lunes, 29 de abril de 2013

La infanta Mariana Victoria de Braganza



Retrocedemos al último tercio del siglo XVIII para conocer un personaje muy vinculado a la historia de ambos países y cuya endogámica familia acaba por relacionarse con los Borbones y las guerras fraticidas de la siguiente centuria en Portugal y en España.

La infanta Mariana Victoria de Braganza nació en Queluz el 15 de diciembre de 1768. Era la mayor de las hijas de la reina Dª María I -primera mujer que reinó en Portugal- y de su consorte y tío Pedro III.

De ella sabemos muy poco, excepto que se casó con el infante Gabriel de Borbón, hijo favorito de Carlos III, en Aranjuez, el 23 de mayo de 1785. A cambio de esta boda y siguiendo la tradición secular se produjo otra entre su hermano João -segundo hijo de Maria I- y la infanta Carlota Joaquina- hija primogénita del futuro Carlos IV y de Maria Luisa de Parma.

Ambos matrimonios tenían pocas probabilidades de llegar a reinar pero la inespererada muerte de José, hermano mayor de João, en 1788 convirtió a este y a Carlota Joaquina en herederos de Portugal, padres de nuestra infeliz reina Mª Isabel de Braganza y de sus cinco hermanas (dos de ellas instigadoras de las Guerras Carlistas en España, como veremos en sucesivos capítulos) y de sus dos hermanos enfrentados desde 1828 a 1834 en la Guerra Civil de Portugal.  

El infante D. Gabriel nació en Portici en 1752. Fue el más inteligente y trabajador de los hijos del rey Carlos III, llegando a ser un hombre de vastísima cultura, reputado traductor de Salustio y verdadero mecenas ilustrado.


El infante Gabriel de Borbón.
Anton Raphael Mengs. Museo del Prado.

Tuvo como profesor de música al padre Antonio Soler, quien compuso varias de sus sonatas de clavicémbalo expresamente para su aventajado discípulo. Los conciertos para dos órganos fueron interpretados a dúo con él en la Basílica del Monasterio del Escorial.

En España, el infante D. Gabriel llegó a ser Gran Prior de la Orden Hospitalaria de San Juan
en Castilla y León. En 1771 encargó a Juan de Villanueva la construcción de la llamada Casita del Infante o Casita de Arriba, levantada al sur del Monasterio escurialense, casi al mismo tiempo que lo hacía su hermano, futuro Carlos IV, con la Casita de Abajo o Casita del Príncipe.


Casita del Arriba. San Lorenzo del Escorial.
Foto: Pasión por Madrid.


La pareja tuvo tres hijos: Pedro Carlos (18 de junio de 1786 - 4 de julio de 1812), María Carlota (4 de noviembre de 1787 - 11 de noviembre de 1787) y Carlos José Antonio (28 de octubre de 1788 - 9 de noviembre de 1788).

Poco después de dar a luz a su último hijo, la infanta Dª Mariana Victoria cayó enferma de viruelas, enfermedad que arrasó la familia casi al completo. La infanta murió en Madrid el 2 de noviembre de 1788 a los diecinueve años de edad. Nueve días después fallecía su tercer hijo y finalmente el propio infante D. Gabriel, que murió el 23 de noviembre en San Lorenzo del Escorial.

D. Pedro Carlos de Borbón
y Braganza.
La muerte de D. Gabriel fue un duro golpe para su padre Carlos III, que fallecería también, un mes después, el 14 de diciembre de 1788. Todos fueron enterrados en El Escorial. Al quedar huérfano Pedro Carlos de Borbón y Braganza, y quizá por cierto recelo del nuevo rey Carlos IV  hacia su fallecido hermano Gabriel, le envió a Portugal donde fue criado por su abuela materna Dª María I en Lisboa. Desde aquel momento, el pequeño infante de España, de dos años, pasó a ser también infante de Portugal.

El 27 de Noviembre de 1807, el infante D. Pedro Carlos, con veintiún años se embarcó junto a su abuela, tíos, primos y primas en el Príncipe Real, uno de los 14 navíos que les llevarían a Brasil huyendo de la invasión napoleonica.

Allí la vida era menos protocolaria que en Portugal y D. Pedro Carlos comenzó a cortejar a su prima Mª Teresa de Braganza, princesa de Beira y hermana mayor de Mª Isabel, a la que querían haber casado en 1806 con su tío Fernando VII. Pedro Carlos y María Teresa se casaron el 13 de mayo de 1810 en Río de Janeiro.

Mª Teresa de Braganza, princesa de Beira.

La joven pareja fue muy feliz durante los dos años que duró el matrimonio hasta que la delicada salud del infante se vio resentida. Tuvieron un hijo: Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza, que nació en Río de Janeiro el 4 de noviembre de 1811, conocido por su inicial apoyo al carlismo y su participación en la 1ª Guerra Carlista.

El infante D. Pedro Carlos murió en Boa Vista el 4 de julio de 1812
, sin haber podido regresar a Portugal ni a su España natal.


BIBLIOGRAFÍA

Recuerdos portugueses en Madrid. José María Sanz García. Instituto de Estudios Madrileños. 1992.

Mujeres peninsulares entre Portugal y España. María Isabel Barbeito Carneiro. Península. Revista de Estudos Ibéricos. nº 0. 2003.

viernes, 19 de abril de 2013

Falsos amigos (I)

Foto: infinitoestudio.com

Estrenamos hoy una nueva serie dedicada a las lenguas portuguesa y española, más concretamente a un extraño fenómeno que se produce entre ambas, el de los Falsos Amigos.

Y digo extraño porque no soy capaz de comprender cómo una misma palabra puede llegar a significar en cada idioma algo completamente diferente y a veces, ser antónimas.

Para explicar el fenómeno están los filólogos, pero yo creo que ni ellos se aclaran. Lo que si es cierto es que por culpa de los Falsos Amigos, auténticas trampas mortales, un español poco prevenido que tratara de hacerse entender en portugués en el país vecino, se puede meter en un verdadero lío.

Lo mismo puede ocurrir del otro lado, cosa mucho más frecuente ya que el portugués, con su proverbial facilidad para las lenguas, se lanza mucho antes que el español a chapurrear el llamado portuñol. (Escúchese al 90% de los políticos y ciudadanos de a pie lusos).

Para evitar estas situaciones, unas veces divertidas y otras no tanto, nada mejor que acudir a un curso oficial de portugués o de español, según el caso, e ir desterrando esa dañina variante de la manida fusión aplicada a la lengua llamada portuñol y que tantos estragos provoca a ambos lados de la raya. 

Muchos se preguntarán a estas alturas cual es la relación de este tema con los contenidos de Pessoas en Madrid. Quizás encontraríamos alguna pista que explicase el origen de este fenómeno si pudiésemos oír una conversación entre la emperatriz Isabel y su hijo Felipe II o entre este y su amigo Ruy Gomes da Silva, príncipe de Éboli.

Entre Almada Negreiros y Ramón Gómez de la Serna o entre Leal da Cámara y Valle-Inclán. Entre Isabel de Avis y su hija Isabel la católica o entre Juana de Avis y su hija Juana la beltraneja. ¿Y que me dicen de una conversación a cuatro entre Lavanha, Teixeira, Pereira y Velázquez sobre ciencia y arte?

Si pudiéramos hacer un viaje en el tiempo madrileño hallaríamos muchas respuestas al problema de los Falsos Amigos como consecuencia del secular intercambio cultural, plagios y préstamos léxicos entre ambas lenguas.

Esta serie sólo trata de ser preventiva, que no curativa, para cuando nos animemos a falar português con nuestros vecinos de al lado (y con los brasileños, angoleños, caboverdianos, mozambiqueños, guineanos, goenses, timorenses, macaenses, etc.)



FALSOS AMIGOS

A) Palabras homófonas de significado diferente.

Empecemos por los clásicos exquisito y espantoso:

Esquisito en portugués es excéntrico, maníaco, raro. En español (con x), de singular y extraordinaria calidad, primor o gusto en su especie.

Espantoso en portugués es maravilloso, asombroso, increíble. En español, que causa espanto, muy feo.

Ejemplos:

- Al poco tiempo de conocer en Lisboa a la que hoy es mi mujer, fui convidado por sus padres a una cena formal. Enterados de que mi dulce favorito era la tarta de limón, a los postres se sirvió una con muy buena pinta. Estaba deliciosa, tal cual la harían en el mismísimo Embassy. Nada mas probarla, muy satisfecho solté un:

¡Hummm, está exquisita!. Se hizo un terrible silencio sobre la mesa y los gestos de alegría se volvieron de espanto (espanto del nuestro). Gracias a que mi futuro suegro tradujo mentalmente la palabra al francés (exquis) y del francés al portugués (delicioso) se pudo aclarar el malentendido y la cena terminó sin más incidentes que señalar.

- Haciendo un poco de historia-ficción, es muy probable que cuando Ruy Gomes da Silva fuese presentado por Felipe II a su futura mujer, la seductora Ana de Mendoza y La Cerda (futuros príncipes de Éboli), este le dijera: Que mulher mais espantosa!. Y a partir de ese momento comenzaron los problemas de la singular pareja...


ARTÍCULOS RELACIONADOS


Falsos amigos (II)
Falsos amigos (y III)








P.D.
He actualizado la entrada de Dª María Isabel de Braganza (y III) con un nuevo dato sobre el arquitecto Antonio López Aguado extraido del blog amigo Fotoblog-Madrid.

lunes, 15 de abril de 2013

David Fonseca

Foto: coveralia.com

 El compositor, cantante y multiinstrumentista portugués David Fonseca viene a Madrid a presentarnos Seasons, un proyecto publicado en forma de dos álbumes, Rising y Falling.

David Fonseca es una de las voces más carismáticas de la música portuguesa. Natural de Leiria, su nombre es indisociable del de la banda a la que dio voz, el grupo Silence 4. La banda, surgida en 1998, se impuso rápidamente como el mayor fenómeno de la música portuguesa de los últimos tiempos.


En 2002 se disolvieron. Un año después, David Fonseca lanzó su primer disco en solitario, Sing Me Something New, donde exploraba nuevas facetas como compositor e intérprete: tocaba prácticamente todos los instrumentos del disco.


Foto: bsides.es

A partir de ahí, discos como Our Hearts Will Beat As One, Dreams In Colour o Between Waves, le sitúan como el artista pop de mayor éxito en Portugal, con una creciente presencia internacional. Actuó en España por primera vez como telonero de Keane, y desde entonces ha repetido varias veces.

Ahora regresa para presentar Seasons, un disco con un concepto inédito: la historia de un año de su vida a través de sus canciones, asociando el calendario a sus nuevas composiciones y llevándonos hasta Marzo de 2013. Un paso más en la fulgurante carrera de este artista que no conoce barreras.

En Seasons apuesta por un sonido más electrónico y rockero. Lo presentará en Madrid en el Teatro Joy Eslava el Viernes 19 a las 20:30 h.


Foto: bsides.es


Fuentes:
budweiserlive.es
ABC

martes, 9 de abril de 2013

Dª María Isabel de Braganza (y III)

Mª Isabel de Braganza. José Álvarez Cubero.
1826. Museo del Prado. Foto: El Mundo.es

El 21 de agosto de 1817 nació en Aranjuez, para disgusto del rey, la primera hija de ambos. A petición de la reina y en honor a su suegra le pusieron el nombre de María Isabel Luisa, a pesar de no sentir Fernando ningún afecto por su madre. La niña era de constitución enfermiza y murió cinco meses después.

Ante la necesidad de tener un heredero, Fernando volvió a frecuentar el lecho de su mujer. El 31 de enero su cuñada, María Francisca, daba a luz un robusto varón al que llamaron Carlos y que automáticamente quedó en el segundo lugar de la línea de sucesión.

Así como Fernando sentía un gran afecto por su hermano Carlos María Isidro, de carácter tímido y al que protegía, la relación con su cuñada era de total aversión por ver reflejada en ella lo peor de su propia madre, María Luisa de Parma, y por pensar que influía negativamente en su hermano. No en vano, en el nacimiento de este sobrino estaba el germen de las fratricidas Guerras Carlistas.


Casita del Príncipe. Foto: Pasión por Madrid.


Palacio de Queluz. Lisboa. Foto: Panoramio.com
Como ya adelantábamos al final de la segunda parte, la reina fue a pasar unos días a El Escorial, aprovechando el buen tiempo. Se alojaba en la Casita del Príncipe, pequeña y refinada construcción neoclásica que quizá le recordaba algún palacio de Lisboa y cuyo jardín con magnolios le servían de inspiración para sus pinturas.



Durante la reciente Guerra de Ia Independencia, el cercano Monasterio de El Escorial había quedado dañado, por lo que Fernando inició las obras para su restauración.  Sabiendo que su mujer poseía la sensibilidad y el gusto artístico que a él le faltaba, en un arranque de cordura, le pidió que le acompañara y que le diera consejos sobre los trabajos a realizar.

Movida por la curiosidad, Isabel bajó a los sótanos donde descubrió una gran cantidad de pinturas amontonadas. Eran las obras de grandes maestros italianos, flamencos y españoles que el afán coleccionista de los austrias y en particular de Felipe IV hizo que se fueran  acumulando en el Alcázar de Madrid y de cuya compra se encargó en muchos casos Velázquez durante sus estancias en Italia.

Muchas de las pinturas fueron llevadas allí salvadas del incendio que destruyó el Alcázar durante la época de Bárbara de Braganza y después nadie se preocupó de llevarlas de nuevo a Madrid. Otras fueron expoliadas y depositadas allí por los invasores franceses a la espera de ser enviadas a Francia como botín de guerra, siguiendo la costumbre de los ejercitos imperiales. 

Entusiasmada con su descubrimiento, Isabel comentó lo sucedido con los cortesanos de más confianza quienes le dijeron que José Bonaparte tuvo la intención de llevarlas a Madrid para mostrarlas al pueblo como ya se hiciera en el Louvre con las pinturas de los Borbones franceses.

Isabel pensó  exponerlas, en un principio, en el desaprovechado Palacio de Riofrio mandado construir por Isabel de Farnesio. Pero Goya le aconsejó llevarlas a Madrid donde las pinturas podrían ser vistas por un mayor número de visitantes. También le aconsejó que aprovechase un edificio inacabado destinado a Gabinete de Historia Natural y mandado construir por el abuelo de Fernando, Carlos III, a Juan de Villanueva.


Mª Isabel de Braganza, reina de España,
como fundadora del Museo del Prado.
Bernardo López Piquer. 1829.

Durante la Guerra de la Independencia el futuro Gabinete de Historia Natural había quedado muy deteriorado al servir de Cuartel del ejercito francés.



Poco tiempo después el rey firmaba el inicio de las obras del edificio donde se instalaría el actual Museo del Prado.



De vuelta en Aranjuez, Isabel volvió a quedarse embarazada. Tal vez por un episodio epiléptico ocultado, los médicos pensaron que este nuevo embarazo sería dificultoso. La preocupante noticia fue propagándose por todo el reino y comenzaron a llegar de todos los rincones reliquias de los santuarios que, tradicionalmente, podían favorecer el parto, como el Santo Maná o los huesos de San Nicolás de Bari.

Mientras tanto, Fernando continuaba con sus aventuras extramatrimoniales que contrariaban tanto a la reina y... no sólo a ella.

Un coronel del recién instituido Cuerpo de Policía del Real Sitio llamado Trinidad Balboa tuvo la osadía de, queriendo demostrar que ni S.M. se escapaba de su control, enviar una nota al rey que decía:


Que no hay más novedad que no sea la alarma en la que viven los fieles súbditos de Su Majestad temiendo que los aires fríos y húmedos de la noche en los jardines ataquen su preciosa salud
A lo que el rey replicó:
Hay una cierta clase de investigaciones que podrían acabar con un viaje a Ceuta.
(Lugar donde eran llevados los funcionarios como castigo).

La noticia del difícil desenlace del parto llegó hasta Brasil desde donde Carlota Joaquina pidió a su hermano Fernando que cuidase especialmente de su hija.

El 26 de Diciembre de 1818 comenzaron las contracciones y a su habitación se dirigieron los médicos, el cirujano, su hermana María Francisca y un preocupado Fernando, tanto por la suerte de su mujer como por la falta de heredero.

A pesar de todos los esfuerzos por parte de la reina y de los médicos, no conseguían que el parto avanzase y la prolongada fatiga provocó en Isabel una crisis epiléptica que fue paralizando todo su cuerpo hasta quedar inerte sobre la cama, rodeada de relíquias.

El cirujano pidió autorización al rey para efectuar una cesárea a lo que Fernando dio el visto bueno a pesar de que María Francisca insistía en que las crisis epilépticas que sufría su hermana no eran motivo para darla por muerta. Además ninguno de los presentes tenía título con competencia para realizar esa intervención, por lo que tuvieron que llamar al doctor Agustín de Frutos.

Cuando este comenzó a abrir el vientre de la reina con bisturí, Isabel dio un grito terrible de dolor a pesar del cual la operación continuó, en medio de una enorme hemorragia que le causó la muerte. El médico consiguió sacar el bebé, una niña muy débil, a la que trataron de reanimar sin éxito, muriendo también a los pocos minutos.

Al no haber dado hijos a la corona, la reina por cuya iniciativa fue creado el Museo del Prado, fue enterrada en el Panteón de Infantes de El Escorial. Un lugar inapropiado e injusto, desde nuestro punto de vista.

Cinco meses después, Fernando VII, con treinta y cuatro años se casaría con María Amalia Josefa de Sajonia, de quince años, la tercera de sus cuatro esposas, aquella que llegó a pensar que en España se cortaban las piernas a las reinas y que, visto lo visto, no andaba muy desencaminada.


Fernando VII con manto real.
Francisco de Goya. 1815. Museo del Prado.



Actualización del 19 de Abril de 2013:

Con motivo del primer embarazo de la reina, el Ayuntamiento de Madrid le regaló el denominado Casino de la Reina, según acuerdo que se llevó a cabo el 5 de abril de 1817. Era un palacete de recreo romántico con grandes jardines.


Alegoría de la donación del Casino a Isabel
de Braganza. Vicente López. 1818.

Entre sus obras de arte destacaban los techos pintados por Juan Gálvez y Zacarías González Velázquez que actualmente se encuentran en el Museo Romántico y sobre todo, el cuadro pintado por Vicente López Alegoría de la donación del Casino a Isabel de Braganza, actualmente en el Museo del Prado.

Detalle de la alegoría con el Casino de la reina.
Foto: Museo del Prado.


Artículos relacionados:

Dª María Isabel de Braganza (I)
Dª María Isabel de Braganza (II)


BIBLIOGRAFÍA

Infantas de Portugal, Rainhas em Espanha. Marsilio Cassotti. Ed. A esfera dos livros. 6ª ed. 2012.

martes, 2 de abril de 2013

Dª María Isabel de Braganza (II).

María Isabel de Braganza. José Álvarez Cubero.
1826. Foto: Museo del Prado.

Ya desde el primer encuentro con su marido, Isabel observó, como gran aficionada que era al dibujo y al análisis de los rasgos faciales, algo de familiar en aquellos ojos saltones, cabello negro y labios finos y apretados. Pensó en sus propios hermanos, llenos de vida y actividad física pero ignorantes y ajenos a cualquier interés intelectual.

Fernando seguía la moda impuesta a la nobleza por sus padres y la duquesa de Alba de imitar las maneras y gustos castizos del pueblo madrileño como rápidamente pudo comprobar en la vulgar rima que leyó sobre un arco de bienvenida levantado para la ocasión en la Puerta de Atocha:

        Entra en el seno amoroso
        de tu pueblo y de tu esposo.




Posteriormente se celebró en la iglesia de San Francisco el Grande, donde se presume que muchos siglos antes estuvo una humilde casa que alojó a San Francisco de Asís, la ceremonia de ratificación de la doble boda entre las dos parejas de hermanos.

El padrino fue el infante Francisco de Paula, supuesto hijo de Godoy y hermano menor de Fernando y Carlos María Isidro, cuyos románticos rasgos de belleza masculina contrastaban fuertemente con los de sus hermanos mayores.
 
Dice la leyenda que, al llegar al Palacio Real, Isabel se encontró con un pasquín sobre la puerta que decía:




Fea, pobre y portuguesa, ¡chúpate esa!. 
Es algo bastante improbable que ocurriera debido al fuerte control policial que existía. Aún así convendría desmontar el significado de este lamentable dicho.

Si el primero de los adjetivos es bastante evidente, la fealdad de la familia, de la que tampoco se libraba Fernando, procedía claramente de María Luisa de Parma a poco que se analicen los retratos del mejor observador de la época: Goya.




El segundo adjetivo, debido a la falta de dote de las infantas, era consecuencia de la situación en que se encontraba toda Europa, arruinada por las guerras contra el imperio napoleónico. Pero la potencial riqueza comercial y de recursos de Portugal no era nada desdeñable. Tampoco el carácter austero y ahorrador de Isabel, como ya demostró a su llegada a Cádiz, debería ser despreciable en una época de recesión económica como la que se vivía.

En cuanto al tercer adjetivo es falaz ya que no tiene en cuenta la gran utilidad que esta doble boda tenía para España. En una época de germen revolucionario en América, podía ser muy beneficioso para España aliarse a un imperio con el que compartía fronteras y problemas parecidos.

Dos meses después de llegar a palacio, en noviembre de 1816, la reina ya tenía síntomas de embarazo y también, como era de esperar, Fernando comenzó a desinteresarse por ella una vez conseguido el principal objetivo.



Fernando VII es una fuente inagotable de anécdotas jocosas que a veces rozan lo inverosímil, en particular las relacionadas con su vida íntima y sus esposas:

- Es conocido el problema que tuvo, con diecisiete años, para consumar el matrimonio con su primera esposa, María Antonia de Nápoles, debido a la excesiva longitud de su miembro viril. El médico de cámara atajó el problema ideando un almohadón circular con un orificio central para interponerlo entre los cónyuges y de esa manera reducir los inconvenientes y molestias que su anormal anatomía causaba...

- Cuando el cortejo de su tercera esposa, María Josefa Amalia de Sajonia, hizo una parada en Brihuega antes de llegar a Madrid, el Corregidor de la Villa quiso obsequiar a la nueva reina con unas delicadas medias de las que se elaboraban en su Real Fabrica de Seda.
Rápidamente lo impidió un consejero real que, de acuerdo con el severo protocolo austriaco que regía en la corte, dijo ante el asombro de todos:

     ¡Las reinas de España no tienen piernas!.

La infeliz y cultísima reina sajona se echó a llorar y, angustiada, preguntó:

      ¿Y cuando van a cortarme las piernas?...

- La cándida segunda esposa, Isabel de Braganza, no se escapa tampoco de protagonizar un divertido episodio como consecuencia de los rumores que corrían sobre la afición de Fernando a frecuentar las tabernas y prostíbulos de los barrios bajos en sus correrías nocturnas.

Su innato romanticismo le hizo dudar de dichos rumores hasta que los hechos hablaron por si solos. La falta de visitas a su lecho conyugal y las insinuaciones de su espabilada hermana María Francisca le hicieron abrir los ojos.

Animada por su hermana y para intentar reconquistarlo se vistió con ropa popular, como las manolas que a él tanto le gustaban, se puso unos claveles en el pelo y de esa guisa le esperó en lo alto de la escalera.

La condesa de Fernán Núñez. Francisco de Goya. 1803.

Pero el azar quiso que Fernando llegase acompañado de Paquito Córdoba, duque de Alagón y del criado Chamorro, amigos y cómplices de sus correrías. La reacción que consiguió provocar al verla fue de un gran susto seguido de la carcajada de los tres. Humillada como mujer y como reina, comenzó a insultarlo con las palabras más ofensivas que conocía en portugués...


La gran obra de María Isabel, por la que Madrid debe recordarla, estaba aún por llegar. Ocurrió cuando fue a pasar unos días a El Escorial y, alojada en la Casita del príncipe,  decidió echar un vistazo a las obras de restauración que el rey estaba acometiendo en el Monasterio.


Artículos relacionados:

Dª María Isabel de Braganza (I)
Dª María Isabel de Braganza (III)

BIBLIOGRAFÍA

Infantas de Portugal, Rainhas em Espanha. Marsilio Cassotti. Ed. A esfera dos livros. 6ª ed. 2012.

lunes, 25 de marzo de 2013

San Juan de Dios

 


El pasado sábado, 16 de Marzo, el diario ABC publicaba un interesante artículo dedicado a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, con fuerte implantación y labor social y asistencial entre nosotros.

La llegada de los Hermanos de San Juan de Dios a Madrid se debe al Hermano Antón Martín, primer discípulo del Santo Fundador San Juan de Dios allá por el año 1552.

El artículo describe a continuación los cuatro importantes centros regidos por los Hermanos con que cuenta la Comunidad de Madrid: 
Los dedicados a psiquiatría (Centro de San Juan de Dios, en Cienpozuelos y La Clínica de Nuestra Señora de la Paz, cerca de Arturo Soria), a neurología (Fundación Instituto San José, en Carabanchel) y a pediatría (Hospital San Rafael, en la Calle Serrano)... Pero no dice nada acerca del fundador de la Orden que, además de santo, era portugués.

En este tema de santos portugueses no es la primera omisión que observamos en relación con su origen. Al caso ya conocido de Fernando Bulhões/San Antonio de Padua, habría que añadir el de San Dámaso I, 37º papa de Roma, nacido en el 305 en Egitania (Idanha-a Velha), Gallaecia (actual Portugal) y muerto el 11 de dicienbre de 388 en Roma. Según nos cuenta José María Sanz García, el arzobispado de Madrid-Alcalá le considera hijo suyo y le dedica una Academia diocesana de Arte e Historia, contrariando las crónicas del humanista Gaspar Barreiros de 1546 que lo consideraba natural de Guimarães.

Pero, discusiones aparte, volvamos a Portugal para saber algo más de João Cidade/San Juan de Dios.

VIDA Y OBRA

Juan Ciudad nació en 1495, en un pequeño pueblo portugués, Montemor-o-Novo, Alentejo. Era hijo de André Cidade y de Teresa Duarte. Hasta los cuarenta años vivió diversas aventuras y trabajó en diversos oficios como pastor en Oropesa (Toledo), soldado en Fuenterrabía y Viena, albañil en Ceuta y librero en Gibraltar y Granada.

En 1539, mientras escuchaba un sermón predicado por San Juan de Ávila en Granada, llegó el momento de su conversión religiosa y tras una reflexión profunda decidió entregarse a los pobres, enfermos contagiosos y los más desvalidos del mundo.

Su conversión y la enfervorizada opción por los más pobres le llevó a ser considerado como un loco, por lo que fue trasladado al Hospital Real de Granada, en el que Juan Ciudad experimentó en su propia carne el cruel trato que recibían los enfermos.

Es en este momento cuando nació la vocación de Juan Ciudad de servir a los pobres: cuando se encuentran en condiciones de máxima marginación, carentes incluso de salud física y mental.


San Juan de Dios por Bartolomé
Esteban Murillo.

Entre 1538-1539, con los pocos medios a su alcance, Juan Ciudad fundó en Granada su primer hospital, un hospital revolucionario para la época, no sólo por el trato y calor humano que los enfermos recibían de Juan y sus compañeros, sino también por la idea de disponer a los pacientes separados en atención al tipo de enfermedad que sufrían y por destinar una cama para cada enfermo, algo innovador por aquel entonces.

Su fama no paraba de crecer. El obispo le cambió su nombre de familia por el de Juan de Dios y en los siguientes diez años ya disponía de otro hospital.

Sus obras y discípulos aumentaban, entre los cuales destaca Antón Martín, un aventurero con planes de venganza que una noche invernal de 1546 se cruzó por las calles de Granada con Juan de Dios, quien le convenció para que desistiera de sus planes y le siguiera.

Antón Martín de Dios

Juan de Dios murió el 8 de marzo de 1550 víctima de una pulmonía a consecuencia de haberse tirado al río Genil para salvar a un joven en trance de morir ahogado.

Su entierro constituyó una extraordinaria manifestación de duelo y fervor hacia su persona y su obra por parte del pueblo, la nobleza y las autoridades de aquella época.

Dos años después, Antón Martín se trasladó a la corte donde fundó el Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, germen de los cuatro importantes centros hospitalarios antes citados de Madrid.

San Juan de Dios fue canonizado por Alejandro VIII en 1690. A su muerte su obra se extendió por toda España, Portugal, Italia y Francia. Hoy está presente en los cinco continentes.

En 1886 fue proclamado Patrono de los Hospitales y de los Enfermos y en 1930, Patrón de los Enfermeros y de sus Asociaciones. También Patrono del Cuerpo de Bomberos por su actuación durante la extinción de un incendio declarado en el Hospital Real de Granada, del que consiguió sacar ilesos a cuantos enfermos se encontraban en su interior.





San Juan de Dios salvando a los enfermos
del incendio del Hospital Real de Granada.
Manuel Gómez-Moreno González. 1880.
Museo de Bellas Artes de Granada.

ICONOGRAFÍA DE SAN JUAN DE DIOS EN MADRID

Al cumplirse el centenario del Hospital de San Rafael en 1992 se encargó a Santiago de Santiago un grupo escultórico dedicado al Fundador, de bronce y piedra, situado en el jardín de acceso. El grupo muestra al arcángel que dio la vista a Tobías, dando ánimos, con una palmada en el hombro, a quien ya no tiene más fuerzas, para que prosiga con su divina labor.

Foto: Filipa Iraizoz

En los jardines del Hospital Gregorio Marañón se encuentra otra bellísima escultura, copia de la que le hizo Jacinto Higueras en 1877, arrodillado, en actitud estática y contemplativa, durante las seis horas que dicen que estuvo orando hasta que le llegó la muerte. El original tallado en madera, obtuvo la Primera Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1920 y se exhibe en el MNCARS.


Foto: Museo Jacinto Higueras.
 

La tercera y última efigie dedicada a San Juan de Dios en Madrid se trata de una réplica en mármol blanco de un boceto en yeso del malagueño Elías Martín Riesco, discípulo de Piquer. Se titula San Juan de Dios conduciendo enfermos al hospital y obtuvo la Medalla de segunda clase en la Exposición Nacional de 1864. Fue adquirida por la reina Isabel II el 30 de junio de 1865 y posteriormente donada al Museo del Prado, de ahí pasó al Museo de Arte Moderno. La crítica contemporánea apreció mucho la obra y ese prestigio se conservó durante bastante tiempo. El fornido fundador, sostiene sobre sus brazos a un joven enfermo semidesnudo. No está expuesta.


Fuentes:

ABC
Recuerdos portugueses en Madrid. José María Sanz García. Instituto de Estudios Madrileños. 1992.
Hospital San Rafael

viernes, 15 de marzo de 2013

José Saramago



El escritor José de Sousa Saramago (Azinhaga, Santarém, Portugal, 16 de noviembre de 1922 - Tías, Lanzarote, España, 18 de junio de 2010) fue investido, tal día como hoy del año 2007, doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid. En el solemne acto también fue investido doctor el filósofo y catedrático Eugenio Trías Sagnier (Barcelona, 31 de agosto de 1942 – Barcelona, 10 de febrero de 2013).

Actuaron como padrinos de Saramago, Tomás Albaladejo Mayordomo, catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y los profesores doctores Javier Rodríguez Pequeño y Filipa Valido-Viegas de Paula-Soares, de la UAM.

En su laudatio, Tomás Albaladejo realizó un extenso viaje por la vida y la obra del escritor, destacando su vinculación con la Universidad Autónoma:
su obra está presente en la docencia y en la investigación de las materias de Estudios Literarios de Lengua y Literatura Portuguesa y en otras muchas áreas. José Saramago es escritor coherente tanto en sus obras como en su posición ante el mundo y la sociedad, y constituye para quienes formamos parte de la UAM una manifestación difícilmente igualable de una ejemplar ética humana y cívica asociada a una extraordinaria creatividad literaria.
En su discurso de investidura, José Saramago habló de la alegoría, y quiso explicar porqué se convirtió en una necesidad para él. Es con Ensayo sobre la ceguera cuando la alegoría entra en el trabajo de Saramago:
lo que podría haber sido descrito con las técnicas de la novela realista, pasó a ocultarse por detrás de los velos de la alegoría para así volverse más visible. 
Clausuró el acto el, por entonces, rector de la UAM, Ángel Gabilondo Pujol, quien se refirió a los nuevos doctores de la Universidad como portadores de 
aire fresco para nuestra travesía de la serena mesura de la tan necesaria palabra justa, de la melodía del pensamiento articulado y vertebrado, de lo que nos da que pensar, de lo que dice no sólo acerca de nuestra situación, sino de nuestra condición. Por eso es tan necesario y tan de agradecer su pensar hecho público. Por eso requerimos la palabra de quienes se ofrecen en sus textos afrontando el trastorno del espíritu general y aprendemos con ellos.
 
En la fila de arriba, José Saramago y sus padrinos del acto.


Premio Nobel de Literatura en 1998, es autor de una extensa e intensa obra en narrativa, teatro, poesía, ensayo, diarios, memorias y otros géneros, de extraordinaria proyección internacional desde la lengua portuguesa. Su literatura muestra la compleja realidad del ser humano en la confluencia del individuo y la sociedad.

En su visión crítica del mundo, representa y comunica, con una ruptura de los esquemas y recursos literarios convencionales, las contradicciones de la realidad en una reivindicación constante de la condición humana.

Utópico, iconoclasta, iberista militante, así se veía ante el viaje de su vida, el que fue suyo, el que puede ser nuestro:
El viaje no se acaba nunca. Sólo los viajantes acaban. E incluso estos pueden prolongarse en la memoria, en recuerdos, en relatos. Cuando el viajante se sentó en la arena de la playa y dijo:
" No hay nada más que ver", sabía que no era así. El fin de un viaje es sólo el comienzo de otro. Es necesario ver lo que no fue visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se verá en verano, ver de día lo que se vio de noche, con sol donde antes caía la lluvia, ver el sembrado verde, el fruto maduro, la piedra que cambió de lugar, la sombra que aquí no estaba. Es necesario desandar los pasos dados, para repetir y para marcar caminos nuevos a su lado. Es necesario comenzar de nuevo el viaje. Siempre.


La vieja máquina de José Saramago y sus gafas en la sala
a la que da nombre en la Fundación César Manrique de
Lanzarote con motivo de una exposición dedicada a su obra.
Foto: El País.com


Fuentes:
Universidad Autónoma de Madrid.
Pensador.info. Textos de José Saramago.

Traducción texto de J. Saramago: A. Iraizoz.

martes, 5 de marzo de 2013

Dª. María Isabel de Braganza (I)

 
Retrato de Dª Mª Isabel de Braganza.
Vicente López Portaña. 1821.
 Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Foto: Pessoas en Madrid
 

María Isabel de Braganza nació el 19 de Mayo de 1797 en el Palacio de Queluz, hija de D. João VI, príncipe regente de Portugal y de la infanta Carlota Joaquina de Borbón, hija mayor de Carlos IV.

El matrimonio de sus padres, convenido para restablecer las relaciones entre ambos países, fue un tremendo fracaso en el aspecto personal. Sus personalidades totalmente opuestas generarían un conflicto permanente (en donde hubo lugar a la conspiración y a la traición por parte de Carlota Joaquina) que acabó por repercutir en el destino de sus hijos. Dos de ellos, Pedro y Miguel, abanderando respectivamente el liberalismo y el absolutismo, lucharon más tarde entre si por el trono llevando a Portugal a una cruenta y prolongada guerra civil.


D. João VI de Portugal y Carlota Joaquina de Borbón. 

A pesar de constituir un matrimonio mal avenido, los padres de Isabel tuvieron 9 hijos que garantizaban la sucesión, aunque hubiera dudas sobre la legitimidad de varios de ellos. No en vano, el último de los hermanos de Carlota Joaquina, tenía un parecido extraordinario con el amante de su madre, Godoy.

La infanta Isabel, educada por maestros próximos a la Compañía de Jesús, manifestó desde pequeña una especial sensibilidad artística por la pintura, recibiendo también clases del pintor Domingos António de Sequeira, equiparado por algunos a Tiziano.

Isabel acusó en su salud el conflicto público entre sus padres, que se separaron en 1806, quedando afectada de una ligera epilepsia.


Embarque del Principe Regente D. Joao VI para Brasil.
Gianni, Giuseppe. 1830

El 27 de Noviembre de 1807 sus padres se tuvieron que reunir, obligados por las circunstancias, para embarcarse en 14 navíos con la reina Dª María I y toda la corte a Brasil ante la invasión napoleónica de Portugal. El matrimonio viajó en navíos separados y dos meses después hicieron escala en San Salvador de Bahía. Isabel se convertirá más tarde en el único miembro de la realeza española, hasta 1910, que haya estado en las Indias.


Llegada de D. João VI a Brasil.

Continuando a su destino final, desembarcaron en Río de Janeiro el 8 de Marzo de 1808. Tras un periodo de residencia provisional en el palacio del Gobernador, sus padres volvieron a separarse e Isabel y sus hermanas quedaron  instaladas en dos haciendas con su madre, que detestó desde el primer momento estar en Brasil.


Aspecto de la calle principal de Río de Janeiro en 1818.
 Thomas Ender
 


Con el regreso triunfal de Fernando VII a España y la restauración de los borbones, en 1814 Carlota Joaquina recibió una carta de su hermano pidiendo la mano de sus sobrinas, la de Isabel para él y la de María Francisca para su hermano Carlos María Isidro.

La alianza resultaba conveniente para unir los intereses de ambas monarquías y hacer frente a la onda independentista que comenzaba a azotar las colonias americanas. Así, el 22 de Febrero de 1816 se firmaron las capitulaciones matrimoniales, pocos días después murió la reina Dª María I y el 22 de Marzo las infantas se despidieron de sus padres ya convertidos en reyes.

Isabel era poco agraciada físicamente. Con diecinueve años estaba dotada de un temperamento dócil, romántico y cándido como se muestra claramente en la carta que escribe, poco antes de embarcar, a su tío y prometido Fernando:
 




Mis deseos son sólo conocerte y agradarte, y si tuviera que soportar tus impertinencias, se que serán justas y que no serán en vano. Gracias por tu predilección por mi, mi único pensamiento es entregarte mi corazón, que sin duda fue creado para el tuyo.
 
Busto de Mª Isabel de Braganza.
José Ginés. Mármol. 2ª mitad s. XIX.
 Museo de la Real Academia de Bellas Artes
de San Fernando. Foto: Pessoas en Madrid.

Al contrario, su hermana María Francisca, de sólo quince años, era el polo opuesto tanto física como anímicamente. Alta, elegante, amante de la equitación y la caza, tenía un carácter extrovertido y dominante, como el de la madre.
El viaje a España fue muy accidentado, tardando cinco meses en llegar a Cadiz. Antes de desembarcar fueron desposadas, por poderes, por el duque del Infantado. Después de una comida de gala, desembarcó la nueva reina de España con su hermana y se dirigieron a la catedral donde fue entonado un Te Deum.

El recorrido hacia Madrid estuvo jalonado por gritos de júbilo y vítores hacia ella por todas las ciudades por donde pasaba. Había corrido el rumor de la petición que hizo nada más desembarcar de que no se realizasen festejos en su honor ni gasto alguno que agravase la situación del pueblo, considerando que el escaso dinero disponible se empleara en la reconstrucción de un país asolado por las guerras.

El 28 de septiembre de 1816, media legua antes de llegar a Madrid, la comitiva real se detuvo. Allí les esperaban el rey y su hermano. Isabel debía estar ansiosa por conocer a su marido en persona. Fernando tenía treinta y dos años, trece más que ella y a su aspecto, nada elegante, le encajaba perfectamente el mote castizo de "manolo".


Retrato de Fernando VII.
Vicente López Portaña. 1821.
Museo del Prado.
Isabel había oído hablar a su madre de cómo conspiró su hermano Fernando para quedarse con el trono de sus padres, la posterior abdicación de estos y de cómo tuvo que desterrarse después a Francia tras la invasión napoleónica. Ya hacía dos años que, en el primer pronunciamiento en España, derogó la constitución liberal con sangrienta persecución para volver al absolutismo.

Pero para la nueva reina de España, consciente de que su misión era darle un heredero, todo aquello revestía poca importancia y, al contrario que su hermana, nunca se interesó por la política y mucho menos por la intriga. No sabía dónde se había metido, si bien el ambiente le resultaba familiar después de haber convivido 19 años con una madre, y ahora también cuñada, déspota y libertina.


Busto de Fernando VII. Francisco Elías Vallejo.
 Mármol. 2ª mitad s. XIX. Museo de la Real
Academia de Bellas Artes de San Fernando.
 


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BIBLIOGRAFÍA

Infantas de Portugal, Rainhas em Espanha. Marsilio Cassotti. Ed. A esfera dos livros. 6ª ed. 2012.