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| Los reyes Manuel II de Portugal y Alfonso XIII de España, acompañados por el infante D. Fernando de Baviera al salir de la Estación del Norte. |
Las dramáticas noticias que llegaban del incendio del Teatro de la Zarzuela hacían cundir el nerviosismo entre las autoridades que esperaban la llegada del monarca luso, hasta que a las once de la mañana del lunes 8 de noviembre de 1909 el tren hizo su entrada en la Estación del Norte, procedente la Estación de Delicias.
Al recibimiento tuvieron acceso el personal de la Legación y Consulado de Portugal, subsecretario de Estado, primer introductor de embajadores, ministros de la Corona, presidentes y secretarios de los Cuerpos Colegisladores, caballeros del Toisón de Oro, capitanes generales, ex presidentes del Consejo de Estado, del Supremo de Guerra y Marina, Tribunal de Cuentas, obispo de Madrid-Alcalá, alcalde, gobernador civil, presidente de la diputación provincial y el jefe superior de Policía, que esperaron desde un cuarto de hora antes en el andén.
En la prensa de la época se podía leer:
Llegó a Madrid el rey Don Manuel II de Portugal, joven y simpático soberano, que da una prueba de sus sentimientos hacia España y una bella muestra de confraternidad ibérica al principiar por nuestro país sus visitas a las potencias extranjeras, correspondiendo a análogos sentimientos de Don Alfonso XIII.Pero el programa de los actos previstos para los cinco días de visita oficial estuvo precedido por una copiosa correspondencia epistolar, no sólo entre ambos monarcas sino también entre la reina madre de Portugal, Dª Amelia de Orleans y Alfonso XIII.
Desde el mes de julio a noviembre de 1909 la reina madre envió por valija diplomática una decena de cartas escritas en francés al monarca español donde reflejaba el ambiente pre-revolucionario que se vivía en Lisboa. Eran cartas personales que expresaban su inquietud política y el desvelo por los primeros pasos oficiales que daba su joven hijo.
Simultáneamente se intercambiaban correspondencia ambos monarcas, formándose un dialogo a tres voces, donde la reina constituía el contrapunto de la experiencia y la sensatez, una especie de voz en off más humana y palpitante que traslucía verdadera confianza en el rey español y la necesidad de su apoyo para consolidar la precaria situación de la corona lusa.
Si hasta la visita a Vila Viçosa la correspondencia entre ambos monarcas se había desarrollado en sus respectivos idiomas, repentinamente cambió al francés, sugiriendo José Manuel Allendesalazar que Alfonso XIII se estaba dirigiendo mentalmente al hijo y a la madre al utilizar de manera aparentemente inconsciente el idioma de la reina.
En sus cartas, la reina hace referencia constantemente, sin entrar en detalles, a las conversaciones mantenidas en Vila Viçosa y, ya en las últimas cartas, sugiere el programa de actividades para la visita de su hijo a Madrid, llegando a ser una verdadera obsesión para ella.
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| Los dos monarcas en Madrid. Foto: Ilustração Portuguesa. Fundação Mário Soares |
El carácter algo sedentario y retraído del joven monarca luso, y su mayor inclinación a la actividad intelectual sobre la física hace que la reina pida a Alfonso XIII que muestre, con la autoridad de su ejemplo, que la actividad física y el vigor de la juventud no son de ninguna manera incompatibles con los deberes y los trabajos intelectuales de un soberano:
Te ruego que le lleves a alguna cosa militar, muéstrale cómo tu te ocupas constantemente del Ejército, hasta que punto estás personalmente dedicado a él. Hazle ver...el Museo, la Armería, El Escorial y, si es posible, aunque noviembre es mala época, una corrida.Finalmente, su visita y el programa de actos se desarrollaron de la siguiente manera:
- Lunes 8. Once de la mañana, Recepción oficial en la estación (de gala). Tarde, visitas (de levita los paisanos; portugueses, de militar y españoles, en traje de presentaciones). A las siete, recepción diplomática en la sala de Gasparini. A las ocho y media, comida de gala y concierto (gran gala, señoras con banda).
- Martes 9. Mañana, Revista en el campamento de Carabanchel (traje de campaña). Almuerzo en la Legación de Portugal de la calle de Hortaleza (militares españoles de media gala, sin banda). Tarde, visita al Museo de Pinturas y al Museo de Arte Moderno del paseo de Recoletos (traje como el día anterior). Noche, comida en casa de la infanta Isabel (de diario).
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| Durante las maniobras militares en el campamento de Carabanchel. Foto: ABC |
- Miercoles 10. Mañana, Cacería en la Casa de Campo. Noche, té en casa de la excelentísima señora duquesa viuda de Bailén.
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| Durante la cacería en la Casa de Campo. Foto: ABC |
- Jueves 11. Excursión a Toledo (militares, de diario y paisanos, de americana y sombrero hongo).
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| Los monarcas en Toledo. Foto: ABC |
- Viernes 12. Mañana, visita a El Pardo (traje de americana). Almuerzo a la Comisión de la Oficialidad del Regimiento de Castilla (traje de presentaciones a personas Reales). Tarde, visita al Escorial y despedida (de paisano).
El viaje real continuaría, después de España, a Inglaterra y Francia. Apenas un año después, en octubre de 1910, los cañones de un buque de la Marina portuguesa comenzaron a disparar contra el Palacio Real, con el rey dentro. A las pocas horas la familia real embarcaba para iniciar un viaje, con escala en Gibraltar, rumbo al exilio británico.
ARTÍCULOS RELACIONADOS:
D. Manuel II, el último rey de Portugal (I)
D. Manuel II, el último rey de Portugal (II)
Bibliografía:
Los primeros pasos de un reinado imprevisto. José Manuel Allendesalazar. Boletín de la Real Academia de la Historia. TOMO CXCVIII. NUMERO III. AÑO 2001.
Hemeroteca ABC.























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