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martes, 18 de febrero de 2014

Cristovão de Moura (y III)



En la entrada anterior vimos cómo por varios motivos todo recuerdo de los Castel Rodrigo llegó a desaparecer de la memoria histórica portuguesa. En Madrid, su patrimonio no corrió la misma suerte que en Portugal pero no dejó de estar rodeado de azar y de algunas incertidumbres...

'Vista de Madrid', de Antón van der Wyngaerde (1561).
Biblioteca Nacional de Viena.


Parece haber desaparecido también de la memoria madrileña la primera casa que los Castel Rodrigo tuvieron en Madrid y que tal vez fuera construida por Cristovão de Moura. En la descripción de la boda de su hija en 1598 con el duque de Alcalá en Madrid se relata que estando el palacio de Moura muy cerca del Alcázar el cortejo entró por la puerta de Segovia, junto al río Manzanares. De la casa se dice que tenía por lo menos dos pisos, accediéndose al noble por una escalera monumental que daba a una gran sala con oratorio anexo y una galería adornada con buenas pinturas donde se realizó el banquete. Estaba en una calle intransitable que las autoridades arreglaron con gran gasto al hacer en su inicio un pozo de recogida de aguas.

Por otro lado, Moura informó poco antes de morir, en carta a D. Pedro de Castilho de 26 de noviembre de 1613, que el rey le obligó a vender su casa madrileña al nuevo valido y sustituto de Lerma, el duque de Uceda, teniendo que alquilar otra. Según Cabrera de Córdoba, paradójicamente, Moura ya no tenía casa propia en esa época, estando alojado desde febrero de 1610 en las casas de D. Pedro de Porras frente a Santa María, casas que también compró Uceda en 1613.



Tal vez fue en esas casas donde Moura vivió los últimos tres años de su vida donde después el duque de Uceda construyó su conocido palacio a partir de 1613. Hay otra carta de D. Alonso de Velasco, embajador en Londres recién llegado a Madrid, a D. Diego Sarmiento de Acuña de fecha 1 de enero de 1614 que corrobora la sorprendente situación de Cristovão de Moura cuando, al acudir a su entierro el 27 de diciembre de 1613 en Madrid, se dirigió a Juan de Idiaquez, amigo del fallecido durante más de cincuenta años, para lamentar que sólo le habría faltado morir en su casa para terminar feliz su carrera.

 D. Manuel de Moura, por Diego de Velázquez. 
Madrid. Col. particular. Foto: Paulo Varela Gomes.

Manuel de Moura y Corte Real (1590-1651), II marqués de Castel Rodrigo y I conde de Lumiares, siguió los pasos de su padre en el arte de la diplomacia al entrar al servicio del príncipe de Asturias en 1615. Se casó con Leonor de Melo. A partir de 1621 tuvo que lidiar con el conde-duque de Olivares, favorito de Felipe IV hasta que fue enviado como embajador a Roma en 1632 donde se hará benefactor de Borromini. Tras la secesión de Portugal, entre 1642 y 1647 fue enviado en misión diplomática a la corte de Viena y a Bruselas como gobernador de Flandes, regresando a Madrid como Mayordomo Mayor hasta su muerte en 1651, a los 61 años de edad. 

La muestra El Madrid de Velázquez y Calderón sitúa el palacio de Manuel de Moura, en 1656sobre parte del gran solar donde mas tarde se construiría el Palacio de Liria. Hechas las comprobaciones oportunas, no hay rastro alguno de la venta de este solar por parte de los herederos de Manuel de Moura  a Jacobo Fitz-James Stuart y Colón de Portugal, III duque de Liria, quien comenzó a construir su palacio en 1762 por lo que no damos excesivo crédito a esta localización.


Supuesto palacio del Manuel de Moura Corte Real entre
las calles de S. Joaquín y S. Benito. P. Teixeira. 1656.

De lo que si hay registro documental es del pago que hizo, durante su embajada romana, de las obras de modernización del convento de S. Carlino alle Quatro Fontane en 1634. Las obras las dirigía un todavía desconocido Francesco Borromini al que descubrió y patrocinó al igual que ya lo hizo en 1633 con las obras del convento de S. Isidro del Pincio. Manuel de Moura no dudó en encargar entonces los planos del panteón familiar para el convento lisboeta de S. Bento a tan prometedor artista (ver a este respecto la última actualización de la entrada anterior).

Durante los años de su embajada en Roma compró para el Palacio del Buen Retiro la colección de obras de Claudio de Lorena y Nicolás Poussin, habiendo constancia de que a su regreso de Roma trajo diecisiete cajones de cuadros.

Un cambio de nombre hizo desaparecer de la memoria madrileña otro patrocinio de Manuel de Moura en 1624 como es el del madrileño Hospital e Iglesia de San Antonio de los Portugueses y que en 1668 pasó a denominarse, indebidamente, de los alemanes.




LA QUINTA DE LA FLORIDA

Esta quinta fue para los Castel Rodrigo en Madrid lo que la de Queluz había representado para ellos en Lisboa hasta la secesión de Portugal en 1640, la casa de campo a la que ya no podían ir. Fue la gran obra de Francisco de Moura y Corte Real (1610-1675), III marqués de Castel Rodrigo y II conde de Lumiares, quien la compró en 1646 todavía en vida de su padre. Un año después viajó, al igual que su antecesor, a Viena como embajador de Felipe IV. Fue vicerrey de Cerdeña, de Cataluña y gobernador de Flandes hasta 1668. Se casó en Roma con Ana María de Moncada de Aragón y de la Cerda.


Retrato anónimo de Francisco de Moura Corte Real. 
Madrid. Col. particular. Foto: Mª Teresa Fdez. Talaya

La primera representación de la finca es de 1561. El las famosas "Vistas de Madrid" se puede observar, a la izquierda del alcázar, unas edificaciones rurales sobre la colina, al otro lado del arroyo de Leganitos. Esta finca pasaría a ser propiedad de marqués de Auñón en 1613.
Fragmento de 'Vista de Madrid', 1561.

Podemos ver la quinta de La Florida mas definida ya en el plano de Mancelli de 1622 y en ella se aprecia un núcleo esencial ya construido con patio ajardinado, ermita, huerta y cercado propiedad entonces de D. Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo y tío del duque de Lerma a quien la donó en 1617. Este también la cedió a la Casa profesa de la Compañía de Jesús de la Villa en 1624 cuyo prepósito, el P. Albornoz, la vendió a D. Gabriel Ortiz, obispo de Badajoz en 1625 por 16.700 ducados. Se sucedieron varias
transmisiones hasta que la hija del IV marqués de Camarasa la vendió en 1646 a Francisco de Moura por 14.000 ducados



En 1656 aparece de nuevo representada en el plano de Teixeira, nueve años después de su última compra, habiendo sufrido una gran transformación al pasar de casa noble a villa suburbana.


Aparece un jardín más formal rodeado por arquerías, parterres y fuentes. Teixeira hace desaparecer el edificio principal lo que nos hace pensar que la representación está incompleta o que en ese momento Francisco de Moura mandó demoler el antiguo edificio para construir el nuevo palacio. Pero la novedad está ahora en el eje del jardín rematado en un ninfeo con una clara influencia de las villas italianas del siglo XVII.

Entre 1657 y 1669 el III marqués de Castel Rodrigo compagina sus destinos diplomáticos con las sucesivas compras de las casas y huertas vecinas de la Buitrera, de Muriel y las que fueron de la marquesa de Villahermosa cercanas a la fuente y puente de Leganitos. En 1674, un año antes de morir, compró las huertas llamadas de las Minillas y al año siguiente completó la finca con la compra de la huerta y casas de Molino quemado.

Leonor de Moura y de Aragón, IV marquesa de Castel Rodrigo abrió en las casas que daban a la plaza de los afligidos (actual calle de la Princesa) la capilla de la Concepción en 1689, denominada de la Cara de Dios, cuya reliquia se encuentra actualmente en la cercana iglesia de S. Marcos.

En la conocida representación de la Finca de la Florida del Museo de Historia de Madrid, copia del original existente en la colección de Villa Mombello (casa de los Pío de Saboya situada en Imbersago, cerca del lago de Como) ya se ven muy claramente todas sus características italianizantes.


Finca de la Florida, copia del Museo de Historia de Madrid

El nuevo palacio aparece ahora con dos alas simétricas retranqueadas en relación al edificio central, teniendo el ala Sur un patio cerrado por detrás mientras que el ala Norte está todavía en construcción. Hacia levante, por detrás del cuerpo central, se ve un gran jardín de parterres cerrado entre muros y dividido en dos terrazas mediante una gran escalera de doble tramo sobre una gruta. Varias salas del palacio fueron pintadas por Francisco Ricci.

Frente al palacio se mantiene el jardín formal con la antigua entrada ladeada a través de un patio pero surge un nuevo acceso frontal de forma elíptica frente a una portada paladiana de piedra blanca y orden rústico de acuerdo a la tipología de villa campestre. Decenas de estatuas sobre altos pedestales decoran el espacio de ingreso al palacio y el jardín cerrado posterior. Hay un ninfeo rematando todo el eje central, fuentes exentas y adosadas a los muros de los jardines y espadañas marcando el eje de las fachadas.

Estos elementos se alejan mucho de la configuración clásica del palacio español de los Austrias, de planta rectangular y torreones de esquina con chapitel, introduciendo precozmente la tipología del palacio barroco romano que popularizarían Juvara y Sachetti casi un siglo después.

Leonor de Moura y Aragón, muerta sin descendencia en 1706, le sucedió su hermana Juana, casada con Guglielmo Pío, II príncipe di San Gregorio y a esta su hijo Francisco Pío de Saboya, VI marqués de Castel Rodrigo, quien habitó el palacio de sus abuelos, junto a su esposa, Juana de Spínola Colonna, hija del duque de Sesto, hasta que murió ahogado por las aguas que inundaron la casa de campo del conde de Oñate, junto a Recoletos, la noche del 15 de septiembre de 1723.


Michel-Ange Houasse, Vista de Madrid con domador de pájaros.
1715-1730. Patrimonio Nacional. Palacio de la Granja de San Ildefonso.
En segundo plano, el palacio de la Florida.

Quedó como propietario de La Florida, de la Montaña del Príncipe Pío y del Patronato de la capilla de la Concepción, su primogénito Gisberto Pío de Saboya y Spínola, VII marqués de Castel Rodrigo. Es la época de la Planimetría de 1750 y del plano de Espinosa de los Monteros de 1769 donde podemos ver La Florida en su máximo apogeo. Se trata de la manzana 557 y como vemos ocuparía actualmente el área delimitada por la calle de Quintana prolongándose en linea recta hasta el paseo de la Florida, el mismo paseo, la cuesta de San Vicente y la calle de la Princesa.


Plano de Madrid de Espinosa de los Monteros. 1769.

En 1776 muere el VII marqués de Castel Rodrigo sin descendencia y le sucede su hermana mayor, Isabel María Pío de Saboya Spínola, VIII marquesa de Castel Rodrigo, quien el 7 de julio de 1792 firmó la sentencia de muerte de La Florida al otorgar su venta al rey Carlos IV por 1.900.000 reales, constituyendo el germen del Real Sitio de La Florida al integrarse con La Moncloa. Tras ser arrasado el Sitio, al igual que el Buen Retiro, por la invasión napoleónica de 1808 pasó a ser conocida como la Montaña del príncipe Pío hasta convertirse en parte del actual barrio de Argüelles. 

En 1792 y coincidiendo con las reformas urbanísticas de la zona se construyó la tercera y definitiva ermita de San Antonio de la Florida, en el paseo de La Florida, en la falda de la montaña del príncipe Pío y cerca de la actual estación del Norte o del Príncipe Pío. Topónimos que han quedado, en recuerdo de los Castel Rodrigoen la memoria de Madrid.


Fragmento de la Finca de la Florida.



ARTÍCULOS RELACIONADOS:



AGRADECIMIENTO

A Mercedes Gómez, autora del blog Arte en Madrid, por su ayuda en el esclarecimiento de algunos datos.


BIBLIOGRAFÍA


- Damnatio Memoriæ. A arquitectura dos marqueses de Castelo Rodrigo. Paulo Varela Gomes, in ARTE Y DIPLOMACIA de la Monarquía Hispánica en el siglo XVII, dirigido por José Luis Colomer. CEEH, 2003.

- LA MONTAÑA DEL PRINCIPE PIO Y SUS ALREDEDORES (1565-1907). Agustín Gómez Iglesias, in Revista VILLA DE MADRID, nº 25.
- El nacimiento de un barrio burgués. Argüelles en el siglo XIX. Alicia Díez de Baldeón García
- El Real Sitio de La Florida y La Moncloa. Evolución histórica y artística de un lugar madrileño. Mª Teresa Fernández Talaya. Fundación Cajamadrid, Madrid, 1999.

martes, 11 de febrero de 2014

Cristovão de Moura (II)




Volvamos a ojear el espléndido grabado de Jan Schorkens sobre un dibujo de Domingos Vieira Serrão de 1619, Festas do Mar, que ya tuvimos ocasión de conocer con motivo de la dramaturga Ángela de Acebedo y la pompa barroca.

Fue realizado con ocasión de la entrada del rey Felipe III, II de Portugal en Lisboa e incluido en el relato de João Baptista Lavanha con el largo título de Viagem da Católica Magestade del Rei D. Filipe II N. S. ao reino de Portugal e relação do solene recebimento que nele se lhe fez a S. Magestade y en él podemos ver las principales edificaciones de Lisboa a comienzos del siglo XVII.

Llama la atención, además del conjunto catedralicio que se eleva por Levante y el Paço Real con la torre manierista mandada construir por Felipe II, I de Portugal en el centro, el monumental palacio de inconfundible estilo Austria que se levanta hacia Poniente, rivalizando con el conjunto Real.`



Está señalado con el número 11 y si acudimos a la leyenda del grabado nos dice que corresponde a la Casa del Marqués de Castel Rodrigo que en ese momento era Manuel de Moura y Corte Real, el segundo marqués e hijo de Cristovão de Moura y Távora, quien comenzó a construirlo en 1581 y murió en 1613 sin verlo concluido.




El trienio en que Felipe II convirtió a Lisboa en su corte (del 5 de diciembre de 1580 al 11 de febrero de 1583) significó para Moura el inicio de su privanza con el rey y la obtención de numerosas distinciones. Por patrocinio del monarca se casó, en 1581, con Margarida Corte Real, cuyo señorío y mayorazgo de su Casa y Capitanías de las Azores le abrió todas las puertas del reino, incluso las del último reducto azoriano del aspirante D. Antonio, en un gesto de fuerte contenido simbólico que puso fin a la última frontera de la legitimidad del monarca.





En un solar del mayorazgo de su mujer frente al Tajo, en Lisboa, Moura mando edificar un imponente palacio que se convertiría en la mayor residencia nobiliaria de la ciudad. Estaba muy cerca del Palacio Real, separado tan sólo por unos astilleros de la Torre que Filipo Terzi estaba levantando por orden del monarca para modernizar el antiguo palacio manuelino.





Si el grabado de Jan Schorkens es la primera representación del edificio, pronto se convirtió en imagen permanente y en referencia de la arquitectura palaciega en Lisboa durante mas de un siglo, teniendo, en opinión de George Kubler, mayor influencia incluso después de la Restauración.


Influencias en el palacio del marques da Fronteira. Lisboa. Siglo XVII.

Los planos se deben a Baltasar Álvaresarquitecto también de la fachada del monasterio de San Vicente de Fora, de cuyas trazas se ocupó Juan de Herrera y que constituye la llave que abre, según Vítor Serrão (sobre todo en la estructura de fachada), una de las vías del nuevo estilo Chão portugués que perdurará hasta la llegada del barroco.


Monasterio de San Vicente de Fora. Lisboa

Las descripciones del palacio durante su primera fase de obras son escasas, si bien, una biografía de Moura hace un delicioso relato de como informó al rey sobre su construcción y la manera de solicitarle alguna ayuda económica para soportar una obra tan cara, sin conseguirlo. Llevaba siempre consigo los planos en el pecho esperando la mejor ocasión de enseñarlos al monarca sabiendo su gran afición por la arquitectura. La oportunidad surgió cuando paseando a solas con el rey este le comentó: "Buena casa Don Cristóbal me an dicho que aveis mandado labrar en Portugal". Raudo sacó Moura los planos del pecho y mostrándoselos le dijo: "los baxos, señor, ya están hechos, los altos me hará V. M. siendo servido porque no puedo llegar yo a ellos". El rey le espetó: "alquilad los baxos y con los alquileres hareis los altos". Después de aquel incidente, Moura no volvió a tratar de su palacio con el monarca y tras su muerte fue el II marqués de Castel Rodrigo quien acabó la obra.


Reconstrucción virtual del palacio del marqués de Castel Rodrigo

La imagen del palacio del marqués junto al Paço da Ribeira definen uno de los principales espacios de poder político del reino. El carácter simbólico de este palacio pone en evidencia el propósito de los Moura de mantener una presencia sólida y estable en Portugal, dando incluso prioridad a sus intereses lusos sobre los españoles.




Algo parecido ocurrió con la Quinta de Queluz, residencia de campo propiedad de su mujer, que Moura convirtió en una especie de pequeña corte durante los años que estuvo apartado del gobierno virreinal y que posteriormente su hijo Manuel transformó totalmente en una gran Quinta de recreo o Casa de Campo.

Moura también comenzó las obras de acondicionamiento de la fortaleza de Castelo Rodrigo en palacio para borrarle su connotación bélica. El castillo tenía, además de un elevado valor estratégico, un gran significado simbólico como elemento fundamental de su nueva condición señorial y por haber sido su padre, alcaide del mismo, uno de los primeros hidalgos reconocidos por la nueva monarquía.

No hay que olvidar que Moura también patrocinó la obra del monasterio de São Bento da Saúde. Edificio de inspiración escurialense de dimensiones aún mayores que el ya citado de San Vicente de Fora, patrocinado por el propio monarca. El hijo de Cristóbal de Moura y TávoraManuel de Moura Corte Real fue quien construyó en la capilla mayor su Panteón familiar, obra encargada desde Roma al arquitecto Francesco Borromini cerca de 1635 con la intervención del escultor flamenco François Duquesnoy en el diseño de ocho sepulcros. 

La arquitectura fue, como hemos visto, un magnífico recurso artístico y una herramienta muy valiosa en manos de los Moura con la que trazaron su ambicioso programa político de fortalecimiento de su presencia en Portugal. 

Dos hechos posteriores borrarían todo recuerdo de los Castel Rodrigo en suelo portugués: La Restauración de la independencia en 1640 con la dinastía Braganza y el terremoto de Lisboa de 1755.

Con la Restauración se abolieron los títulos nobiliarios de los Moura-Corte Real. El palacio junto al Tajo fue expropiado y pasó a denominarse palacio Corte Real. La Casa de Campo de Queluz también fue expropiada por D. João IV integrándola en la Casa del Infantado hasta que en 1747 D. Pedro III, inicia las obras de transformación de la Casa de Campo en el palacio rococó de verano que hoy conocemos. 


Palacio Nacional de Queluz. Foto: Bestculturaltours.com

Debido a su fuerte connotación política y situación estratégica cerca de la frontera, el palacio-fortaleza de Castelo Rodrigo fue totalmente destruido durante las guerras de la Restauración.


Portada manierista de acceso al palacio-castillo de Castelo Rodrigo

El terremoto de Lisboa de 1755 se ocupó de derribar los últimos recuerdos de los Castel Rodrigo que aún quedaban en pie al desaparecer el palacio de los Corte Real junto al Tajo y los sepulcros del monasterio de São Bento. Posteriormente, con la extinción de las órdenes religiosas de 1834 el monasterio se reformó para convertirse en sede del Parlamento portugués conocido también como palacio de São Bento. 


Palacio de São Bento. Foto: Mundocity.com

ACTUALIZACIÓN. 16-02-2014

En 1910, tras la instauración de la República, fue hallado casualmente el Panteón bajo el palacio, fotografiándose y tapiándose su acceso en 1939.


 Cripta-panteón de los Castel Rodrigo en S. Bento de Lisboa.
 Fotografía publicada en el diario O Século de 20.03.1939. 
Fototeca del Ministerio de Cultura, Palacio Foz, Lisboa.
Foto: Paulo Varela Gomes

En la próxima entada conoceremos el patrimonio inmueble de los Castel Rodrigo en Madrid y veremos si corrió mejor suerte que este.


ARTÍCULOS RELACIONADOS:

- Cristovão de Moura (I)
- Cristovão de Moura (y III)
- Las pinturas de Mombello
- Novedades en torno a las pinturas de Mombello
- Las pinturas de Mombello, en Madrid






BIBLIOGRAFÍA

Governo, Política e Representações do Poder no Portugal Habsburgo e nos seus Territórios Ultramarinos (1581-1640). Santiago Martínez Hernández (dir.). Lisboa, Centro de História de Além-Mar, 2011, pp. 69-96.

martes, 10 de diciembre de 2013

Recuerdos de Portugal alrededor de mi antigua calle

 
 
Además del demolido Monasterio de los Ángeles, fundado por Leonor de Mascarenhas (1), los retratos del rey D. Sebastián del Monasterio de las Descalzas Reales (2) y el solar de la casa de la duquesa de Aveiro (3), al inicio y al final de nuestra antigua calle hubo hasta hace poco tiempo dos negocios bien distintos pero ambos con un marcado carácter portugués. ¿Serían todos estos hechos alguna premonición? 

En el primer tramo de nuestra antigua calle, entrando desde la Plaza de Santo Domingo, aún existe aunque muy reformado el Café Varela, uno de los históricos cafés literarios del siglo XIX donde una placa en su interior recuerda que allí escribía el último poeta de la bohemia madrileña Emilio Carrere.

Pero era bajo el café donde, en un semisótano con grandes ventanales apaisados, había un curioso y algo caótico negocio regentado por un portugués serio, alto y de maneras distinguidas que vendía antigüedades y porcelana china procedentes de la todavía colonia de Macao.  Aunque por aquel entonces le entendíamos fatal, entrar en su tienda tenía algo de misterioso y fascinante porque te transportaba, rodeado de dragones y figuras mitológicas a lejanos lugares nada seguros pero muy excitantes.

Recuerdo que poco antes de echar el cierre definitivo del negocio debido a la  rehabilitación total del edificio que lo convirtió en hotel, se veía frente a la entrada una espléndida silla de manos del siglo XVIII. Su interior estaba tapizado en brocado de seda y el exterior pintado en estilo rococó. El techo se remataba con una corona. ¿Cuál sería su procedencia, Macao, Lisboa? ¿A qué noble habría transportado? ¿Habría sobrevivido al terremoto de 1755 en Lisboa?



Y justo al final de la calle daba la fachada trasera del primer restaurante portugués de Madrid, Fado restaurante típico portugués. Tenía la entrada por la plaza de San Martín y aunque no he encontrado ninguna imagen del restaurante quedan aún muchos recuerdos de él en la memoria colectiva y en la mía en particular.

La fecha de su apertura es muy incierta y aunque la publicidad que hay por la red es de la década de 1960, su propietario nos llegó a contar que en el restaurante cantó una joven de 22 años llamada Amalia Rodrigues y ese dato nos llevaría al año 1943, en plena posguerra. El local fue una de las primeras obras madrileñas del decorador Duarte Pinto Coelho al reformarlo en la década de los 50 en el más puro estilo de una casa de Fados de los barrios castizos de Alfama o Morería de Lisboa.

Recuerdo su tejadillo sobre grandes vigas y ménsulas de madera, elemento muy típico sobre el portón de acceso en estas casas, el zaguán empedrado a la entrada, las viguerías de madera del techo, el pequeño escenario situado al fondo del local y cómo todas las ventanas de las fachadas estaban recercadas con auténtico azulejo portugués azul y blanco del siglo XVIII.




... y un poco de arqueología urbana siguiendo la estela de Rafael Martín Moyano, autor del magnífico blog La Muralla Reciclada y casualmente antiguo alumno del colegio San Ignacio Obispo, situado sobre el restaurante.


Al igual que ocurrió con el local que abría estos recuerdos, la necesaria rehabilitación de la finca de finales de los noventa para convertirla también en hotel provocó el cierre de tan histórico restaurante y el del Colegio San Ignacio Obispo, que ocupaba la planta superior.

Fachada a la plaza de S. Martín. Foto: Ayuntamiento de Madrid

Fachada a la plaza de S. Martín después de la rehabilitación

Durante el proceso de reestructuración quedaron al descubierto fábricas de ladrillo y pedernal en las fachadas de planta baja que denotan un origen muy antiguo de la finca.

Antigua entrada al restaurante Fado por la plaza de S. Martín.
Foto: Ayuntamiento de Madrid

Entrada actual al local por la plaza de S. Martín
 
Fachada actual del local a la calle de Trujillos

La rehabilitación se ha quedado, a nuestro entender, algo incompleta a la hora de recuperar y poner en valor este material calificado -muy acertadamente por Rafael Martín- de arquetípico madrileño, relegándolo a la fachada posterior de estos bellísimos muros con tanta historia...

Fachada lateral a la calle de la Flora.
Foto: Ayuntamiento de Madrid

Fachada actual a la calle de la Flora

 ... y que pertenecen, con toda probabilidad, a la finca señalada en el plano de Teixeira cuya morfología no ha variado casi nada desde 1656.




ACTUALIZACIÓN. JUEVES 12 de diciembre de 2013

Rafael Martín Moyano nos comunica amablemente que, tras comprobarlo in situ, la mampostería de los muros citados es de piedra caliza y no de pedernal, como podría parecer en las fotografías. ¡Aquí no hay muralla reciclada!


Foto: Arte en Madrid

Por otro lado, Mercedes Gómez nos facilita una espléndida fotografía de la inscripción existente en el dintel de un vano de la finca colindante a la del antiguo restaurante. Si observamos la diferencia entre la forma que tenía el solar en el plano de Teixeira (1656) y en el Espinosa (1769) podemos deducir, a priori, que en 1660 la manzana nº 400 sufrió una regularización por su lado Este, pasando de formar una "L" a un triangulo rectángulo en cuyo nuevo lado está el vano de la fotografía.


Manzana nº 400 en el plano de Espinosa de los Monteros. 1769

P.D.
Agradecería muchísimo la aportación de cualquier fotografía del antiguo restaurante Fado que ayudase a ilustrar mejor estos recuerdos. 

martes, 11 de junio de 2013

Casa dos Portugueses

 



La Casa dos Portugueses es la denominación por la que se conoce popularmente a dos edificios de oficinas y comercios en la Calle Virgen de los Peligros 11 y 13. El nº 11 hace esquina con la Calle Jardines mientras que el nº 13 lo hace con la de Caballero de Gracia.

El singular conjunto fue un encargo de D. Eduardo Garrido Ocampo (otras fuentes citan al financiero Garrião) al arquitecto Luis Bellido González en 1919, cuyas obras, ejecutadas en dos fases, finalizaron en 1922.

Esquina a C/ Jardines. Foto: COAM

Aunque los dos edificios fueron concebidos unitariamente, son independientes. El primero que se edificó fue el que tiene vuelta con la Calle Jardines. Consta de planta baja mas tres plantas para locales de industria y comercio y una cuarta planta destinada a vivienda del propietario. La planta tipo comercial se concibe diáfana con el núcleo de escaleras y servicios en la parte trasera, junto a la medianería, en un ensayo de lo que muchas décadas después será la estructura de un edificio de oficinas en altura.

Planta tipo comercial. Foto: COAM

El segundo edificio, que albergó las oficinas de la firma comercial Casa dos Portugueses, se concibió bajo similares premisas pero dando más importancia al chaflán con vuelta a la Calle Caballero de Gracia, ya que se remata con un torreón cubierto con una esbelta cúpula revestida de cerámica esmaltada.



Es uno de los proyectos más interesantes de Bellido, quien despojándolo de elementos ornamentales clasicistas, pone en valor sus formas arquitectónicas mediante una utilización sincera de materiales como el ladrillo claro, la piedra caliza en los ornamentos, claves, impostas y zócalo, el hierro y el vidrio.




La convivencia entre diferentes usos se refleja en el tratamiento diferenciado de las fachadas, con amplios vanos acristalados en las plantas comerciales mientras que las plantas altas destinadas a vivienda tienen un mayor juego de volúmenes y se tratan con elementos ornamentales cerámicos. Las instalaciones de ambos edificios fueron realizadas por el ingeniero José Balaguer.


  
Recibe influencias formales de la arquitectura holandesa de ladrillo de Hendrik Petrus Berlage y de la monumentalidad de la Escuela de Chicago, tan presente esta última en la cercana y cosmopolita Gran Vía y en la obra de Antonio Palacios.



Pero quedan en el aire algunas cuestiones sin resolver, como: ¿Qué era o a qué se dedicaba la firma comercial Casa dos Portugueses? ¿Por qué desapareció todo rastro de la firma quedando como denominación del edificio? ¿Fue Garrido o Garrião el promotor del magnífico conjunto?

Si alguien pudiera aportar algún nuevo dato, quedaríamos muy agradecidos.


P. D. No me había dado cuenta de que en la foto de la esquina del torreón que publica la guía del COAM, tomada en 1975, hay un gran rótulo de CASA DOS PORTUGUESES con su logotipo correspondiente, en su segunda planta. Ya tenemos mas pistas.

 
 
 



Fuente: COAM

lunes, 13 de mayo de 2013

Álvaro Siza (I)

 
 

La Fundación Arquitectura COAM y la Fundación Caja de Arquitectos / Arquia presentan el documental “Álvaro Siza. Transformando la realidad”, dirigido por Michael Blackwood (Estados Unidos, 2004). La presentación se realizará el14 de Mayo a las 19:45 h en el Salón de actos de LASEDE C/ Hortaleza, 63.

El documental está publicado en DVD en la colección arquia/documental editada por la Fundación Caja de Arquitectos.

El programa del acto es el siguiente:

19:45 Presentación institucional, a cargo de:
- José Antonio Granero, Decano del COAM
- Carlos Gómez Agustí, Patrono de la Fundación Caja de Arquitectos / Arquia

20:00 Proyección del documental (59 min.)

21:00 Mesa debate. Con la participación de:
- Ignacio García Pedrosa
- Juan Miguel Hernández de León
Modera: Inmaculada E. Maluenda, vocal de Junta de Gobierno COAM


El aforo es libre.

En el documental TRANSFORMANDO LA REALIDAD el arquitecto portugués habla sobre su trabajo y recorre quince de sus obras con el historiador de arquitectura Kenneth Frampton, quien se refiere a Siza como "uno de los arquitectos en activo más importantes en la actualidad".

 

 



Álvaro Siza Vieira (Matosinhos, 1933), representa la figura principal de la "Escola do Porto", el movimiento que nació en 1974, tras el fin de la dictadura en Lisboa. Un floreciente regionalismo crítico y la fusión de las formas arquitectónicas tradicionales con las ideas internacionales del Movimiento Moderno definieron la revolución arquitectónica surgida en los alrededores de Oporto, en Portugal.

Discípulo de Fernando Távora, Álvaro Siza se aproxima a la arquitectura como resultado y parte de su entorno, entendiendo que los arquitectos no inventan nada, sino que transforman la realidad.


La relación de Siza con Madrid es breve pero no exenta de polémica. Es la historia de un desencuentro, como veremos en el siguiente capítulo.




ARTÍCULOS RELACIONADOS


Álvaro Siza (y II)




Fuente:
COAM

lunes, 29 de abril de 2013

La infanta Mariana Victoria de Braganza



Retrocedemos al último tercio del siglo XVIII para conocer un personaje muy vinculado a la historia de ambos países y cuya endogámica familia acaba por relacionarse con los Borbones y las guerras fraticidas de la siguiente centuria en Portugal y en España.

La infanta Mariana Victoria de Braganza nació en Queluz el 15 de diciembre de 1768. Era la mayor de las hijas de la reina Dª María I -primera mujer que reinó en Portugal- y de su consorte y tío Pedro III.

De ella sabemos muy poco, excepto que se casó con el infante Gabriel de Borbón, hijo favorito de Carlos III, en Aranjuez, el 23 de mayo de 1785. A cambio de esta boda y siguiendo la tradición secular se produjo otra entre su hermano João -segundo hijo de Maria I- y la infanta Carlota Joaquina- hija primogénita del futuro Carlos IV y de Maria Luisa de Parma.

Ambos matrimonios tenían pocas probabilidades de llegar a reinar pero la inespererada muerte de José, hermano mayor de João, en 1788 convirtió a este y a Carlota Joaquina en herederos de Portugal, padres de nuestra infeliz reina Mª Isabel de Braganza y de sus cinco hermanas (dos de ellas instigadoras de las Guerras Carlistas en España, como veremos en sucesivos capítulos) y de sus dos hermanos enfrentados desde 1828 a 1834 en la Guerra Civil de Portugal.  

El infante D. Gabriel nació en Portici en 1752. Fue el más inteligente y trabajador de los hijos del rey Carlos III, llegando a ser un hombre de vastísima cultura, reputado traductor de Salustio y verdadero mecenas ilustrado.


El infante Gabriel de Borbón.
Anton Raphael Mengs. Museo del Prado.

Tuvo como profesor de música al padre Antonio Soler, quien compuso varias de sus sonatas de clavicémbalo expresamente para su aventajado discípulo. Los conciertos para dos órganos fueron interpretados a dúo con él en la Basílica del Monasterio del Escorial.

En España, el infante D. Gabriel llegó a ser Gran Prior de la Orden Hospitalaria de San Juan
en Castilla y León. En 1771 encargó a Juan de Villanueva la construcción de la llamada Casita del Infante o Casita de Arriba, levantada al sur del Monasterio escurialense, casi al mismo tiempo que lo hacía su hermano, futuro Carlos IV, con la Casita de Abajo o Casita del Príncipe.


Casita del Arriba. San Lorenzo del Escorial.
Foto: Pasión por Madrid.


La pareja tuvo tres hijos: Pedro Carlos (18 de junio de 1786 - 4 de julio de 1812), María Carlota (4 de noviembre de 1787 - 11 de noviembre de 1787) y Carlos José Antonio (28 de octubre de 1788 - 9 de noviembre de 1788).

Poco después de dar a luz a su último hijo, la infanta Dª Mariana Victoria cayó enferma de viruelas, enfermedad que arrasó la familia casi al completo. La infanta murió en Madrid el 2 de noviembre de 1788 a los diecinueve años de edad. Nueve días después fallecía su tercer hijo y finalmente el propio infante D. Gabriel, que murió el 23 de noviembre en San Lorenzo del Escorial.

D. Pedro Carlos de Borbón
y Braganza.
La muerte de D. Gabriel fue un duro golpe para su padre Carlos III, que fallecería también, un mes después, el 14 de diciembre de 1788. Todos fueron enterrados en El Escorial. Al quedar huérfano Pedro Carlos de Borbón y Braganza, y quizá por cierto recelo del nuevo rey Carlos IV  hacia su fallecido hermano Gabriel, le envió a Portugal donde fue criado por su abuela materna Dª María I en Lisboa. Desde aquel momento, el pequeño infante de España, de dos años, pasó a ser también infante de Portugal.

El 27 de Noviembre de 1807, el infante D. Pedro Carlos, con veintiún años se embarcó junto a su abuela, tíos, primos y primas en el Príncipe Real, uno de los 14 navíos que les llevarían a Brasil huyendo de la invasión napoleonica.

Allí la vida era menos protocolaria que en Portugal y D. Pedro Carlos comenzó a cortejar a su prima Mª Teresa de Braganza, princesa de Beira y hermana mayor de Mª Isabel, a la que querían haber casado en 1806 con su tío Fernando VII. Pedro Carlos y María Teresa se casaron el 13 de mayo de 1810 en Río de Janeiro.

Mª Teresa de Braganza, princesa de Beira.

La joven pareja fue muy feliz durante los dos años que duró el matrimonio hasta que la delicada salud del infante se vio resentida. Tuvieron un hijo: Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza, que nació en Río de Janeiro el 4 de noviembre de 1811, conocido por su inicial apoyo al carlismo y su participación en la 1ª Guerra Carlista.

El infante D. Pedro Carlos murió en Boa Vista el 4 de julio de 1812
, sin haber podido regresar a Portugal ni a su España natal.


BIBLIOGRAFÍA

Recuerdos portugueses en Madrid. José María Sanz García. Instituto de Estudios Madrileños. 1992.

Mujeres peninsulares entre Portugal y España. María Isabel Barbeito Carneiro. Península. Revista de Estudos Ibéricos. nº 0. 2003.