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martes, 21 de enero de 2014

Amália Rodrigues (y II)


 
 
Nuestra amiga y colaboradora ya habitual Teresa, nos envía un par de vídeos de los que entresacamos esta interesante y poco  conocida historia relacionada con la gran Amália, la dictadura de Salazar, la revolución de los claveles y... Madrid.
 

Hacia 1962 el fado de Amália Rodrigues Abandono (también conocido como El Fado de Peniche), con música de Alan Oulman y poema de David Mourão Ferreira, fue prohibido por ser considerado un himno a los presos políticos que se encontraban en la cárcel-fortaleza de la ciudad costera de Peniche.

Hay que recordar que entre 1934 y 1974 la cárcel de Peniche fue prisión política del Estado Novo bajo la dictadura militar, que los presos vivían en celdas que frecuentemente se inundaban por las fuertes mareas y que el 3 de enero de 1960 Álvaro Cunhal y otros miembros de la dirección del Partido Comunista Portugués, tras once años de cautiverio,  protagonizaron una espectacular fuga de película, asestando un duro golpe a la dictadura de Salazar.

La letra dice así:

Abandono

Por teu livre pensamento
Foram-te longe encerrar
Tão longe que o meu lamento
Não te consegue alcançar
E apenas ouves o vento
E apenas ouves o mar


Levaram-te a meio da noite
A treva tudo cobria
Foi de noite numa noite
De todas a mais sombria
Foi de noite, foi de noite
E nunca mais se fez dia.

Ai! Dessa noite o veneno
Persiste em me envenenar
Oiço apenas o silêncio
Que ficou em teu lugar
E ao menos ouves o vento
E ao menos ouves o mar.


Abandono

Por tu libre pensamiento
Te llevaron lejos a encerrar
Tan lejos que mi lamento
No te consigue alcanzar
Y solo oyes el viento
Y solo oyes el mar

Te llevaron en medio de la noche
La sombra todo lo cubría
Fue de noche en una noche
De todas la mas sombría
Fue de noche, fue de noche
Y nunca mas se hizo de día

¡Ay! de esa noche el veneno
No me deja de envenenar
Oigo solo el silencio
que quedó en tu lugar
Y al menos oyes el viento
Y al menos oyes el mar.


Amália sufrió un cierto ostracismo después de la revolución de los claveles del 25 de abril de 1974 porque muchos creyeron ver en ella un símbolo a derribar del régimen recién derrocado. La noche del 26 de abril se encontraba en Madrid cumpliendo un contrato de presentación en la Televisión española. Para algunos radicales contrarios a la cantante, que la tildaban de “simpatizante de Salazar”, su ausencia de Lisboa fue utilizada inmediatamente para manipular la situación y señalarla como un acto de traición y de rechazo a la revolución libertaria.

La entrevista se realizó en los estudios de Prado del Rey de Madrid y se desarrolló en español, idioma que podemos comprobar cómo dominaba con soltura. Al ser preguntada por si le habían prohibido alguna canción de su repertorio observamos malestar en su reacción, un cierto nerviosismo y dolor junto a su respuesta afirmativa. Quizás intuía que, a pesar de su respuesta, comenzaba entonces para ella una difícil etapa en su carrera. 







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AGRADECIMIENTO:
A Teresa S. Lázaro

TRADUCCIÓN DEL POEMA:
Antonio Iraizoz

miércoles, 8 de enero de 2014

Amália Rodrigues (I)

 



Soy una máquina de coser tristezas

Esta frase fue pronunciada por la más grande del país vecino y, aunque es triste de narices, queríamos empezar el año a lo grande con ella, con Amália Rodrigues, con la más grande, con todo nuestro respeto.

Hablar de Amália es difícil porque es hablar de un mito y un símbolo para Portugal como, en una difícil analogía, lo fue Piaf para Francia o quizás la Piquer para España. Curiosamente siempre mantuvimos con el personaje una cierta distancia creada por la preferencia por otros géneros musicales y sobre todo por no haber vivido más de cerca su trayectoria artística y vital.

En los últimos tiempos se está viviendo en el país vecino una vuelta a las raíces culturales y, cómo no, musicales, entre los más jóvenes y hasta en nuestra propia casa se está escuchando, después de haberlo hecho con todos los últimos "descubrimientos" del fado, a Amália. Y cuando de repente tropezamos con una voz purísima, absolutamente cristalina, que es capaz de transmitir y llegar donde ahora ninguna otra lo hace, finalmente comprendemos el porqué del mito.






Amália nació el 23 de julio de 1920 en el seno de una familia humilde en el barrio de Pena, cerca de la Morería de Lisboa y de su biografía sólo señalaremos que consiguió que los fados, considerados en la década de 1940 canciones malditas y de mala reputación, fueran escuchados en los cinco continentes como la expresión más profunda del alma portuguesa.


Porque el fado nació, al igual que Amália, en los barrios pobres de Lisboa, como expresión de las penas de sus gentes. Su nombre proviene del latín fatum, que significa algo así como destino o encadenamiento fatal de hechos.

Amália estaba convencida de tener una costilla gitana por lo mucho que le gustaba también el flamenco pero está relacionada con Madrid porque en diversas ocasiones vino aquí a cantar. Hay registro de archivo de varias visitas que hizo a Madrid.




La primera de ellas fue el siete de febrero de 1943 en plena posguerra, cuatro años después de comenzar su carrera profesional. Con veintitrés años fue invitada por el embajador portugués Pedro Teotonio Pereira y significó para ella la primera actuación fuera de Portugal. Vino con dos mil pesetas en el bolsillo, que en ese momento era una fortuna y los aplausos que escuchó en el estreno le hicieron llorar y quedar eternamente agradecida al público español.


El embajador portugués Teotonio Pereira

Entonces coincidió con Manolete, Hemingway y Antonio Ordoñez con los que pasó días inolvidables y cuando probablemente conoció el recordado en estas páginas Restaurante Fado. Aficionada al flamenco y a la copla cantó con Imperio Argentina Ojos verdesLa Piconera y de Miguel de Molina, Las cosas del querer y La bien pagá. Era sólo el principio de una trayectoria que llegaría a ser reconocida en todo el mundo. 

Amália volvió a actuar en Madrid por lo menos en 1968, 1974, 1980 y el quince de febrero de 1990 para celebrar sus 50 años en la profesión con una gala celebrada en el Teatro Monumental a beneficio de la Fundación Reina Sofía.

En su homenaje se reunió un comité de honor formado por los músicos Plácido Domingo, Miles Davis, Charles Aznavour, Yehudi Menuhin, Milva, los cineastas Federico Fellini, Pedro Almodóvar, Dirk Bogarde, Sophia Loren, Anthony Quinn, los escritores Gonzalo Torrente Ballester, Mario Vargas Llosa y los políticos Mário Soares, Javier Pérez de Cuéllar, Jacques Delors, Jack Lang, Leopold Sedar Shengor y el conde de Barcelona.
Era un homenaje que intentaba hacer olvidar a Amália tiempos difíciles no demasiado lejanos. Poco después de la revolución del 25 de abril de 1974 fue acusada de pertenecer a la PIDE (policía secreta de Salazar):

Recuerdo que tenía que cantar en Madrid el día 27. El aeropuerto de Lisboa estaba cerrado y tuve que viajar en coche. Regresé pocos días después, pero me callaron en la radio, en la Prensa y en la televisión. Decían que el fado alienaba a la gente. Afortunadamente, hoy todo está olvidado y los jóvenes cantan fados.


 
 
 
Amália fue la primera artista que acercó la poesía al fado. Cantó desde poemas de Luis de Camões (1524-1580) hasta las letras que los mejores escritores portugueses componían para ella. Pablo Neruda, admirador de Amália a quien conoció en 1967 en Paris, dedicó a la fadista el soneto No te quiero sino porque te quiero y ella también compuso sus propios temas.
 
Amália Rodrigues murió en Lisboa el seis de octubre de 1999, a los 79 años. Sus restos fueron sepultados en el cementerio lisboeta de Los Placeres, tras un funeral de Estado en la Basílica da Estrela, al que asistió el entonces presidente portugués, Jorge Sampaio. El Gobierno portugués decretó tres días de luto oficial tras la muerte del símbolo nacional.
 
 
 

 
En su repertorio hay canción popular portuguesa, fado tradicional y nuevo fado. Del segundo grupo escogemos Barco Negro para compartirlo con vosotros. En mi opinión, no hay nadie que lo pueda cantar igual. Espero que os guste.


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