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martes, 10 de diciembre de 2013

Recuerdos de Portugal alrededor de mi antigua calle

 
 
Además del demolido Monasterio de los Ángeles, fundado por Leonor de Mascarenhas (1), los retratos del rey D. Sebastián del Monasterio de las Descalzas Reales (2) y el solar de la casa de la duquesa de Aveiro (3), al inicio y al final de nuestra antigua calle hubo hasta hace poco tiempo dos negocios bien distintos pero ambos con un marcado carácter portugués. ¿Serían todos estos hechos alguna premonición? 

En el primer tramo de nuestra antigua calle, entrando desde la Plaza de Santo Domingo, aún existe aunque muy reformado el Café Varela, uno de los históricos cafés literarios del siglo XIX donde una placa en su interior recuerda que allí escribía el último poeta de la bohemia madrileña Emilio Carrere.

Pero era bajo el café donde, en un semisótano con grandes ventanales apaisados, había un curioso y algo caótico negocio regentado por un portugués serio, alto y de maneras distinguidas que vendía antigüedades y porcelana china procedentes de la todavía colonia de Macao.  Aunque por aquel entonces le entendíamos fatal, entrar en su tienda tenía algo de misterioso y fascinante porque te transportaba, rodeado de dragones y figuras mitológicas a lejanos lugares nada seguros pero muy excitantes.

Recuerdo que poco antes de echar el cierre definitivo del negocio debido a la  rehabilitación total del edificio que lo convirtió en hotel, se veía frente a la entrada una espléndida silla de manos del siglo XVIII. Su interior estaba tapizado en brocado de seda y el exterior pintado en estilo rococó. El techo se remataba con una corona. ¿Cuál sería su procedencia, Macao, Lisboa? ¿A qué noble habría transportado? ¿Habría sobrevivido al terremoto de 1755 en Lisboa?



Y justo al final de la calle daba la fachada trasera del primer restaurante portugués de Madrid, Fado restaurante típico portugués. Tenía la entrada por la plaza de San Martín y aunque no he encontrado ninguna imagen del restaurante quedan aún muchos recuerdos de él en la memoria colectiva y en la mía en particular.

La fecha de su apertura es muy incierta y aunque la publicidad que hay por la red es de la década de 1960, su propietario nos llegó a contar que en el restaurante cantó una joven de 22 años llamada Amalia Rodrigues y ese dato nos llevaría al año 1943, en plena posguerra. El local fue una de las primeras obras madrileñas del decorador Duarte Pinto Coelho al reformarlo en la década de los 50 en el más puro estilo de una casa de Fados de los barrios castizos de Alfama o Morería de Lisboa.

Recuerdo su tejadillo sobre grandes vigas y ménsulas de madera, elemento muy típico sobre el portón de acceso en estas casas, el zaguán empedrado a la entrada, las viguerías de madera del techo, el pequeño escenario situado al fondo del local y cómo todas las ventanas de las fachadas estaban recercadas con auténtico azulejo portugués azul y blanco del siglo XVIII.




... y un poco de arqueología urbana siguiendo la estela de Rafael Martín Moyano, autor del magnífico blog La Muralla Reciclada y casualmente antiguo alumno del colegio San Ignacio Obispo, situado sobre el restaurante.


Al igual que ocurrió con el local que abría estos recuerdos, la necesaria rehabilitación de la finca de finales de los noventa para convertirla también en hotel provocó el cierre de tan histórico restaurante y el del Colegio San Ignacio Obispo, que ocupaba la planta superior.

Fachada a la plaza de S. Martín. Foto: Ayuntamiento de Madrid

Fachada a la plaza de S. Martín después de la rehabilitación

Durante el proceso de reestructuración quedaron al descubierto fábricas de ladrillo y pedernal en las fachadas de planta baja que denotan un origen muy antiguo de la finca.

Antigua entrada al restaurante Fado por la plaza de S. Martín.
Foto: Ayuntamiento de Madrid

Entrada actual al local por la plaza de S. Martín
 
Fachada actual del local a la calle de Trujillos

La rehabilitación se ha quedado, a nuestro entender, algo incompleta a la hora de recuperar y poner en valor este material calificado -muy acertadamente por Rafael Martín- de arquetípico madrileño, relegándolo a la fachada posterior de estos bellísimos muros con tanta historia...

Fachada lateral a la calle de la Flora.
Foto: Ayuntamiento de Madrid

Fachada actual a la calle de la Flora

 ... y que pertenecen, con toda probabilidad, a la finca señalada en el plano de Teixeira cuya morfología no ha variado casi nada desde 1656.




ACTUALIZACIÓN. JUEVES 12 de diciembre de 2013

Rafael Martín Moyano nos comunica amablemente que, tras comprobarlo in situ, la mampostería de los muros citados es de piedra caliza y no de pedernal, como podría parecer en las fotografías. ¡Aquí no hay muralla reciclada!


Foto: Arte en Madrid

Por otro lado, Mercedes Gómez nos facilita una espléndida fotografía de la inscripción existente en el dintel de un vano de la finca colindante a la del antiguo restaurante. Si observamos la diferencia entre la forma que tenía el solar en el plano de Teixeira (1656) y en el Espinosa (1769) podemos deducir, a priori, que en 1660 la manzana nº 400 sufrió una regularización por su lado Este, pasando de formar una "L" a un triangulo rectángulo en cuyo nuevo lado está el vano de la fotografía.


Manzana nº 400 en el plano de Espinosa de los Monteros. 1769

P.D.
Agradecería muchísimo la aportación de cualquier fotografía del antiguo restaurante Fado que ayudase a ilustrar mejor estos recuerdos.