arte de la diplomacia al entrar al servicio del príncipe de Asturias en 1615. Se casó con Leonor de Melo. A partir de 1621 tuvo que lidiar con el conde-duque de Olivares, favorito de Felipe IV hasta que fue enviado como embajador a Roma en 1632 donde se hará benefactor de Borromini. Tras la secesión de Portugal, entre 1642 y 1647 fue enviado en misión diplomática a la corte de Viena y a Bruselas como gobernador de Flandes, regresando a Madrid como Mayordomo Mayor hasta su muerte en 1651, a los 61 años de edad. 

La muestra El Madrid de Velázquez y Calderón sitúa el palacio de Manuel de Moura, en 1656, sobre parte del gran solar donde mas tarde se construiría el Palacio de Liria. Hechas las comprobaciones oportunas, no hay rastro alguno de la venta de este solar por parte de los herederos de Manuel de Moura  a Jacobo Fitz-James Stuart y Colón de Portugal, III duque de Liria, quien comenzó a construir su palacio en 1762 por lo que no damos excesivo crédito a esta localización.


Supuesto palacio del Manuel de Moura Corte Real entre
las calles de S. Joaquín y S. Benito. P. Teixeira. 1656.

De lo que si hay registro documental es del pago que hizo, durante su embajada romana, de las obras de modernización del convento de S. Carlino alle Quatro Fontane en 1634. Las obras las dirigía un todavía desconocido Francesco Borromini al que descubrió y patrocinó al igual que ya lo hizo en 1633 con las obras del convento de S. Isidro del Pincio. Manuel de Moura no dudó en encargar entonces los planos del panteón familiar para el convento lisboeta de S. Bento a tan prometedor artista (ver a este respecto la última actualización de la entrada anterior).

Durante los años de su embajada en Roma compró para el Palacio del Buen Retiro la colección de obras de Claudio de Lorena y Nicolás Poussin, habiendo constancia de que a su regreso de Roma trajo diecisiete cajones de cuadros.

Un cambio de nombre hizo desaparecer de la memoria madrileña otro patrocinio de Manuel de Moura en 1624 como es el del madrileño Hospital e Iglesia de San Antonio de los Portugueses y que en 1668 pasó a denominarse, indebidamente, de los alemanes.




LA QUINTA DE LA FLORIDA

Esta quinta fue para los Castel Rodrigo en Madrid lo que la de Queluz había representado para ellos en Lisboa hasta la secesión de Portugal en 1640, la casa de campo a la que ya no podían ir. Fue la gran obra de Francisco de Moura y Corte Real (1610-1675), III marqués de Castel Rodrigo y II conde de Lumiares, quien la compró en 1646 todavía en vida de su padre. Un año después viajó, al igual que su antecesor, a Viena como embajador de Felipe IV. Fue vicerrey de Cerdeña, de Cataluña y gobernador de Flandes hasta 1668. Se casó en Roma con Ana María de Moncada de Aragón y de la Cerda.


Retrato anónimo de Francisco de Moura Corte Real. 
Madrid. Col. particular. Foto: Mª Teresa Fdez. Talaya

La primera representación de la finca es de 1561. El las famosas "Vistas de Madrid" se puede observar, a la izquierda del alcázar, unas edificaciones rurales sobre la colina, al otro lado del arroyo de Leganitos. Esta finca pasaría a ser propiedad de marqués de Auñón en 1613.
Fragmento de 'Vista de Madrid', 1561.

Podemos ver la quinta de La Florida mas definida ya en el plano de Mancelli de 1622 y en ella se aprecia un núcleo esencial ya construido con patio ajardinado, ermita, huerta y cercado propiedad entonces de D. Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo y tío del duque de Lerma a quien la donó en 1617. Este también la cedió a la Casa profesa de la Compañía de Jesús de la Villa en 1624 cuyo prepósito, el P. Albornoz, la vendió a D. Gabriel Ortiz, obispo de Badajoz en 1625 por 16.700 ducados. Se sucedieron varias
transmisiones hasta que la hija del IV marqués de Camarasa la vendió en 1646 a Francisco de Moura por 14.000 ducados



En 1656 aparece de nuevo representada en el plano de Teixeira, nueve años después de su última compra, habiendo sufrido una gran transformación al pasar de casa noble a villa suburbana.


Aparece un jardín más formal rodeado por arquerías, parterres y fuentes. Teixeira hace desaparecer el edificio principal lo que nos hace pensar que la representación está incompleta o que en ese momento Francisco de Moura mandó demoler el antiguo edificio para construir el nuevo palacio. Pero la novedad está ahora en el eje del jardín rematado en un ninfeo con una clara influencia de las villas italianas del siglo XVII.

Entre 1657 y 1669 el III marqués de Castel Rodrigo compagina sus destinos diplomáticos con las sucesivas compras de las casas y huertas vecinas de la Buitrera, de Muriel y las que fueron de la marquesa de Villahermosa cercanas a la fuente y puente de Leganitos. En 1674, un año antes de morir, compró las huertas llamadas de las Minillas y al año siguiente completó la finca con la compra de la huerta y casas de Molino quemado.

Leonor de Moura y de Aragón, IV marquesa de Castel Rodrigo abrió en las casas que daban a la plaza de los afligidos (actual calle de la Princesa) la capilla de la Concepción en 1689, denominada de la Cara de Dios, cuya reliquia se encuentra actualmente en la cercana iglesia de S. Marcos.

En la conocida representación de la Finca de la Florida del Museo de Historia de Madrid, copia del original existente en la colección de Villa Mombello (casa de los Pío de Saboya situada en Imbersago, cerca del lago de Como) ya se ven muy claramente todas sus características italianizantes.


Finca de la Florida, copia del Museo de Historia de Madrid

El nuevo palacio aparece ahora con dos alas simétricas retranqueadas en relación al edificio central, teniendo el ala Sur un patio cerrado por detrás mientras que el ala Norte está todavía en construcción. Hacia levante, por detrás del cuerpo central, se ve un gran jardín de parterres cerrado entre muros y dividido en dos terrazas mediante una gran escalera de doble tramo sobre una gruta. Varias salas del palacio fueron pintadas por Francisco Ricci.

Frente al palacio se mantiene el jardín formal con la antigua entrada ladeada a través de un patio pero surge un nuevo acceso frontal de forma elíptica frente a una portada paladiana de piedra blanca y orden rústico de acuerdo a la tipología de villa campestre. Decenas de estatuas sobre altos pedestales decoran el espacio de ingreso al palacio y el jardín cerrado posterior. Hay un ninfeo rematando todo el eje central, fuentes exentas y adosadas a los muros de los jardines y espadañas marcando el eje de las fachadas.

Estos elementos se alejan mucho de la configuración clásica del palacio español de los Austrias, de planta rectangular y torreones de esquina con chapitel, introduciendo precozmente la tipología del palacio barroco romano que popularizarían Juvara y Sachetti casi un siglo después.

A Leonor de Moura y Aragón, muerta sin descendencia en 1706, le sucedió su hermana Juana, casada con Guglielmo Pío, II príncipe di San Gregorio y a esta su hijo Francisco Pío de Saboya, VI marqués de Castel Rodrigo, quien habitó el palacio de sus abuelos, junto a su esposa, Juana de Spínola Colonna, hija del duque de Sesto, hasta que murió ahogado por las aguas que inundaron la casa de campo del conde de Oñate, junto a Recoletos, la noche del 15 de septiembre de 1723.


Michel-Ange Houasse, Vista de Madrid con domador de pájaros.
1715-1730. Patrimonio Nacional. Palacio de la Granja de San Ildefonso.
En segundo plano, el palacio de la Florida.

Quedó como propietario de La Florida, de la Montaña del Príncipe Pío y del Patronato de la capilla de la Concepción, su primogénito Gisberto Pío de Saboya y Spínola, VII marqués de Castel Rodrigo. Es la época de la Planimetría de 1750 y del plano de Espinosa de los Monteros de 1769 donde podemos ver La Florida en su máximo apogeo. Se trata de la manzana 557 y como vemos ocuparía actualmente el área delimitada por la calle de Quintana prolongándose en linea recta hasta el paseo de la Florida, el mismo paseo, la cuesta de San Vicente y la calle de la Princesa.


Plano de Madrid de Espinosa de los Monteros. 1769.

En 1776 muere el VII marqués de Castel Rodrigo sin descendencia y le sucede su hermana mayor, Isabel María Pío de Saboya Spínola, VIII marquesa de Castel Rodrigo, quien el 7 de julio de 1792 firmó la sentencia de muerte de La Florida al otorgar su venta al rey Carlos IV por 1.900.000 reales, constituyendo el germen del Real Sitio de La Florida al integrarse con La Moncloa. Tras ser arrasado el Sitio, al igual que el Buen Retiro, por la invasión napoleónica de 1808 pasó a ser conocida como la Montaña del príncipe Pío hasta convertirse en parte del actual barrio de Argüelles. 

En 1792 y coincidiendo con las reformas urbanísticas de la zona se construyó la tercera y definitiva ermita de San Antonio de la Florida, en el paseo de La Florida, en la falda de la montaña del príncipe Pío y cerca de la actual estación del Norte o del Príncipe Pío. Topónimos que han quedado, en recuerdo de los Castel Rodrigo, en la memoria de Madrid.


Fragmento de la Finca de la Florida.



ARTÍCULOS RELACIONADOS:



AGRADECIMIENTO

A Mercedes Gómez, autora del blog Arte en Madrid, por su ayuda en el esclarecimiento de algunos datos.


BIBLIOGRAFÍA


- Damnatio Memoriæ. A arquitectura dos marqueses de Castelo Rodrigo. Paulo Varela Gomes, in ARTE Y DIPLOMACIA de la Monarquía Hispánica en el siglo XVII, dirigido por José Luis Colomer. CEEH, 2003.

- LA MONTAÑA DEL PRINCIPE PIO Y SUS ALREDEDORES (1565-1907). Agustín Gómez Iglesias, in Revista VILLA DE MADRID, nº 25.
- El nacimiento de un barrio burgués. Argüelles en el siglo XIX. Alicia Díez de Baldeón García
- El Real Sitio de La Florida y La Moncloa. Evolución histórica y artística de un lugar madrileño. Mª Teresa Fernández Talaya. Fundación Cajamadrid, Madrid, 1999.

martes, 11 de febrero de 2014

Cristovão de Moura (II)




Volvamos a ojear el espléndido grabado de Jan Schorkens sobre un dibujo de Domingos Vieira Serrão de 1619, Festas do Mar, que ya tuvimos ocasión de conocer con motivo de la dramaturga Ángela de Acebedo y la pompa barroca.

Fue realizado con ocasión de la entrada del rey Felipe III, II de Portugal en Lisboa e incluido en el relato de João Baptista Lavanha con el largo título de Viagem da Católica Magestade del Rei D. Filipe II N. S. ao reino de Portugal e relação do solene recebimento que nele se lhe fez a S. Magestade y en él podemos ver las principales edificaciones de Lisboa a comienzos del siglo XVII.

Llama la atención, además del conjunto catedralicio que se eleva por Levante y el Paço Real con la torre manierista mandada construir por Felipe II, I de Portugal en el centro, el monumental palacio de inconfundible estilo Austria que se levanta hacia Poniente, rivalizando con el conjunto Real.`



Está señalado con el número 11 y si acudimos a la leyenda del grabado nos dice que corresponde a la Casa del Marqués de Castel Rodrigo que en ese momento era Manuel de Moura y Corte Real, el segundo marqués e hijo de Cristovão de Moura y Távora, quien comenzó a construirlo en 1581 y murió en 1613 sin verlo concluido.




El trienio en que Felipe II convirtió a Lisboa en su corte (del 5 de diciembre de 1580 al 11 de febrero de 1583) significó para Moura el inicio de su privanza con el rey y la obtención de numerosas distinciones. Por patrocinio del monarca se casó, en 1581, con Margarida Corte Real, cuyo señorío y mayorazgo de su Casa y Capitanías de las Azores le abrió todas las puertas del reino, incluso las del último reducto azoriano del aspirante D. Antonio, en un gesto de fuerte contenido simbólico que puso fin a la última frontera de la legitimidad del monarca.





En un solar del mayorazgo de su mujer frente al Tajo, en Lisboa, Moura mando edificar un imponente palacio que se convertiría en la mayor residencia nobiliaria de la ciudad. Estaba muy cerca del Palacio Real, separado tan sólo por unos astilleros de la Torre que Filipo Terzi estaba levantando por orden del monarca para modernizar el antiguo palacio manuelino.





Si el grabado de Jan Schorkens es la primera representación del edificio, pronto se convirtió en imagen permanente y en referencia de la arquitectura palaciega en Lisboa durante mas de un siglo, teniendo, en opinión de George Kubler, mayor influencia incluso después de la Restauración.


Influencias en el palacio del marques da Fronteira. Lisboa. Siglo XVII.

Los planos se deben a Baltasar Álvares, arquitecto también de la fachada del monasterio de San Vicente de Fora, de cuyas trazas se ocupó Juan de Herrera y que constituye la llave que abre, según Vítor Serrão (sobre todo en la estructura de fachada), una de las vías del nuevo estilo Chão portugués que perdurará hasta la llegada del barroco.


Monasterio de San Vicente de Fora. Lisboa

Las descripciones del palacio durante su primera fase de obras son escasas, si bien, una biografía de Moura hace un delicioso relato de como informó al rey sobre su construcción y la manera de solicitarle alguna ayuda económica para soportar una obra tan cara, sin conseguirlo. Llevaba siempre consigo los planos en el pecho esperando la mejor ocasión de enseñarlos al monarca sabiendo su gran afición por la arquitectura. La oportunidad surgió cuando paseando a solas con el rey este le comentó: "Buena casa Don Cristóbal me an dicho que aveis mandado labrar en Portugal". Raudo sacó Moura los planos del pecho y mostrándoselos le dijo: "los baxos, señor, ya están hechos, los altos me hará V. M. siendo servido porque no puedo llegar yo a ellos". El rey le espetó: "alquilad los baxos y con los alquileres hareis los altos". Después de aquel incidente, Moura no volvió a tratar de su palacio con el monarca y tras su muerte fue el II marqués de Castel Rodrigo quien acabó la obra.


Reconstrucción virtual del palacio del marqués de Castel Rodrigo

La imagen del palacio del marqués junto al Paço da Ribeira definen uno de los principales espacios de poder político del reino. El carácter simbólico de este palacio pone en evidencia el propósito de los Moura de mantener una presencia sólida y estable en Portugal, dando incluso prioridad a sus intereses lusos sobre los españoles.




Algo parecido ocurrió con la Quinta de Queluz, residencia de campo propiedad de su mujer, que Moura convirtió en una especie de pequeña corte durante los años que estuvo apartado del gobierno virreinal y que posteriormente su hijo Manuel transformó totalmente en una gran Quinta de recreo o Casa de Campo.

Moura también comenzó las obras de acondicionamiento de la fortaleza de Castelo Rodrigo en palacio para borrarle su connotación bélica. El castillo tenía, además de un elevado valor estratégico, un gran significado simbólico como elemento fundamental de su nueva condición señorial y por haber sido su padre, alcaide del mismo, uno de los primeros hidalgos reconocidos por la nueva monarquía.

No hay que olvidar que Moura también patrocinó la obra del monasterio de São Bento da Saúde. Edificio de inspiración escurialense de dimensiones aún mayores que el ya citado de San Vicente de Fora, patrocinado por el propio monarca. El hijo de Cristóbal de Moura y Távora, Manuel de Moura Corte Real fue quien construyó en la capilla mayor su Panteón familiar, obra encargada desde Roma al arquitecto Francesco Borromini cerca de 1635 con la intervención del escultor flamenco François Duquesnoy en el diseño de ocho sepulcros. 

La arquitectura fue, como hemos visto, un magnífico recurso artístico y una herramienta muy valiosa en manos de los Moura con la que trazaron su ambicioso programa político de fortalecimiento de su presencia en Portugal. 

Dos hechos posteriores borrarían todo recuerdo de los Castel Rodrigo en suelo portugués: La Restauración de la independencia en 1640 con la dinastía Braganza y el terremoto de Lisboa de 1755.

Con la Restauración se abolieron los títulos nobiliarios de los Moura-Corte Real. El palacio junto al Tajo fue expropiado y pasó a denominarse palacio Corte Real. La Casa de Campo de Queluz también fue expropiada por D. João IV integrándola en la Casa del Infantado hasta que en 1747 D. Pedro III, inicia las obras de transformación de la Casa de Campo en el palacio rococó de verano que hoy conocemos. 


Palacio Nacional de Queluz. Foto: Bestculturaltours.com

Debido a su fuerte connotación política y situación estratégica cerca de la frontera, el palacio-fortaleza de Castelo Rodrigo fue totalmente destruido durante las guerras de la Restauración.


Portada manierista de acceso al palacio-castillo de Castelo Rodrigo

El terremoto de Lisboa de 1755 se ocupó de derribar los últimos recuerdos de los Castel Rodrigo que aún quedaban en pie al desaparecer el palacio de los Corte Real junto al Tajo y los sepulcros del monasterio de São Bento. Posteriormente, con la extinción de las órdenes religiosas de 1834 el monasterio se reformó para convertirse en sede del Parlamento portugués conocido también como palacio de São Bento. 


Palacio de São Bento. Foto: Mundocity.com

ACTUALIZACIÓN. 16-02-2014

En 1910, tras la instauración de la República, fue hallado casualmente el Panteón bajo el palacio, fotografiándose y tapiándose su acceso en 1939.


 Cripta-panteón de los Castel Rodrigo en S. Bento de Lisboa.
 Fotografía publicada en el diario O Século de 20.03.1939. 
Fototeca del Ministerio de Cultura, Palacio Foz, Lisboa.
Foto: Paulo Varela Gomes

En la próxima entada conoceremos el patrimonio inmueble de los Castel Rodrigo en Madrid y veremos si corrió mejor suerte que este.


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BIBLIOGRAFÍA

Governo, Política e Representações do Poder no Portugal Habsburgo e nos seus Territórios Ultramarinos (1581-1640). Santiago Martínez Hernández (dir.). Lisboa, Centro de História de Além-Mar, 2011, pp. 69-96.