Se trató de una triple exposición, correspondiendo a las tres facetas principales de la obra de Almada. La primera incluyó 15 óleos realizados entre 1913 y 1957, 12 gouaches de los años 1930 y 1948, 25 dibujos pertenecientes al período comprendido entre 1911 y 1950 y 2 tapices.
Un segundo bloque de la muestra ofrecía documentos sobre su actividad en el campo del teatro; y el tercero, bibliografía de obras escritas por Almada.
En la organización de la exposición colaboraron los Ministerios de Asuntos Exteriores y de Cultura de Portugal (que editaron el catálogo) y la Embajada portuguesa en Madrid.
Pero hoy no queríamos fijarnos en su expresión plástica -perteneciente a la época de las vanguardias, la misma a la que perteneció su amigo Fernando Pessoa y el grupo de Orpheu- sino en su pensamiento.
Repasando el catálogo de dicha exposición y gracias al magnífico portal de la Fundación Juan March que ofrece todos los catálogos editados desde 1973, encontramos parte del esclarecedor y siempre visionario pensamiento de Almada, esta vez sobre el iberismo y la civilización peninsular ibérica. Dice así:
Civilización Ibérica, sí. Siempre.
Unión Ibérica, no. Nunca.
Aljubarrota + Toro = 0
Península Ibérica = España + Portugal.
La Península Ibérica ha sido ya la cabeza del mundo con la fuerte España y el heroico Portugal. La Península Ibérica hizo América Latina.
La Península Ibérica derramó por toda la tierra la sangre de España y los hitos en piedra de Portugal.
Quedaron para siempre en el mundo Portugal y España. Por primera vez en la Historia, dos pueblos independientes realizan una misma y única civilización: Portugal y España crearon la Civilización ibérica.
El litoral de la tierra y las inmensidades de los mares quedaron por primera vez prácticamente unidos a lo Universal por la iniciativa y los hechos de los portugueses. Después, los españoles participaron grandemente del Secreto portugués, con una expansión ultramarina al lado de la nuestra. El descubrimiento de los caminos de los mares, el descubrimiento de los Nuevos continentes, y el del perfil de todos los litorales y la primera vuelta al Mundo, hechos por portugueses y españoles, fueron el primer material para la unidad política de la Tierra.
La dualidad Portugal-España es, en fin, el secreto de la vitalidad de la península ibérica y de su civilización.
Portugal y España son dos opuestos y no dos rivales. Los opuestos son complementos iguales de un todo. Este todo está representado geográficamente por la península ibérica y en espíritu por la civilización ibérica.
La primera parte de la misión de la civilización ibérica se cumplió ya: el imperio colonial portugués y el imperio colonial español, América Latina, y la sangre portuguesa y española extendidas por el mundo entero.
La segunda parte de la misión de la civilización ibérica empieza en nuestros días: crear la cultura del entendimiento portugués y la del entendimiento español, no sólo para los actuales peninsulares sino también para todos los originarios de nuestra civilización común y dual.
Además, pesan sobre las actuales generaciones portuguesa y española las respectivas y comunes responsabilidades de crear los nuevos colaboradores peninsulares del conjunto europeo y del universal.
Cada portugués tendrá que ser más portugués que nunca frente al español más español que nunca y, sobre todo, portugueses y españoles tendremos que ser más portugueses y españoles que nunca, frente al alemán más alemán que nunca, al inglés más inglés que nunca, al francés más francés que nunca, al italiano más italiano que nunca, al ruso más ruso que nunca, en fin, a todo y a cualquier pueblo más nacional hoy que ayer, más él mismo hoy que nunca.
Revista Sudoeste, n.0 1, 1935.
Por nuestra parte no queda nada más que decir, sólo, tras quitarnos un imaginario sombrero: ¡chapeau, Almada!
FUENTE
Fundación Juan March




















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