martes, 18 de septiembre de 2012

Bárbara de Braganza, del monasterio de Mafra al de Las Salesas Reales. (y III)





La familia de Fernando VI, por Amiconi. 1752.
Grabado por Joseph Flipart.

El marqués de la Ensenada, ministro de Hacienda, Guerra y Marina, pidió a la nueva reina que utilizase la influencia de su padre, el rey de Portugal, para conseguir una paz duradera con su tradicional aliada Inglaterra. Bárbara mantendrá entonces una asidua correspondencia  con D. João V compuesta por 56 cartas donde la instruye, entre otros temas, sobre cómo actuar ante dos de las principales potencias europeas:


Francia tiene mucho poder y mucha ambición (...) y para conseguir sus fines, algunas veces no repara en que los medios sean lícitos o ilícitos, e incluso contrarios al honor y al decoro.
Los ingleses ni son más moderados ni menos ambiciosos y violentos cuando se trata de sus intereses.
 
Retrato de D. João V, rey de Portugal.
A través de estas cartas se puede cotejar la inteligencia, el carácter, la seguridad y también la ternura de esta mujer casi día a día y la rapidez con que captó la esencia de cómo gobernar  de la forma más conveniente pero con el mayor de los respetos.

Esta correspondencia fue nuevamente motivo para la maledicencia de la reina viuda hacia Bárbara. Pero, genio y figura hasta la sepultura, por lo que la italiana se sintió más humillada fue por la aceptación de Farinelli para pasar al servicio de los nuevos reyes y no continuar al de ella. 



Retrato de Farinelli, por Corrado Giaquinto.
Fernando VI y Bárbara de Braganza, al fondo.

Farinelli valoró más los sentimientos hacia él y los conocimientos musicales de la nueva reina que el caracter dominante de su compatriota. La reina viuda propagó enseguida el bulo de que ante la frustación física que el rey le provocaba, la reina habría iniciado una relación sentimental con Farinelli basándose en la gran influencia y cofianza que esta le había otorgado en la corte.

La crisis se resolvió en 1747 invitando a la reina viuda a volver a residir en La Granja quien, aún no del todo satisfecha, mandó construir muy cerca el palacio de Riofrio, de estilo italiano, a imagen y semejanza del aún inacabado palacio de Oriente de Madrid.

 
Vista del palacio de Riofrio. Segovia.
A finales de 1748 se firmó un tratado de paz entre Francia e Inglaterra que permitió retirar las tropas españolas en el continente e iniciar la tan deseada política de los nuevos reyes de Paz con todos y guerra con nadie, así como las grandes reformas iluministas que producirían sus verdaderos efectos en el siguiente reinado.

Conscientes del hecho de que no irían a tener descendencia, se preocuparon de las condiciones de la maternidad y sanidad públicas que mitigó la alta mortalidad infantil, mejoró la profilaxia de los servicios médicos y la regularidad de la limpieza de las calles.

El patrocinio de las artes les lleva a fundar la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución cuya importante labor cultural perdura hoy en día.


Fachada de la Real academia de Bellas Artes de San Fernando.

Inaugurado en 1753 en la real Casa de la Panadería, en 1773 se trasladó por falta de espacio a su sede actual, en el Palacio de Don Juan de Goyeneche. Construido en 1715 por José Benito de Churriguera en estilo barroco, fue posteriormente remodelado en 1774 por Diego de Villanueva, quien le dotó de la fachada neoclásica actual.

El siguiente grabado refleja el estado anterior a la reforma en su mitad izquierda y el estado reformado en su mitad derecha. Disponía de un zócalo con almohadillado rusticato que fue alisado, portada, balcones y elementos ornamentales barrocos en cornisa y balaustrada que fueron modificados según el nuevo gusto neoclásico de la Ilustración. 

El Palacio de Goyeneche antes y después
 de la reforma de su fachada. Grabado.

El nombre de Bárbara, cuyo nacimiento dio origen a la creación del monasterio de Mafra en Portugal, ahora quedaría unido al de la fundación del convento de Las Salesas Reales e iglesia de Santa Bárbara. Sería la más noble y refinada arquitectura religiosa que se realizó en Madrid durante el siglo XVIII.

Las obras de la iglesia de Santa Bárbara, junto a las del convento, fueron iniciadas en 1749 por el arquitecto François Carlier, con la colaboración de Francisco Moradillo, y se concluyeron en 1757.

Se sabe que la reina utilizó sus propios fondos privados para la fundación de dicho monastério, destinándolo a monjas de la orden francesa de la Visitación.


Real Convento de la Visitación, vulgo las Salesas.
Grabado. 1758. 
 

Junto a la diabetes aguda e hipertensión, su salud comenzó a debilitarse. A pesar de no quejarse nunca de sus propios males, los médicos le recomendaron, al final de la década de los cuarenta, que pasase más tiempo en Aranjuez por tener un clima más suave.

A Bárbara le agradaba especialmente aquel palacio por estar al borde del río Tajo, o Tejo, el mismo río de su amada Lisboa de la que nunca se olvidó en los casi cuarenta años que vivió en España.



Fernando VI y Bárbara de Braganza en los jardines del
Palacio de Aranjuez, por Francesco Battaglioli.

En 1750 recibe un duro golpe con la muerte de su padre y en aquel mismo año se firma entre ambos reinos el Tratado de Madrid por el cual se fijaron los límites de Brasil. Esto provocó críticas de los sectores iluministas portugueses que la acusaron de no aprovechar la gran influencia que ejercía sobre su marido. La muerte su madre en 1754 y el terremoto de Lisboa de 1755 son otros duros episodios que acabarían por agravar su salud.

Después de inaugurar solemnemente en 1757 el monasterio de Las Salesas Reales que albergaba los sepulcros de la pareja real, la reina vuelve vuelve sola al lugar para hablar con las monjas. Dos meses antes había muerto Scarlatti y, según contaron las monjas, había vuelto para despedirse de ellas pues sufría dolores agudos de útero.

Aunque dejaba todo dispuesto en su testamento para la manutención del monasterio no pudo evitar la ironía del pueblo madrileño que el día de su inauguración puso un pasquín en la puerta del edificio que decía:


Bárbaro edificio, bárbara renta, bárbaro gasto, Bárbara reina.
Sección longitudinal de la iglesia de Santa Bárbara.
François Carlier. 1753.
Vista de la fachada de la iglesia de Santa Bárbara desde el monasterio
 
El empeoramiento del estado de salud de la reina comenzó a deprimir a Fernando, quien por primera vez desde que subió al trono, abandonó los asuntos de gobierno para ocuparse exclusivamente de ella. Recluidos en Aranjuez, la reina murió el 27 de Agosto de 1758 a los cuarenta y seis años, tras una dura agonía, con cancer de útero.

El rey se retiró a meditar al castillo de Villaviciosa de Odón dejándose arrastrar por la misma melancolía y estados de agitación que sufriera su padre. El 10 de Agosto de 1759, casi un año después que Bárbara, murió Fernando VI, reuniéndose definitivamente con su amada esposa en el monasterio de Las Salesas Reales.
                                                                              
                                                                      
    
Bajorrelieves en mármol de Fernando VI y Bárbara de Braganza.
 Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid.
Foto: Pessoas en Madrid

 
Hasta la llegada del heredero de Fernando desde Nápoles, su medio hermano Carlos III, Isabel de Farnesio asumió la regencia del reino, quien pudo ver realizado su mayor sueño de ver coronado a su primogénito como rey de España. La rival implacable de Bárbara de Braganza murió en 1766 con setenta y tres años en Aranjuez, casi ciega, donde su nuera había sido más feliz.

Madrid dedica a esta gran reina una calle con su nombre en el barrio de Justicia del distrito Centro, justo a continuación de la dedicada al rey Fernando VI. En la plaza de la Villa de París, lugar donde se encontraban las huertas del convento de las Salesas, hay una bonita escultura de Bárbara de Braganza ejecutada por Mariano Benlliure en 1887 muy cerca de otra más antigua dedicada también a su marido.


Estatua de Bárbara de Braganza.
Mariano Benlliure. 1887.
Foto: Alejandro Blanco




Artículos relacionados:
Bárbara de Braganza, del monasterio de Mafra al de las Salesas Reales (I)
Bárbara de Braganza, del monasterio de Mafra al de las Salesas Reales (II)

BIBLIOGRAFÍA
Infantas de Portugal, rainhas em Espanha. Marsilio Cassotti. A esfera dos livros. 2012

FUENTES
Fundación COAM
Biblioteca Nacional de España

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Bárbara de Braganza, del monasterio de Mafra al de Las Salesas Reales. (II)



La familia de Felipe V. Louis Michel Van Loo. 1743.
Museo del Prado

En el magnífico retrato de la familia de Felipe V pintado por Van Loo, la protagonista absoluta es la reina consorte Isabel de Farnesio, no el rey. No solo se sitúa en el centro de la escena sino que apoya uno de sus brazos sobre la corona real, se sienta cómodamente en un cojín de terciopelo carmesí en el que están bordados con hilo de oro castillos y leones y viste el manto forrado de armiño, todos ellos símbolos del poder.



A la izquierda del cuadro, desde el eje central que ella marca, se sitúa el anciano rey que mira hacia el lado de ella, con su breve familia, mientras que en el lado opuesto recae el peso de la composición con un gran despliegue de retratos de los propios hijos de la reina y una fastuosa decoración barroca con ecos musicales de fondo.

Bárbara de Braganza, sentada a la izquierda junto a su marido Fernando, parece querer mirar para otro lado. Y no le faltaba razón.




Fernando se dio cuenta pronto de que la mujer que tenía a su lado le daba todo lo que hasta entonces le había faltado, afecto, seguridad y conocimientos más amplios. El gran ascendente que Bárbara comenzó a ejercer en Fernando provocó la desconfianza de la reina a la que hay que añadir su envídia y antipatía previas.

Desde la boda de los príncipes en 1729 hasta la muerte del rey en 1746, vivieron bajo la permanente vigilancia de espías y excluidos de los asuntos del gobierno. Estuvieron prácticamente recluidos en el palacete de la Casa de Campo hasta que los reyes decidieron en 1734 trasladar la corte desde el palacio del Buen Retiro al de La Granja de San Ildefonso.


Vista del Palacio de la Casa de Campo.
Los príncipes aprovecharon la ocasión para trasladarse al Buen Retiro donde crearon una pequeña corte de fieles. Bárbara interpretaba a diario música de cámara para clave compuesta por ella misma y corregida por su viejo maestro Scarlatti que la acompañó a Madrid. De acuerdo con el espíritu iluminista de la época, se dedicaba también a la edición e impresión de libros, para lo cual hizo instalar una imprenta en el palacio.



Vista del Palacio del Buen Retiro.

En la Navidad de 1734 un incendio destruye por completo el antiguo Alcázar de Madrid. El incendio se originó en la habitación del pintor de cámara Jean Ranc, autor de los primeros retratos de la reina y de la princesa, quien por sufrir problemas de visión fue sustituido por Louis Michel Van Loo. El nuevo palacio mandado edificar por Felipe V sólo sería concluido después de la muerte de Bárbara y Fernando.


Vista del Palacio Real en la segunda mitad del siglo XVIII

Ante la política de ayudas del Estado a los hijos de Isabel en Italia, concentrando todos los recursos bélicos en aquella península para conquistar el reino de Nápoles y Sicilia, los príncipes de Asturias comenzaron a ser vistos como una esperanza por la vieja nobleza castellana y por los altos funcionarios que nunca vieron con buenos ojos las excentricidades de los reyes. Por iniciativa de Bárbara, discretamente fueron llegando a palacio informaciones sobre el funcionamiento del reino.

Por su parte Isabel de Farnesio, gran amante del canto, contrató a Carlo Broschi (Farinelli) un castrati napolitano con gran fama en Europa para intentar paliar la persistente melancolía del rey. Su alto registro de voz alcanzaba el de soprano-contratenor. Dicen que cuando el rey lo escuchó por primera vez en La Granja salió inmediatamente de la depresión que le postraba. Llegó a depender de él de una manera obsesiva.  


Retrato de Carlo Broschi,
por Corrado Gianquinto.

El 9 de Julio de 1746 muere Felipe V en La Granja. El nuevo rey Fernando VI pide a Bárbara que escriba a su padre D. João V de Portugal para que les aconseje sobre cómo actuar ante el desafío que se les presentaba. A pesar de las dudas iniciales, tienen ideas muy claras de por donde deben empezar a actuar:
1º. Cortar de raiz los enormes gastos militares al servicio de los intereses de la reina vuida en Italia.
2º. Reformar la Administración interna y racionalizar los recursos de la colonias.
3º. Aplicar las medidas del Iluminismo a la educación y a las artes.
(Medidas que siguen pareciendo acertadas y aplicables actualmente, casi tres siglos después).

El padre de Bárbara les aconseja  actuar con "reflexión y cautela" y a pesar de las precauciones tomadas, la reina viuda acusa a Bárbara de querer entregar la dirección del gobierno a Portugal. Es desmentida por el propio ministro de Asuntos Exteriores francés al afirmar que si el gobierno de España había sido italiano durante el reinado de Felipe V, ahora sería castellano y nacional.

El 10 de Octubre de 1746, Fernando y Bárbara hacen una entrada solemne en Madrid, ciudad que les tributa un homenaje delirante. La sensación positiva del pueblo es corroborada por las delegaciones diplomáticas cuyas impresiones no pueden ser más favorables para ambos. Los nuevos reyes permiten que la reina viuda se instale en el palacio de los Afligidos, en la montaña del Príncipe Pío, justo en el lado opuesto de la ciudad, vista desde el Buen Retiro.

Bárbara tenía entonces treinta y cinco años y su maestro Scarlatti sesenta y uno. Ambos compartían, además del amor por la música, la afición por los dulces conventuales lo que les provocó diabetes y un evidente aumento de peso.

Con la reina viuda aparentemente neutralizada y con tantos proyectos por emprender se inicia para la pareja una nueva y fructífera etapa que veremos en el próximo y último artículo.


Retrato de Bárbara de Braganza por Louis Michel
Van Loo. Museo de la Real Academia de Bellas
 Artes de San Fernando. Madrid.
Foto: Pessoas en Madrid


Artículos relacionados:
Bárbara de Braganza, del monasterio de Mafra al de las Salesas Reales (I)
Bárbara de Braganza, del monasterio de Mafra al de las Salesas Reales (III)


BIBLIOGRAFÍA
Infantas de Portugal, rainhas em Espanha. Marsilio Cassotti. A esfera dos livros. 2012

martes, 28 de agosto de 2012

Bárbara de Braganza, del monasterio de Mafra al de Las Salesas Reales. (I)



Retrato de Dª. Bárbara de Braganza por
Jean Ranc. Museo del Prado.


Dos años después de contraer matrimonio el rey D. João V de Portugal con la archiduquesa María Ana de Austria en 1708, prometió a S. Antonio que construiría un monasterio en su honor si le concedía la gracia de tener descendencia. El 4 de diciembre de 1711 nació la infanta María Teresa Bárbara que llegaría a ser la décimo primera reina de España de ascendencia real portuguesa y conocida como Bárbara de Braganza. Cuando Bárbara cumplió seis años el rey de Portugal colocó la primera piedra del convento de Mafra, cumpliendo así la promesa que le hizo al santo lisboeta.
El imponente monasterio siguió el modelo arquitectónico y programático del Escorial, reuniendo en él basílica, convento, palacio y biblioteca. Inspiró la novela Memorial del convento de José Saramago.


Monasterio de Mafra.

 Bárbara fue educada por su madre y por el jesuita Antonio Stief, quien la enseñó el latín. Llegó a dominar seis idiomas a la perfección y a los once años empezó a recibir clases de clave con Domenico Scarlatti, superando el gusto musical que heredó de sus padres.

Retrato de Doménico Scarlatti por
Domingo Antonio Velasco. 1738.

A partir de los catorce años el destino de Bárbara parece estar dominado por la figura de su futura suegra italiana, la reina Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V. Fue conocida por su excesiva ambición, su gusto por la manipulación y obsesionada por situar bien a sus hijos la infanta María Ana Victoria y los infantes Carlos y Felipe,  igualándolos a los hijos del primer matrimonio de Felipe V con María Luisa Gabriela de Saboya, Luis y Fernando.
Como ya hicieran dos siglos antes el emperador Carlos I y su primo D. João III de Portugal casando con sus hermanas Catalina de Austria e Isabel de Avis, los reyes de España y Portugal volvieron a concertar un doble matrimonio muy conveniente para todos  entre sus herederos Fernando, príncipe de Asturias (tras la muerte del primogénito Luis) y José, príncipe de Brasil con sus hermanas María Ana Victoria de Borbón y Bárbara de Braganza.
Además de pactar cuestiones pendientes entre ambos Estados como la firma del Tratado de Utrech y la delimitación de los reinos de América del Sur, se solicitó un retrato de Bárbara, como era costumbre en estos casos, ante los comentarios negativos que llegaban desde Lisboa sobre el aspecto de la infanta después de sufrir la viruela.
El retrato tardó bastante en llegar, dicen que no se inició hasta haberse concluido totalmente el tratamiento al que tuvo que ser sometida para mejorar su aspecto. Cuando el embajador español trajo el cuadro hizo saber que era muy diferente a la realidad, que habían favorecido mucho sus facciones. Al recibirlo Fernando lo guardó y no lo dejó ver a nadie para no herir susceptibilidades. Hoy se encuentra en el Prado y en él vemos a una hermosa joven de aspecto muy agradable.


Retrato de Dª. Bárbara de Braganza por
Domenico Dupra. Museo del Prado.

Otro problema que se planteaba, esta vez del lado español, era la conveniencia o no de que se casara el príncipe de Asturias con catorce años. Su ayo manifestó que no lo debía de hacer por lo menos hasta los dieciocho por no haber completado todavía su desarrollo y faltarle la necesaria robustez para que sus relaciones sexuales fuesen completas. Su médico era de la misma opinión, señalando un pequeño defecto físico de conformación. Pero al final prevaleció la tenaz opinión de la reina Isabel de Farnesio que, conocedora de la debilidad congénita del príncipe, favorecía sus planes presentes y futuros.
El día 19 de enero de 1729 se realizó el intercambio de esposos en la frontera del río Caya, entre Elvas y Badajoz, siguiendo el modelo suntuoso que siglos antes se realizaba sobre el río Bidasoa cuando había una boda real entre España y Francia. Esta vez se construyeron tres pabellones sobre un puente, uno en cada orilla y otro más lujoso en el centro donde se hizo el intercambio de princesas. 


Intercambio de princesas en el río Bidasoa. (Detalle).
Peter van der Meulen. 1615. Real Monasterio de la Encarnación.


Finalmente se encontraron nuestros novios cara a cara. Por las descripciones de contemporáneos, ninguno de los dos era especialmente agraciado. Eso si, Bárbara tenía una altura y porte muy nobles. Fernando, además de muy tímido e inseguro, era consciente de no haber sido educado convenientemente por culpa de su madrastra. Isabel de Farnesio favoreció siempre la formación de sus hijos Carlos y Felipe, para ella más despiertos, curiosos e instintivos.


Retrato de D. Fernando VI por Louis Michel
van Loo. Museo de la Real Academia de Bellas
 Artes de San Fernando. Madrid.
Foto: Pessoas en Madrid

Pronto corrió el rumor de que ante la primera noche de bodas, Fernando se atiborró de atún seco, considerado entonces un poderoso afrodisíaco, con el triste resultado de pasar toda la noche vomitando. Poco tiempo después Bárbara sería consciente del problema al que se enfrentaba y es probable que la fundación del monasterio de Las Salesas Reales de Madrid estuviera relacionada con alguna promesa similar a la que hizo su padre por el mismo motivo.
Bárbara comenzó a manifestar, en la convivencia con sus suegros, su gran cultura, buena educación y, sobre todo, tacto, lo que despertó la envidia y después la antipatía de Isabel de Farnesio. A la dificultad en las relaciones físicas con su marido se añadió otro vía crucis más, la rivalidad con su suegra. Una de las reinas más inteligentes, astutas y con recursos que se hayan sentado en el trono de España... 


Retrato de Isabel de Farnesio por
Jean Ranc. Museo del Prado.


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Bárbara de Braganza, del monasterio de Mafra al de las Salesas Reales (III)


BIBLIOGRAFÍA
Infantas de Portugal, rainhas em Espanha. Marsilio Cassotti. A esfera dos livros. 2012 

miércoles, 25 de julio de 2012

San Antonio de Lisboa y Padua (y III)


Ermita de San Antonio de los Portugueses. J. Muperton.


Terminamos el recorrido por los edificios religiosos dedicados a San Antonio de Lisboa y Padua en Madrid con uno ya desaparecido y escenario de numerosos avatares, la Ermita de San Antonio de los Portugueses en el Parque del Retiro.

EL RETIRO

El jardín que embellecía el Palacio Real y Sitio del Buen Retiro fue promovido por el conde-duque de Olivares a partir de 1632. El embrión de este vergel fue un jardín geométrico y un estanque alrededor de la Casa de S.M. en San Jerónimo, al que se le irían adicionando otros a medida que se adquirían las fincas colindantes, por lo que el resultado, como ocurriría con el paralelo conjunto palaciego, sería fruto de la improvisación y la rapidez, sin planificación, caracterizándose por su falta de orden y unidad. No había ejes principales, sino recorridos laberínticos que enlazaban las partes, por lo que éstas se entendían autónomamente, sin referencias a la globalidad.




La principal intervención en los jardines se produjo a partir de 1634 y hasta 1640, dando lugar a jardines más formales, próximos al palacio y rodeados por un gran bosque. Hay en ellos influencia centro-italiana, pero se desconoce su autor. Se considera la supervisión de Crescenzi en el proyecto global y la participación de ingenieros, como el toscano Cosme Lotti, que había trabajado en los jardines del palacio mediceo de Bóboli en Florencia.




Su interior y sus caminos quedaron jalonados por hitos arquitectónicos, lagos, canales, estanques, fuentes, arboledas, jardines y huertas, paseos cubiertos y largas avenidas umbrías, juego de pelota, picadero, casa de fieras, pajarera, embarcaderos e incluso seis ermitas, sus construcciones más características y de origen hispánico, ya desaparecidas, que seguían el modelo del Monasterio de Montserrat.

LAS ERMITAS

Las ermitas estaban dispersas por todo el recinto, diseñadas con planta centralizada y coronadas con un chapitel estilo austria. Estas ermitas cumplían tanto una función religiosa como de escenografía o cierre de perspectiva de los jardines. En el plano de Teixeira se localizan perfectamente las seis ermitas dedicadas a San Isidro, San Pablo, San Juan, San Bruno, "la Madalena" y "los portugueses", señalizadas en el plano con los números 77, 82, 83, 84, 89 y 99, respectivamente.

Una de las más importantes era la de San Juan, ubicada donde hoy se halla la sede del Ayuntamiento. Contaba con un jardín secreto, a la manera de las villas italianas, y tenía adosada la residencia oficial del alcaide, precisamente el conde-duque de Olivares.


Ermita de San Juan en el plano de Teixeira

Entre todas ellas destacaba la ermita de San Pablo, inspirada en el Casino de Pío IV en el Vaticano, era obra de Juan Bautista Crescenzi y la única en un estilo diferente, el manierista italiano.


Ermita de San Pablo en el Retiro. Louis M. Meiner.

Para el interior de esta ermita se encargó al pintor Velázquez el lienzo Encuentro de San Antonio Abad con San Pablo, primer ermitaño




El Estanque Grande de 1634 es, junto al Estanque de las Campanillas, prácticamente el único elemento  que hoy sobrevive del jardín del siglo XVII. Su función era servir como depósito de agua para el riego y ser utilizado en espectáculos teatrales y naumaquias. De él partían dos canales navegables, siendo el principal el del Mallo, que concluía en otro estanque polilobulado, en cuyo centro y en una isla se situaba la ermita de San Antonio de los Portugueses, la última en construir y mayor de todas ellas.

LA ERMITA DE SAN ANTONIO DE LOS PORTUGUESES


Fue construida por Alonso de Carbonell entre 1635 y 1637. Aunque la advocación de la ermita fue la de San Antonio de Padua, vulgarmente se la conoció como San Antonio de los portugueses, ya que su construcción fue financiada por la comunidad portuguesa residente en Madrid, encabezada por el poderoso financiero Manuel Cortizos de Villasante, a instancias del Consejo de Portugal.


Vista del Palacio del Buen Retiro atribuida a Jusepe
 Leonardo con la Ermita de San Antonio de los
 portugueses al fondo, sobre el horizonte.


En cuanto al edificio, San Antonio fue la ermita más grande situada en el Retiro. Construida en ladrillo rojo, destacaba sobre todo su suntuosa portada, compuesta por cuatro columnas de mármol blanco con basas y capiteles de mármol negro, y coronada por una estatua del santo titular. Pero sin ninguna duda, el elemento más peculiar de la ermita era el estanque de perfil polilobular que la rodeaba, el cual, estaba conectado mediante una red de canales con el estanque grande.

Hay que señalar que al estar conectada por un canal asi como poseer estancias de recreo en su parte posterior, como se aprecia con claridad en el plano de Teixeira, servía como escenario de una sofisticada combinación de sacro y profano durante las festividades del santo.







Su estilo se encuadra dentro de la primera corriente del barroco español caracterizada por la austeridad geométrica y espacial derivada del herrerianismo. Los motivos ornamentales eran escasos salvo en los interiores, que eran profusamente decorados. Su torre cuadrangular, rematada con chapitel herreriano, su suntuosa portada y el canal polilobulado que la rodeaba eran sus elementos más notables. Desconocemos los datos sobre su interior aunque es de presumir su planta centralizada y son conocidas las pinturas murales al fresco que Luca Giordano realizó allí en 1699.

Reconstruida por orden de Felipe V tras un incendio sufrido en 1734, fue demolida en 1761 para construir en su lugar, bajo el reinado de Carlos III, la Real Fábrica de Porcelana de la China. Destruida la fábrica durante la guerra de la independencia, Fernando VII acondicionó el lugar instalando una fuente denominada de la China, en recuerdo a la Real Fábrica. Actualmente su lugar lo ocupa la glorieta y estatua del Ángel Caído, obra de Ricardo Bellver.

Plano de las fortificaciones realizadas en la zona durante
 la guerra de la Independencia. 1808-1812.

El concepto de espacio centralizado, el chapitel ochavado y los materiales de la ermita de San Antonio de los Portugueses sirvieron de modelo a Pedro de Ribera para proyectar en 1718 la Ermita de la Virgen del Puerto.




No podemos concluir este recorrido, sin abandonar la Comunidad de Madrid, mencionando  la importante actuación urbanística compuesta por plaza con galería porticada e iglesia dedicada a San Antonio en Aranjuez.

Artículos relacionados:
San Antonio de Lisboa y Padua II
San Antonio de Lisboa y Padua I


FUENTES:
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
Urbanity
Memoria de Madrid

BIBLIOGRAFIA:
Velázquez y las ermitas del Buen Retiro. Alfonso Rodríguez. G. de Ceballos.

viernes, 20 de julio de 2012

Manuel Cortizos de Villasante

Los años posteriores a la secesión portuguesa de 1640 no fueron precisamente fáciles para los portugueses naturales de aquella nación que aquí estaban ni para los nacidos en España, sobre todo a partir de 1643. En enero de ese año Felipe IV concedió licencia para retirarse de sus funciones al conde duque de Olivares.


Retrato ecuestre de Felipe IV.
Velazquez. Museo del Prado

Con el conde duque alejado de la política, los cristianos nuevos quedaban sin protección a merced del conservadurismo ancestral que iba a dirigir nuevamente el país. Su política de reformas y relativa tolerancia no le sobrevivió.

Con sus limitaciones, la suya fue una política más práctica, abierta y por lo tanto más libre de prejuicios raciales -posiblemente por sus antecedentes judíos- que la del resto de los españoles y más acorde con los aires que soplaban en Europa impulsando el cambio.



Retrato ecuestre del conde duque de Olivares.
Velazquez. Museo del Prado

A partir de entonces triunfó el partido opositor inmovilista nobiliario que, por su propio nombre, no necesita más presentaciones y el cual representó un duro golpe para una burguesía activa como era la comunidad de cristianos nuevos portugueses que sería más estrictamente perseguida.

Entre 1640 y 1669 fueron juzgados por delito de judaísmo sólo en el Tribunal de Sevilla 441 portugueses, estando entre ellos los más ricos e influyentes hombres de negocios. Pero al portugués más poderoso de España, Manuel Cortizos de Villasante, pese a estar denunciado por judaizante, la Inquisición no llegó nunca a incomodar. Personaje de gran interés para Pessoas en Madrid y vamos a ver porqué.

Manuel Cortizos de Villasante fue asentista, financiero y llegó a tener oficio municipal en Madrid, Toro y Zamora. Uno de sus mayores momentos de gloria le llegó con motivo de la falta de dinero que el ejercito de Felipe IV tenía para combatir la sublebación de Cataluña. El rey escribió desde Zaragoza a la reina, Isabel de Borbón, 
encargándola aplicase toda su fuerza y conducta para juntar lo más que pudiese. 


Retrato ecuestre Isabel de Borbón y Médicis.
Velazquez. Museo del Prado

La reina metió en un cofre de plata todas sus joyas y acompañada de su valido el conde de Castrillo se dirigió en persona a casa de Manuel Cortizos de Villasante. Le ofreció las joyas a cambio de ochocientos mil escudos para podérselos enviar al rey. Cortizos quedó tan conmovido por la humanidad de la reina y tan honrado por el honor de haber pisado su casa que, arrodillándose dijo:

Señora, mi vida, mi honra y mi hacienda, todo es de V.M. ¿Qué joya de más precio ni qué recompensa de más valor, que el haber visto toda la Corte que V.M. ha venido a esta casa?  Vuelva V.M. a Palacio que yo voy en seguimiento suyo.

Y así lo hizo, llevando los ochocientos mil escudos que la reina envió a Zaragoza, recomendando al rey para que honrase a Cortizos por el gran sevicio prestado.

Poco tiempo después, el 2 de junio de 1642 Manuel Cortizos de Villasante sufrió un sonado robo en su casa situada en la calle Ancha de los Peligros, hoy calle Sevilla. Una noche en la que  Cortizos no se encontraba en casa, unos ladrones decidieron desvalijar todos los bienes que en ella había. Para poder entrar en la casa necesitaban arrancar una reja recibida en el muro, con lo que harían mucho ruido. A pesar de ello se las ingeniaron para no despertar a los vecinos. Pusieron dos coches corriendo durante toda la noche, dando vueltas a la manzana. Así consiguieron que el ruido provocado por los caballos disimulase los golpes que los ladrones tenían que dar para sacar la maldita reja. Entraron y desvalijaron todo lo que encontraron de valor, que sería mucho.

Pero el personaje nos interesa especialmente porque fue un destacado constructor y el promotor, entre otros edificios, de la Ermita de San Antonio de los Portugueses (situada en la glorieta donde hoy se encuentra la estatua al Ángel Caído en el parque del Retiro) y que trataremos en el próximo artículo como final de la serie dedicada a San Antonio de Lisboa y Padua.


Ermita de San Antonio de los Portugueses en el plano de Teixeira


Bibliografía:

¿Judíos o Cristianos?. Victoria González de Caldas. Universidad de Sevilla. 2004
Semanario erudito. Tomo Tercero. Antonio Valladares de Sotomayor. Madrid. 1787

miércoles, 11 de julio de 2012

San Antonio de Lisboa y Padua (II)



Continuamos el recorrido por los escenarios mas significativos que Madrid dedica al santo lisboeta y nos encontramos con la Iglesia de San Antonio de los portugueses, posteriormente de los alemanes y denominación actual. Está en el barrio de Malasaña, en la Calle de la Puebla nº 20 esquina con la Corredera Baja de San Pablo.

EXTERIOR

Estamos ante una iglesia de planta ochavada al exterior, con tambor cubierto por un gran chapitel octogonal e irregular como puede apreciarse con extraordinario detalle en el imprescindible plano, más bien perspectiva, del portugués Teixeira.


San Antonio de los portugueses en el plano de Teixeira

La manera en que está cubierto el templo es una de sus curiosidades  y técnica habitual en las iglesias barrocas madrileñas. Se trata en realidad de bóvedas encamonadas, elaboradas con materiales ligeros y baratos como la madera, la pizarra y el yeso. La técnica es la opuesta a la masiva o pétrea empleada en épocas anteriores con mayores recursos económicos como ocurrió en la Basílica del Escorial. Sin embargo, la fórmula no renunciaba a la vistosidad puesto que el interior podía ir decorado, a veces de modo fastuoso como veremos que sucede en este templo.


Esquema en sección de una bóveda encamonada


La Iglesia hace parte de un conjunto que ocupa la manzana completa fundado como Hospital de los portugueses, institución creada en 1606 por Felipe III.

San Antonio de los portugueses se comenzó a construir en 1624 y se concluyó en 1633. La autoría de los planos es del jesuita Pedro Sánchez con la colaboración de Juan Gómez de Mora, bajo la dirección del Maestro de obras Francisco Seseña.

Mariana de Austria, segunda mujer de Felipe IV, lo cedió en 1668, tras la separación del reino portugués, a la comunidad de católicos alemanes muy numerosa entonces. Fue en ese momento cuando se cambió la denominación de la iglesia y hospital, manteniéndose la advocación de San Antonio.



La fachada de ladrillo visto, es obra de Juan Gómez de Mora. Fue restaurada en 1886 por Antonio Ruiz de Salces, dándole un aire neogótico en los recercados de los huecos. Nos recibe una espléndida escultura en piedra de San Antonio, obra del también portugués Manuel Pereira (al que dedicaremos más adelante un artículo) dentro de una hornacina, que remata la portada de lineas sencillas de granito. Nos gusta mucho la expresión de su rostro, con una mezcla de ternura y simpatía ante la contemplación del niño Dios.



Pero la verdadera sorpresa se encuentra al traspasar ese umbral. Nos encontraremos ante un espacio interior que emociona, un gran trampantojo teatral, pensado para el disfrute de los sentidos. Es rotundo, unitario y al mismo tiempo dinámico, características barrocas que parecen corresponderse también con el titular del templo, San Antonio.

INTERIOR

El exterior ochavado no permite adivinar un interior de planta elíptica y abovedada. Sólo hay un precedente en España en la Iglesia del Convento de las Bernardas de Alcalá de Henares que también trazó Juan Gómez de Mora en 1619. Su diseño se basó en la romana Santa Anna dei Palafrenieri que Vignola ideó en 1565.


Iglesia del Convento de las Bernardas. Alcalá de Henares


Santa Anna dei Palafrenieri. Ciudad del Vaticano. Roma

La más conocida de Sant´Andrea al Quirinale de Bernini es de 1658 y por tanto posterior a la madrileña. En este caso, Bernini da una vuelta de tuerca más al dinamismo barroco y presenta el eje menor de la planta elíptica como el eje principal, forzando aún más el juego de perspectiva. A su vez, este templo se inspira en el semiesférico Panteón de Agripa romano, con sus capillas entre contrafuertes.


Sant´Andrea al Quirinale. Roma.


Pero volvamos a Madrid. La exuberancia y calidad decorativa que tiene esta iglesia, la hacen única en el barroco madrileño. Prácticamente desde el suelo, se desarrolla un ciclo pictórico pintado al fresco, dedicado en su mayor parte a San Antonio, que se extiende hasta llegar a la apoteosis de la bóveda con lunetos.




Hacia 1660 Francisco Ricci y Juan Carreño de Miranda pintan la cúpula. El primero con arquitecturas fingidas, técnica introducida aquí por los italianos traídos por Velázquez, Mitelli y Colonna. Entre las columnas salomónicas y los lunetos están representados ocho santos portugueses y escenas de sus vidas. 



Juan Carreño de Miranda realiza en la parte central La Apoteosis Celestial de San Antonio, separada de la escena anterior por un gran entablamento fingido.



A finales del siglo XVII Luca Giordano, el pintor más solicitado en la Europa del momento, restaura las pinturas de la bóveda e introduce elementos barrocos como los fustes salomónicos, antes lisos. Decora los muros curvos con escenas de los populares milagros de San Antonio, simulando grandes tapices sujetos por ángeles y puttis. En la parte inferior se representan reyes europeos del medievo.






El retablo mayor es de mediados del XVIII del arquitecto Miguel Fernández y el escultor Francisco Gutiérrez. La escultura central de San Antonio en madera policromada es obra también de Manuel Pereira.




El espacio interior se completa con seis altares barrocos laterales en hornacinas retranqueadas con pequeños retratos ovales de los Austrias menores y las reinas consortes sobre la clave de las hornacinas.

No existen elementos arquitectónicos o estructuras auxiliares en el espacio interior que modulen el espacio. Esa misión está reservada exclusivamente a la pintura mural que todo lo envuelve. Los altares laterales, los huecos y lunetos sobre ellos están integrados en el conjunto pictórico respetando de esa manera la tensión y el protagonismo del muro curvo continuo y la bóveda dedicadas al santo lisboeta.



LA HERMANDAD

La iglesia pertenece desde el 1700 a la Hermandad del Refugio. Esta institución tenía el compromiso de prestar ayuda a los necesitados de Madrid. Un sacerdote y dos seglares de la hermandad, salían a las calles para buscar mendigos a los que ofrecer agua, pan blanco y un huevo duro. Se conserva todavía la plantilla de madera cuyo agujero servía para desestimar el huevo si por allí entraba, pronunciando la famosa frase: Si pasa, no pasa. Si no pasa, pasa. Lo que indicaba que el huevo era demasiado pequeño para el prestigio de la Hermandad a la que han pertenecido los reyes de España desde siempre, incluidos los actuales.

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Fotos:
Filipa Iraizoz Valido-Viegas

Agradecimiento:
A Carlos Osorio, por la magnífica visita guiada que nos ofreció.