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| Los azulejos encargados por D. Teodósio I, V duque de Bragança |
Desde el siglo XVI hasta hoy, el arte de revestir los espacios arquitectónicos con azulejos se desarrolló de manera original en Portugal, alcanzando el estatus de Arte, y constituyendo una de las más originales contribuciones de los portugueses a la Cultura Universal.
A lo largo de la historia portuguesa, el azulejo fue el soporte donde quedaron registrados los diferentes imaginarios del país, desde los provenientes de culturas remotas con las que contactaron a lo largo de sus viajes marítimos en la época de los descubrimientos, hasta los diferentes estilos internacionales por los que se vieron influenciados.
La Real Fábrica de Tapices de Madrid ofreció en el año 2007 la exposición titulada Tapices cerámicos de Portugal. El azulejo del siglo XVI al siglo XX, integrada en la V Mostra Portuguesa, donde se hizo un recorrido por cinco siglos de historia de una de las expresiones más importantes de la cultura artística portuguesa. La muestra estuvo compuesta por 48 piezas que explicaban la evolución de técnicas, aplicaciones decorativas, arquitectónicas, los cambios de temas y de discursos en los azulejos a través del tiempo.
El comisario de la exposición Paulo Henriques, quien estuvo acompañado por el Consejero de Cultura de la Embajada de Portugal, Joao de Melo, y por la directora de la Real Fábrica de Tapices, María Dolores Asensi, afirmó que el arte en los azulejos daba tanta libertad a los artistas que allí fue donde mejor se plasmó el imaginario portugués.
El recorrido empezaba en el siglo XVI, cuando Portugal importaba azulejos del sur de España (Sevilla) a petición de catedrales (como la de Coimbra) y de nobles (como los Duques de Braganza) que recibían esas piezas influenciadas por la presencia árabe en la Península Ibérica.
A finales del siglo XVI e inicios del XVII, con producción ya en Lisboa, las iglesias se cubrieron de azulejos de repetición de color liso que, al alternarse, creaban mallas decorativas en las paredes.
Una de las estéticas más conocidas de los azulejos de Portugal afloró en el siglo XVIII, son aquellos pintados en azul cobalto sobre fondo blanco, una influencia de los holandeses que llegaron al país entre 1670 y 1715.
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| Iglesia de Santa Cruz. Coimbra. Foto: elguisanteverdeproject. |
Sin embargo, el cambio del gusto artístico de los artesanos con el tiempo, notable sobre todo en las molduras, agregó a las piezas también una función narrativa, además de influencias del Rococó, del Neoclásico y nuevos mercados, como Brasil.
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| Fuente: Universidad de Sevilla. |
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| Frontal de altar. Lisboa, siglo XVII. |
Ya en el siglo XIX los azulejos ganaron las fachadas de los edificios, asumieron la identidad urbana con técnicas semi-industriales e industriales, sin embargo, seguían el objetivo de transmitir ideas, como la creencia en el progreso, según explicó el comisario de la exposición.
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| Fachada en el Chiado. |
La influencia modernista llegó con el siglo XX; de ahí los azulejos pasaron a retratar una Lisboa actual, como la de Paolo Ferreira, producida para la Exposición Internacional de París de 1937, la misma que albergó el Guernica de Picasso.
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| Paolo Ferreira (1911-1999). |
La muestra concluía con la importancia que estos tapices cerámicos mantienen en el panorama actual, estimulada por los artistas plásticos de hoy.
| António Dacosta. Estación de metro de Cais do Sodre. Lisboa. Foto: Fernando Correia de Oliveira. |
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| Fernando Pessoa, por Almada Negreiros. Foto: Museo del Azulejo. |
FUENTES. Real Fábrica de Tapices de Madrid Museo Nacional do Azulejo de Portugal V Mostra Portuguesa | |













































