Mostrando entradas con la etiqueta MANUEL PEREIRA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MANUEL PEREIRA. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de noviembre de 2016

El Cristo del Consuelo, otro Pereira en Madrid.


La iglesia del Inmaculado Corazón de María (Padres Claretianos) de la calle de Ferraz atesora otro magnífico Cristo del escultor portugués Manuel Pereira.

Se trata de la imagen del Cristo del Consuelo, también conocida como Cristo de Quintanar que, según la tradición, habló a San Antonio María Claret cuando este rezaba en la capilla de los Marqueses de Quintanar.  


La imagen se encuentra en una capilla situada a los pies del templo y según reza una lápida a la entrada de la misma se puede leer:

ESTA MILAGROSA IMAGEN LLAMADA VULGARMENTE SANTISIMO CRISTO DEL CONSUELO se veneraba en la capilla del palacio de los marqueses de Quintanar de Segovia donde según una tradición fidedigna habló a San Antonio Mª Claret mientras oraba devotamente ante ella.


Sobre la procedencia de la bellísima imagen y su traslado hasta el corazón del barrio de Argüelles da fe otra lápida situada a la entrada de la capilla, en la jamba opuesta a la anterior, que dice:

SANTISIMO CRISTO DE QUINTANAR con la anuencia y generosidad del actual marqués de Quintanar Excmo. Sr. D. Fernando Gallego de Chaves ha sido donado a la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María para su culto y veneración.

Fue, por tanto, el VIII marqués de Quintanar D. Fernando Gallego de Chaves y Calleja  (1889-1974) quien donó la talla a la Parroquia del Inmaculado Corazón de María entre los años 1953 y 1958. La talla del siglo XVII, en madera policromada, fue restaurada por Florentino Trapero en 1958.

Aunque el Cristo del Consuelo pertenece al grupo de "tres clavos" guarda gran similitud con el Cristo del Olivar, del grupo de "cuatro clavos", en la posición y ángulo de los de brazos y  en la idéntica expresión de serenidad del rostro, tan característica en la obra del admirado escultor portugués.





ARTÍCULOS RELACIONADOS:



Fotos:

Pessoas en Madrid
lahornacina.com, Semblanzas.

Fuente:

ABC

martes, 4 de noviembre de 2014

Santa Isabel de Portugal, por Pereira

Santa Isabel de Portugal

Santa Isabel de Portugal, hija del rey Pedro III de Aragón y nieta de Jaime I el conquistador, recibió el nombre de su tía abuela santa Isabel de Hungría, canonizada en 1235 y con quien a veces se confunde su iconografía. Se casó con el rey D. Dinis de Portugal soportando con paciencia los ultrajes de su belicoso e infiel marido. 

Reina ejemplar, tenaz y prudente, llegó a interponerse en pleno campo de batalla entre su hijo y su marido enfrentados por el poder y se distinguió por su amor a los pobres y su caridad incansable. Muerto el rey en 1325, tomó el hábito terciario de San Francisco y mandó construir en Coimbra un convento de clarisas  donde terminó sus días en 1336. Fue canonizada en 1625 por el papa Urbano VIII.




El "milagro de las rosas", común a santa Isabel de Hungría, a santa Casilda y a san Diego de Alcalá, aparece en todas las narraciones de su vida: Cierto día la reina llevaba disimulada en sus ropas una gran cantidad de monedas para dar a los pobres. Al encontrase con el rey, quien le había prohibido dar limosnas, dijo apurada que sólo llevaba flores ("¡são rosas!") pudiendo, efectivamente, mostrar a su esposo un manojo de rosas.

Traemos este personaje a nuestras páginas porque la exposición de obras de arte que Patrimonio Nacional exhibe actualmente en el museo de la Fundación Gulbenkian de Lisboa, a la que hicimos referencia en el anterior post, nos ha dado la oportunidad de conocer, a través de su página web, una obra excepcional del escultor barroco portugués, afincado en Madrid, Manuel Pereira que nos pasó inadvertida en el estudio de su obra y estaba ausente en los inventarios consultados.



Su procedencia es del monasterio de Clarisas Descalzas de Madrid (Descalzas Reales) más concretamente de su sala capitular donde antiguamente se reunía la comunidad en capítulo para tratar los asuntos de especial importancia.

En esta sala se exponen algunas de las esculturas de mayor calidad del monasterio, con obras de Pedro de Mena, Gregorio Fernández, Sebastián Herrera BarnuevoJosé Risueño y Manuel Pereira.


La talla que nos ocupa está realizada a escala natural y reune todas las características que tanto nos gustan del escultor portugués: un naturalismo sin afectación, arrogancia en su apostura, esbeltez, elegancia y la justa cantidad de realismo dramático y de dulzura. Su estado de conservación es extraordinario. 

Manuel Pereira (1588-1683). Santa Isabel de Portugal. c. 1625.
 Madera tallada policromada. 180 x 88 x 55 cm. 
Monasterio de las Descalzas Reales. Inv. 00612119.
Fotos: Fundación Gulbenkian.


ARTÍCULOS RELACIONADOS:

Un breviario muy viajero
Dos objetos de Bárbara de Braganza (y II)

Fuentes:

Museu Calouste Gulbenkian
Museo del Prado
Patrimonio Nacional. Monasterio de las Descalzas Reales.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Manuel Pereira (y II)


Iglesia del convento de San Plácido. Madrid.
Foto: turismomadrid.com


El escultor portugués Manuel Pereira instaló su prestigioso taller en la calle Cantarranas (actual Lope de Vega) de Madrid hacia 1646. Allí convivió junto a su familia, madre y hermano (el también escultor Pantaleón Gómez). Su vida conoció los éxitos y fracasos propios de los artistas, conociendo incluso la prisión en 1635 cuatro años antes de fallecer su mujer, debido a las deudas contraídas. Pudo liberarse de ella gracias a sus fiadores y colaboradores, el ensamblador Juan Bautista Garrido y el pintor Giuseppe Leonardo.   

Recibió el nombramiento de Familiar del Santo Oficio, un titulo muy apreciado por él según se deduce de su testamento, en cuyo encabezamiento antepone este título al oficio de escultor, tras presentar las pruebas pertinentes de limpieza de sangre y alegando ser descendiente de "cavalleros fidalgos del Reyno de Portugal".

Su deseo de ascender socialmente se vio cumplido al llegar a disfrutar de una desahogada posición económica y al conseguir casar a su hija Damiana con D. José de Mendieta, caballero de la Orden de Santiago, a la que también llegaron a pertenecer sus nietos.

En Madrid realizó una copiosa producción escultórica, en piedra, alabastro y madera. Sus modelos, especialmente la iconografía de crucificados vivos y santos, ejercieron una gran influencia en la escultura madrileña de su tiempo, en una época de gran demanda de imágenes para las iglesias de Madrid y alrededores.


Ya desde la capital de España realizó encargos para Alcalá de Henares, Loeches y Torrejón de Velasco -como ya vimos-, Amorebieta, Ávila, Burgos, Longares, Martín Muñoz de las Posadas, Murcia, Pamplona, Salamanca, Segovia, Sevilla y Soria.

También envió obras desde Madrid al convento portugués de Santo Domingos de Bemfica por encargo del conde de Figueiro, de las que se conservan un singular crucifijo y una Virgen del Rosario de gran dulzura en su rostro, trabajando como colaboradores su hermano Pantaleón y los escultores Manuel Correa, también originario de Oporto, Manuel Delgado y el navarro José Martínez




Fotos: Jesús Urrea

Manuel Pereira alcanzó una edad longeva, observándose en su etapa final cierta influencia de Alonso Cano, si bien durante los diez últimos años de su vida sufrió una paulatina ceguera que le fue apartando de la vida profesional.

Su ciclo vital se inició en un Portugal recién anexionado a la corona española, vivió y trabajó en un reino que fue dual más de sesenta años y murió como extranjero en Madrid en 1683 a punto de cumplir los 95 años de edad.

Gracias a las investigaciones realizadas por Mercedes Agulló Cobo y Jesús Urrea Fernández podemos hacer un completo recorrido cronológico por las obras madrileñas de Pereira, muchas de las cuales conocemos en todo su esplendor si bien, en muchos casos, la tarea de reproducirlas no resulta nada fácil por no decir que se trata de una misión imposible. Por ello agradecemos también a los autores de algunas de las fotografías que, por su dificultad, hemos utilizado para ilustrar este artículo:

  • El Cristo del Olivar, tallada en 1647, preside el oratorio de igual nombre y tiene como todos los Cristos del escultor unas esbeltas proporciones e influencias del granadino Alonso Cano.


Foto: Pessoas en Madrid


  • El Cristo del Perdón. Representaba a Cristo arrodillado sobre la esfera del mundo intercediendo ante el Padre por los hombres. Desapareció junto al convento del Rosario de Madrid en 1936. Podemos hacernos una idea suya por las réplicas que se hicieron de él como la de Comillas y la de Luis Salvador Carmona de 1751 para la Granja de San Ildefonso, repetida en Atienza y en el Convento de Nª Sª del Rosario de Nava del Rey.


Cristo del Perdón. Luis Salvador Carmona. Convento de los Sagrados
Corazones, Madres Capuchinas. Nava del Rey, Valladolid.
Foto: Domus Pucelae

  • Esculturas de San Antonio de Lisboa y Padua. Fueron talladas para la iglesia del Hospital de los portugueses. Sobre el dintel de la puerta de ingreso al templo se sitúa la hornacina que alberga la que talló en piedra hacia 1630-1647. Es una representación clásica de la iconografía del santo lisboeta a la que el autor le impregna de una especial ternura en la mirada que dirige al Niño.

Foto: Pessoas en Madrid

El retablo mayor lo preside una talla en madera policromada del santo realizada hacia 1632-1640. Se conserva muy reformada y repintada desde el siglo XVIII.

Foto: Pessoas en Madrid

  • Para la muy cercana iglesia del Convento de San Plácido realizó hacia 1668 las cuatro grandes tallas en madera policromada de San Anselmo, San Bernardo de Claravall, San Ruperto de Salzburgo y San Ildefonso. Están alojadas en las hornacinas de los machones del crucero del templo. Tienen una factura imponente con una policromía austera y expresividad concentrada. Su desigual calidad hace sospechar a Jesús Urrea la intervención de algún colaborador.



San Bernardo de Claravall.
Foto: Jesús Urrea. 

San Ruperto de Salzburgo.
Foto: Jesús Urrea.

San Ildefonso.
Foto: Jesús Urrea.

Se relacionan también con Pereira las esculturas de San Plácido y San Benito situadas en la parte baja de las calles laterales del retablo mayor.


Foto: turismomadrid.com

Y para la fachada del mismo templo talló en piedra un bellísimo altorrelieve de la Anunciación situado sobre el dintel de la puerta, así como un San Benito dentro de un nicho protegido por una reja.



Foto: Pessoas en Madrid


Foto: Pessoas en Madrid

  • Para la parroquia de San Andrés talló un gran número de esculturas entre 1658 y 1668. El retablo mayor alojaba las imágenes de la Virgen, San Andrés, San Pedro, San Pablo, Santa Teresa de Jesús, San Pedro de Alcántara, San Juan Evangelista, San Marcos, San Lucas y San Mateo mientras que la barroca capilla de San Isidro albergaba las de los diez Santos labradores (Adán, Eliseo, Alejandro, Eustaquio, Orencio, Simeón, Emeterio, Lamberto, Galdénico y Esteban). Estas últimas fueron trasladadas al Colegio Imperial en el siglo XVIII donde fueron pintadas de blanco, según el gusto neoclásico de la época. Todas ellas desaparecieron en 1936.


San Esteban labrador.
Foto: Jesús Urrea.

Antonio Palomino le atribuye también las estatuas de piedra de la Virgen, San Isidro y San Andrés perdidas a excepción de la del titular de la parroquia, que tras un largo periodo de abandono por el jardín y decapitada ha sido recientemente restaurada y colocada en una de las portadas laterales de la Capilla de San Isidro.

Foto: Pessoas en Madrid


  • San Antonio Abad fue esculpido en piedra para la portada del convento de Las Maravillas y en talla procesional para la parroquia de San Luis, ambos realizados hacia 1644 y desaparecidos en 1936.

  • Para el convento de Las Maravillas también realizó una escultura en mármol y piedra de Tamajón de la Virgen con el Niño, hacia 1644.

  • San Agustín y San Felipe fueron igualmente tallados en piedra en 1638 y en 1646 respectivamente. Los conventos de sus titulares fueron derribados en el siglo XIX.

  • Idéntica suerte corrieron las esculturas de San Benito y San Martín y sus respectivos conventos, atribuidas por Antonio Palomino y Ceán Bermúdez respectivamente.

  • El convento de Santo Tomás fue derribado tras un incendio en 1875 y con él también desaparecieron las imágenes de San Pedro y San Pablo realizadas para la capilla de Santo Domingo en Soriano.

  • La Virgen de Montserrat fue tallada en 1641 en madera policromada por el pintor y amigo del maestro Luis Fernández. Preside el retablo mayor de la iglesia de Nuestra Señora de Montserrat.


Foto: Viendo Madrid


  • Santa Isabel de Portugal. Talla en madera policromada. c. 1625. 180 x 88 x 55 cm.
    Monasterio de las Descalzas Reales. Inv. 00612119.



Al conocer el carácter ascético de la obra madrileña de este escultor, podemos comprender la inquietud y admiración que esta provocaba en un inteligente y mundano Felipe IV.

Casi dos décadas después de contemplar embelesado a San Bruno, el rey tendría aún que soportar las altivas y severas miradas de San Anselmo, San Ruperto o San Ildefonso cuando este cruzara la penumbra de la iglesia de San Plácido en busca de una aventura amorosa en el interior del convento. No en vano, cuenta la leyenda, que el arrepentimiento fue grande y en pago por tal pecado ofrecería al convento el Cristo pintado por Velázquez.

Esta vez, sus pensamientos serían parecidos al nuevamente hamletiano:

Ser o no ser, esa es la cuestión.




ARTÍCULOS RELACIONADOS:



BIBLIOGRAFÍA:

DOMUS PUCELAE. J. M. Travieso.
lahornacina.com, Semblanzas. 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Manuel Pereira (I)

 


 
 

 
 
 
 

"¡Ay! ¡Pobre Yorick! ¿Qué se hicieron de tus burlas, tus brincos, tus cantares y aquellos chistes que animaban la mesa con alegre estrépito? Ahora, falto ya de músculos, ni puedes reírte de tu propia deformidad...".

 
 
 
 
Esta es la reflexión sobre la muerte y el paso del tiempo que William Shakespeare pone en boca de Hamlet, príncipe de Dinamarca, cuando a la vuelta de su destierro en Inglaterra se informa de la muerte de Yorick, bufón de la corte y amigo de infancia. Hamlet la pronuncia sosteniendo en la mano la calavera que acaba de sacar de la tumba de su amigo.
 
En 1652, medio siglo después de ser escrita esta pieza, el rey Felipe IV, con cuarenta y siete años de edad y quizás algo cansado de una vida repleta de excesos, haría una reflexión similar a la de Hamlet. Pensaría ya en la fugacidad de la vida al ordenar al cochero que aminorase la marcha cuando pasaba ante la fachada de la Hospedería del Paular de la madrileña Calle de Alcalá.
 
 
Localización de la Hospedería del Paular en la calle de
Alcalá esquina con Los Peligros (hoy calle de Sevilla)
en el plano de Teixeira. 1656.
 
Al rey le gustaba admirar con detalle la escultura de San Bruno que había labrado en piedra quien hoy se considera mejor escultor de su época y al que admiraba, el portugués afincado en Madrid, Manuel Pereira. Había llegado a sus oídos lo que la gente decía de este San Bruno, que "no habla porque es cartujo".
 
 

 



San Bruno. Escultura en piedra de Manuel Pereira.
Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Fotos: Pessoas en Madrid
 
Pero el rey sabía que esa frase la había pronunciado él mismo diecisiete años antes mientras contemplaba, absorto, el otro San Bruno en madera que Pereira hizo en su taller de la calle Cantarranas (actual Lope de Vega) por encargo del cardenal Zapata para la Cartuja de Miraflores de Burgos.
 
En aquella ocasión permaneció en un prolongado silencio rodeado de algunos cortesanos hasta que el más adulador de ellos, conocedor de la admiración que el rey tenía por el escultor, se le acercó susurrando: "No le falta más que hablar". El rey salió de su ensimismamiento  diciendo: "Si pudiera no lo haría porque es cartujo".
 
 
San Bruno. Escultura en madera policromada de Manuel Pereira.
Cartuja de Miraflores. Burgos. Foto: Palios
 
 
No es casual que comencemos este artículo con la imagen de tres de los mejores actores de la escena británica de todos los tiempos que han dado vida a Hamlet (L. Olivier, D. Jacobi y K. Branagh). Vienen a nuestras páginas para reforzar la idea de que hablar de Manuel Pereira (Oporto, 1588 - Madrid, 1683) es hablar de uno de los grandes  escultores barrocos de la península junto a Gregório Fernández y Martínez Montañés, siendo su concepto de teatralidad completamente diferente a la de éstos últimos.
 
Sus obras se extendieron por toda la península ibérica, localizándose en Alcalá de Henares, Amorebieta, Ávila, Bemfica, Burgos, Loeches, Longares, Madrid, Martín Muñoz de las Posadas, Murcia, Pamplona, Salamanca, Segovia, Sevilla, Soria y Torrejón de Velasco. Como iremos viendo, muchas de ellas desaparecieron al comienzo de la Guerra Civil.
 
Llegó a ser el representante madrileño de la escuela castellana de escultura naturalista del siglo XVII. Su estilo está marcado por un naturalismo sin afectación, arrogante en su apostura, esbelto y elegante, cuya repercusión llegó hasta el siglo XVIII. Su realismo  aglutina la finura andaluza de Martínez Montañés y el misticismo castellano de Gregorio Fernández. Supo fusionar con habilidad el realismo dramático tan del gusto español con la dulzura del arte portugués, pero huyendo siempre del gusto por el histrionismo y del pathos exacerbado.
 
¿Cómo llega a Madrid? Se sabe que nació en Oporto en 1588, hijo de André Gomes Pereira y de Guiomar de Resende pero se desconocen todos los datos relativos a su formación. Se cree que pudo formarse en Italia y en Valladolid ya que a partir de 1600 consta su presencia en los ambientes de una recién estrenada corte de Felipe III y posteriormente en la de Felipe IV donde ya permanecería trabajando hasta su muerte.
 
Su primera obra conocida está documentada en 1624, tres años después de la subida al trono de Felipe IV, cuando llega a Alcalá de Henares para realizar las esculturas de la fachada de la iglesia levantada por la Compañía de Jesús (actual iglesia de Santa María).
 
 
Foto: Pessoas en Madrid
 
 
Un año después contraería matrimonio en Madrid con María González de Estrada, madre de sus dos hijos y fallecida en 1639. Para esa fachada representó en piedra a San Ignacio, San Francisco Javier, San Pedro y San Pablo.


San Ignacio de Loyola

San Francisco Javier

San Pedro

San Pablo
Fotos: Pessoas en Madrid
 
 
En 1634 realizó para el retablo Mayor de este templo junto con el escultor Bernabé de Contreras, por 800 ducados, las esculturas dedicadas a San Ignacio de Loyola, Santa Catalina mártir, San Francisco Javier, Santa Inés, San Pedro, San Esteban, San Pablo y San Lorenzo. Todas ellas se perdieron en 1936.
 
Para el Convento Cisterciense de San Bernardo (Madres Bernardas) de Alcalá realizó en 1626 un San Bernardo ensimismado en la lectura, labrado en piedra, para la fachada del templo.
 
 
San Bernardo
 
San Bernardo. Detalle.
Fotos: Pessoas en Madrid
 
 
Y para el Colegio de Santo Tomás de Aquino (Padres Dominicos) de Alcalá talló en 1638 una Virgen del Rosario con el Niño, encargo de Francisco de Oviedo por 300 ducados, actualmente desaparecida.
 
Ya en Loeches labró en piedra hacia 1646 las esculturas de Santo Domingo y Santa Catalina de Siena para la iglesia del monasterio de la Inmaculada Concepción (Madres Dominicas), por encargo de la duquesa de San Lúcar, viuda del Conde-duque de Olivares. Dicho Monasterio alberga el panteón de la Casa de Alba.
 
En Torrejón de Velasco recibió el encargo de ocho esculturas en 1661 para la iglesia de San Esteban, de las que sólo pudo terminar las de San Pedro y San Pablo debido a una enfermedad. Las otras seis (San Juan Bautista, San Juan Evangelista y cuatro Doctores de la iglesia) fueron realizadas por su discípulo Manuel Correa. Todas ellas desaparecieron en 1936.
 
Su obra en la capital del reino fue muy extensa, si bien quedó también muy mermada después de la Guerra Civil como veremos en la siguiente entrega.
 
 
 
 
ARTÍCULOS RELACIONADOS:
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA:
 
DOMUS PUCELAE. J. M. Travieso.
lahornacina.com, Semblanzas. 
 
 
 
P. D.
 
A mi padre, quien nos dejó inesperada y plácidamente este domingo tras cerrar este primer artículo de Pereira.
 
IN MEMORIAM